Emocionalmente subdesarrollado.

25 01 2012

Cuando me disponía a escribir esta entrada, se me fue la inspiración (a comprar sushi), supe que iba a tardar en volver pues a estas horas todos los restaurantes de sushi estarían cerrados así que decidí trastear con el móvil hasta que volviera. Resulta que buscando el cable para conectar el móvil al ordenador; la inspiración llamó a la puerta, abrí… Qué decepción, vino sin sushi, pero me reordenó un poco las ideas que tenía pensado plasmar, aunque no sé si lo lograré con éxito.

En esta última semana de descanso que tuve tras terminar los exámenes del primer cuatrimestre, he estado un poco-bastante fuera de órbita. Así a voz de pronto, si me preguntárais qué hice en esa semana sin clase, tal vez os conteste: “No me acuerdo.” Y sí, sigo sin acordarme de mucho… A veces pienso que he malgastado esa semana sin hacer nada, sin siquiera haber podido tomarme unas mini-vacaciones fuera de Madrid que tanto necesito.

Llevo ya dos días desde que empezó este segundo cuatrimestre académico, recuerdo que me propuse aprender inglés y chino; cosa que pienso cumplir antes de que acabe el mes aunque no sé cómo… Todavía no ha acabado la semana para ver cómo sería la rutina a partir de ahora y noto una relajación anormal en mi. Estoy como demasiado tranquilo aun sabiendo que me tengo que poner las pilas para asfaltar los baches que tuve el cuatrimestre pasado a pesar de que sé que estudiando inglés y chino a la vez voy a sacar el tiempo debajo de las setas…

Me he notado un poco a mi bola, demasiado despreocupado de todo. No he llamado a quienes tenía que llamar, ni hablado a quienes tenía que hablar, siquiera un simple “Hola” como señal de que me acuerdo de esas personas. A veces pienso que uno de mis defectos es mi reactividad… mi pasividad ante los distintos hechos que van sucediendo a mi alrededor. Si no hay causa, ¿para qué reaccionar?, me limito a contestar si me preguntan, a hacer las cosas si me las ordenan, a no mover ni un dedo si no hace falta.

Las personas que triunfan en la vida, son personas proactivas, que buscan oportunidades de donde no las hay, hacen más de lo que mandan y proponen planes factibles para realizar. Traducido a la vida cotidiana, soy de esas personas que no llaman y prefieren que le llamen. Mi círculo cercano de personas ya me empieza a notar distante, ausente, inexistente; aunque no sé si la palabra más precisa es la de ‘frío’ (más frío de lo normal y eso que el invierno ya pasó…)

E incluso mis padres, al volver a casa y entrar en mi habitación, lo primero que me han dicho es “Tienes mala cara”. No me entiendo, no comprendo. Criticamos a los demás las cosas que no nos queremos ver en nosotros mismos y cuando te das cuenta de que tú puedes ser igualmente criticado… tsé…

Dejamos de buscar monstruos debajo de nuestras camas en el momento en el que nos damos cuenta que están dentro de nosotros.

Que alguien me resuelva...

Que alguien me resuelva...





Unreal changes…

16 01 2012

Hoy (día 14) es el cumpleaños de mi hermanita pequeña. Tiene ya 10 añitos, que no son pocos y a pesar de ser supuestamente un día especial; parece otro normal y corriente. En esta familia apenas se vive ese ambiente festivo de celebraciones y eventos festivos, y esto ha sido así tanto cuando yo era un renacuajo como ahora.

Imagino que el paso de los años a mis padres no les hace tanta ilusión como le puedan hacer a mis hermanitos pequeños; para los primeros significa envejecer un año más… para los últimos, un día de “Tengo un año más!” y recibir regalos – escasos regalos. Realmente, es una jornada cualquiera de la rutina que nos envuelve: trabajo y estudio. Las malas lenguas dicen que ‘Cada día que pasa es un día menos que te queda de vida’ es cierto, pero hay que verle el lado positivo de las cosas, ¿no?.

Hace tiempo que soy mayor de edad y como dije, la vida no da un cambio drástico cuando ya oficialmente te llaman (y puedes quedar detenido) por viejo pederasta. Me pregunto qué demonios ronda por la cabeza a aquellos adolescentes que piensan que a los 18 pueden escaparse de casa, pasarse por el forro las horas de llegar a casa o ignorar los sermones de sus padres; ingenuo mundo de Heidi donde reina el ‘ya me pondré a trabajar’, el ‘¿Quién eres tú para decirme nada?’ o el pasotismo deliberado creyendo que el dinero crece de las plantas mientras uno está sentando en el sofá viendo Telemierda. También dicen que una torta bien dada hace milagros, aunque eso son asuntos mayores.

No ha pasado ni una quincena desde el comienzo de año y uno va empezando a notar que la cuesta de enero, es jodida. Si bien por la edad que tengo no he tenido ocasión de experimentar muchas de las sensaciones y sentimientos que uno puede degustar mientras le sirven en un plato su propia vida, más o menos puedo comprenderlas todas y no es que tenga un don de la empatía precisamente (porque no lo tengo). Porque yo me imagino cómo me sentiríaw si me pusiera en el lugar de la otra persona, pero eso no tiene nada que ver con ponerte en el lugar de la otra persona – expresado malamente; porque lo tú te imaginas seguramente no coincida en nada en lo que a la otra persona le esté pasando.

Yo suelo decir que soy como el muñequito de peluche en el que uno suele desahogarse pegándole un buen par de caricias, y es así, porque ellos cuentan y yo escucho; intento asimilar y comprender. Pero allí se queda la cosa, en dejar a la otra persona soltar sus angustias y aliviar esa necesidad de tener a alguien que le escuche en los malos momentos. Lo peor de todo es que sé que muchas veces me extralimito y hago más de lo que debería, quiero decir, ya no sólo intento desahogar a aquellas personas que necesitan hacerlo, sino que instintivamente intento animarles y concienciarles de que el mundo no se acaba allí… Y he aquí el problema.

No me gusta que la gente que me rodee se encuentre mal, esté desganada, todo le sea indiferente y no encuentre motivación para salir de sus agujeros mentales; pero tampoco me gusta esa incapacidad e impotencia que tengo de quitar ese desaliento que le impide coger aire y gritar que se va a comer el mundo – a ver, tampoco tanto, pero con que le llegue oxígeno al cerebro basta. A veces – muchas- veces, en vez de animar a la otra parte, lo único que consigo es hundirla más en el hoyo y de esa insistencia y perseverancia que tengo de que se encuentre mejor, empeoro el asunto. Y me doy cuenta que mejor, ser inútil y dejar a la otra persona tranquila…

Sin embargo, lo peor de lo peor es cuando intentas animar a una persona que se encuentra mal por tu culpa… ahí ya, las tuercas se tuercen, tus neuronas dejan de funcionar y te encuentras en estado de incapacidad mental del carajo; como si te hubieran noqueado en una lucha de boxeo… Ya no sabes si coger el cepillo de dientes con la mano izquiera o con la derecha. ¿Qué hacer? – te preguntas. Me gustaría de esos re-encuentros entre dos personas donde se olvidan del mal que se hicieron el uno al otro en tiempos pasados, y se dieran un abrazo como señal de comenzar de nuevo; de aquellas escenas emotivas en las que un padre se encuentra con su hijo bastardo tras varios años sin verse; que te llenan de lágrimas y ves cómo se reconcilian sin mediar palabra… Yo quiero de eso, pero sin cámaras ni guiones de por medio.

De todos modos, a seguir con esto, ver cómo avanza la vida misma… y esperar a ser yo mismo.





La “cuesta” de enero v2.

3 01 2012

5:39

Tras una buena lata de RedBull de marca blanca – hay que ‘ahorrar’, estamos en crisis-, notar cómo las dosis de cafeína van circulando por todo tu cuerpo y sentir cómo las pestañas dejan de pesar toneladas para intentar cerrarte los ojos mientras te dicen: “Ve a dormir”; me pongo aquí para escribir esta entrada. En teoría debería ser una recapitulación de todo lo que hice (y no hice) en todo el año pasado y todo lo que me propuse para este nuevo año, pero odio recapitular hechos, tengo mala memoria y es algo que me rechistan: no acordarme de cosas importantes. Tal vez sea propenso a tener alzheimer cuando sea mayor…

Leo esta misma entrada del año pasado (por eso esta es v2) y a veces me entra la risa floja pensando en que ya pasó; ya pasó toda esa angustia por el estudio y el ‘miedo’ a fallecer en 2º de Bachillerato, ese hecho de tener una presión creyendo que no vas a tener tiempo para hacer nada y que acabarías encerrado en tu habitación con libros y cuadernos hasta la gorra … eso no influía en positivo en mi estado de ánimo si bien había alguien limando mis preocupaciones y dándome ánimos todo el rato. Me imagino qué hubiera sido del yo de aquel entonces en la situación en la que estoy ahora, tal vez incluso hubiera enloquecido al no haber podido asimilarlo, quién sabe.

Si creía que el Bachillerato era duro… ahora sería un camino de rosas comparado con lo que exigen en la Universidad y más en este cuatrimestre en el que seguramente me fumiguen el ojal cerebro a base de dos asignaturas más de las que ya tenía, asistir a clases de chino e inglés y … eso, sobrevivir – física, mental y sentimentalmente hablando. Seguramente el año que viene me ría de lo que he puesto este año, a pasitos vamos caminando por la vida; poco a poco y sin prisas. Las lecciones de hoy son los errores del pasado.

Recuerdo que en los anuncios de Coca Cola enfatizaban la cuestión de la felicidad con ese eslogan tan chachi de : “Destapa la felicidad”; aunque más bien, creo que a los de márketing se les olvidaron añadir un “con un toque de alcohol” porque las sonrisas de payaso que te salen suelen ser indicio de que llevas el toquecillo encima. Yo de alcohol casi nada, me sienta como una patada en el cuerpo, lo que tiene la intolerancia o la supuesta alergia… Y si os preguntáis que qué haré el día de mi boda sin tomar alcohol, sí, abriré un tetrabrick de zumo de naranja Zumosol y a pasar la noche. – vale, tampoco exageremos…-

Lo del anuncio de Coca Cola viene al cuento de que, por mucha que bebas, no vas a salir de tu rutina. Esa rutina de la que hablaba el año pasado, esa máxima del estudiante de “Dormir, comer y estudiar”. Sería algo así como el anuncio de BMW, ¿Te gusta conducir? – pues mira, sí, pero no hay € para comprarse uno. Creo que va a ser demasiado intentar vivir mientras se estudia un doble grado y se trata de aprender dos idiomas simultáneamente y compaginar todo eso con la vida social, que más bien, poca tengo.

Reflejos...

Reflejos...


La verdad es que ahora se hace todo mucho más difícil cuando a diferencia del año pasado, tenías un fuerte motivo que te animara a seguir adelante. Quiero decir, a pesar de que uno sabe que la felicidad de uno mismo depende de las decisiones que tome y las acciones que realice, no hay una razón emocional que te lleve a gritar con ganas todos los días: “Hoy me voy a comer el mundo!”. Tal vez sea porque los frutos de tu esfuerzo no puedan ser vistos a corto plazo haciéndote creer que estás soportando el marrón en vano; o porque perdimos la ilusión que tanto nos caracterizaba cuando éramos unos críos, ese “De mayor quiero ser ‘tal’ y ganar ‘x dinero’ para comprarles a papá y mamá un coche a cada uno” que sin embargo pierdes cuando bajas al mundo real tras ver que muchas de las grandes fortunas que amasan los de ahí arriba son a base de ingenio que no tienes o suerte, que tampoco… y aun sabiendo que otras tantas son a base de sudar la gota gorda, te desilusionas.

Siendo renacuajos corretones (sí, no tiene sentido) hacíamos lo que nuestros padres nos decían, bien de forma cariñosa o a regañadientas. Si no se podían lanzar huevos por la ventana es que no se podía! si no se podían tirar tomates, tampoco! Más o menos sabíamos con certeza de que si les hacíamos caso, no acabaríamos muy mal parados, las cosas irían bien. Pero ahora, que vamos creciendo y somos más libres e independientes, se nos abren más puertas a las que poder entrar y poder equivocarse. Tantas que nos pueden llegar a abrumar y tomar decisiones sin pensarlo debido a una presión que nos creamos nosotros mismos al no pararnos a pensar concienzudamente: ¿qué sería lo mejor para uno mismo? y por supuesto, para las personas que nos rodean.

Si lo pienso detenidamente, este año anterior he perdido muchas amistades que tenía, la clase se separaba y cada uno iba por su propio camino, decorando su propia vida; pero también he perdido el contacto de muchas personas a las que de verdad apreciaba y molaba estar a su lado, riéndonos de nuetras bromas e imaginando casos hipotéticos de montarnos nuestra propia empresa e incluso, los cargos que tendríamos cada uno. Les ves de vez en cuando, pero en eso se quedan las cosas; las redes sociales, poco hacen… Aunque tampoco olvido a aquellas personas que he tenido la ocasión de conocer este año; personas que por A o por B dices: Qué suerte haberte conocido- e intentas mantenerlas a tu lado por el mayor tiempo posible. Ya sabéis que suelo decir que nada existe para siempre.

Con el tiempo uno se va dando cuenta y creo que lo siguiente que voy a decir lo repetiré en más de una ocasión y no me refiero a lo de “Uno no aprecia lo que tiene hasta que lo pierde” que ya es un clásico, sino que “Cuando alguien se marcha de tu vida, no es porque quiera, sino porque le has dejado ir”; sí, lo sé, hay mucha gente que no te soporta y quiere que te pierdas en medio del Sáhara para no verte más, pero también está otra gente a la que no supiste mantenerla lo suficientemente a tu lado… Aunque el dilema está en eso de : ¿Y cómo tratar a cada uno como se debe? – “Al carajo con eso, si no les gusta cómo les trato, que se piren por la puerta de atrás” diríais muchos de vosotros, verdad?

En fin… ya va siendo hora de ir terminando que ya está amaneciendo. En resumidas cuentas, la cuesta de enero de este año, va a costar subirla. Las malas lenguas dicen que los chinos estamos invadiendo el mundo, sí, puede que sea verdad, pero yo antes de ir a por el mundo, necesitaría invadirme a mi mismo…

Que la vuelta a la rutina os sea leve y que tengáis un buen comienzo de año. Buenos días.

8:15

¿Es difícil pensar en estas cosas cuando estás triste? No. Lo difícil es que se te metan en la cabeza para levantarte el ánimo y vivir con orgullo una vida que te ha sido otorgada, quieras o no; puesto que el hecho de nacer no lo decides tú.

- Desilusión, ¿Algo innato?





Feliz supuesta ‘felicidad’…

25 12 2011

Me preparo para salir del edificio de donde vive una amiga, no sin antes intentar verme a mi mismo en el cristal de la puerta a modo de espejo; vaya cara de dormido, embobado y pálido que tengo. – ¿Y así he estado todo el día? – me pregunto… Decepcionante.

Vaya, frío otra vez. Las manos están congeladas, y las heridas al frío… duelen más. Me abrocho a tope el abrigo y meto las manos en el bolsillo en un intento de que cojan algo de temperatura; pero cuerpo frío igual a manos frías. Me dirijo hacia la parada de autobús más cercana mientras observo cómo se me escapa un autobús de vuelta. Veo que no hay nadie y saco el móvil para comprobar a qué hora pasará el siguiente: “No hay información disponible para esta parada”. Bien – me digo. He dejado escapar el último autobús.

Tras mirar alrededor varias veces haciendo como si estuviera comprobando algo, dejo de hacer el idiota y asimilo que tengo que ir andando hacia la tienda; sí, me quedaban unas cuantas horitas trabajando. Me pongo los cascos y enchufo el cable al móvil, automáticamente suena la última canción que estaba escuchando y comienzo la marcha. Noté cómo mientras me ponía los cascos las manos se convertían en palitos de hielo y la herida del dedo gordo (me pilló mi padre el dedo con la puerta del coche) comienza a cobrar vida propia produciendo un dolor infernal; volví a guardar las manos en los bolsillos y sigo caminando.

Tenía que atravesar un parque, cuyos caminos están empedrados. Por desgracia, las suelas de los zapatos no son tan gruesas y siento cómo cada piedra intenta atravesar las zapatillas, como si quisieran clavarse en carne. Por un momento no le di importancia, pero a medida que iba adentrándome en el parque comencé a notar dolor, de eso que uno dice: “Me cago en ****”. De repente, escucho sonidos que no provienen de los auriculares, escucho estruendos, ruidos y petardeos; “Pam!” “Boom” “PapaBam’s!” van infiltrándose en mis oídos a la vez que se mezclan con la música que tenía puesta, aunque podía distinguir perfectamente qué sonidos y cuáeles no pertenecían a la canción- como el agua y el aceite. Por cada paso que daba los sonidos se hacían más fuertes y un rato más tarde, pude ver cómo niños y no tan niños tiraban petardos por la calle con una sonrisa en la cara; parecían estar riéndose, aunque con la música puesta no lograba escuchar nada.

Ya salido del parque, pude ver mientras cruzaba los semáforos en rojo, las caras de los ocupantes de los coches: caras de estrés, de prisas y preocupación por llegar tarde; la mayoría bien vestidos para la ocasión, otros como en casa y alguno que otro, parece que de la prisa directamente salió con el pijama… con el frío que hace. Yo seguía mi camino, con la mirada perdida y apreciando lo desierta que estaba la calle, no había ni un alma, excepto yo – aunque yo, como si no tuviera alma. Pensaba que era normal, que la gente estaría en sus casas (o en la de los demás) cenando en familia y disfrutando de este día que ocurre una vez al año, celebrando la Navidad. Y es así, es un día para pasarlo bien y olvidar por un momento, las malas situaciones por las que se está pasando o el estrés diario al que esta maldita ciudad, somete a sus… ciudadanos.

Me gustaría estar con la familia entera reunida, pero no es posible; es más, el que todo el mundo esté cenando conjuntamente debería de darme envidia… pero del mismo modo me tendría que apenar y compadecer de todos aquellos que pasan estos días de Navidad solos, trabajando o lejos de sus seres queridos. Y es que, mientras mis pies avanzan casi solos, mis manos se siguen congelando y mi cara empeorando; empiezo a olfatear y captar los olores que vienen de las cocinas por donde paso… Pollo asado, pescado rebozado, alguna que otra sopa de calamares, ternera frita… Tengo hambre, pero no ganas de comer; quiero que mi paladar saboree los distintos sabores que puedan existir, esas delicias que se cocinan en ocasiones especiales, pero no puedo sino repetirme: No. Tengo que abstenerme, creerme que ahora no es la hora de comer sino aguantar unas horas más…

A dos calles de llegar a la tienda, hago un repaso mental de lo que he hecho este año… Y ahora que lo pienso, tampoco ha habido nada especial; ha sido todo muy… ¿igualado?, grandes alegrías acompañadas de grandes depresiones, nuevas amistades y el fin de otras tantas que se quedan en el olvido, ilusiones en forma de espejismos y cristales rotos por todas partes, pienso en cuánta gente he podido ayudar y a cuánta le he dado la espalda… Muchas cosas de las cuales arrepentirse y otras tantas de las que reflexionar, y como todos los años, el corazón acaba siendo el mal parado. Pero es hora de levantarse, mirar atrás y decir, sigamos adelante – chapó.

He necesitado esta dosis de entrada ‘egocentrista’, aunque siquiera sé de qué coño va esta entrada. Ha sido una especie de lluvia de ideas sin pies ni cabeza, algo que soltar así por así. Al final, conseguí llegar a la tienda, abrí la puerta y me encontré a mi madre en el mostrador y a mi padre viendo una serie en el portátil; como de costumbre. No sé por qué, volver a verles me ha sacado una sonrisa y me ha aliviado un tanto… Algo tan cotidiano que en un día como hoy, parece especial.

Tal vez no vuelva a actualizar hasta el año que viene, tal vez sí; quién sabe. Lo que sí voy a hacer es desearos a todos que paséis unas bonitas y felices Navidades – las cuales seguramente pasaré trabajando. Disfrutad de estos días, por vosotros mismos y si tenéis un huequecillo por ahí, por mí y por todas aquellas personas que en estos días no tienen a nadie con quien compartir momentos ‘mágicos’. Que Papa Noél (o Santa Claus, o el chulo-gordinflón) os traiga muchos regalos, yo en cambio, me conformo con lo de todos los años: nada.

¿Para qué sonreír más...?

¿Para qué sonreír más...?





Prueba – tú. Y equivócate.

8 12 2011


No hay fracaso excepto si dejas de intentarlo. – Elbert Hubbard

Han sido aproximadamente dos semanas sin dejar huella por aquí; ha sido meterme y ver telas de araña “flotar” en la esquinita superior del blog. Uno va viendo que las andadas universitarias no dan más de sí y acaban por consumir la mayoría del tiempo libre que uno tiene (y horas de sueño que uno necesita).

Los estados de ánimo no cuadran mucho con el temporal que hace, aunque el frío no acompaña muy bien a la ‘felicidad’. Y eso, en la cara de las personas que andan por la calle, se hace notar. Estrés, preocupación, prisas… Lo típico en el ambiente madrileño, lo típico en una ciudad contemporánea. El aburrimiento inunda las almas de las personas, un aburrimiento que surge de esa necesidad de planificar las cosas a la perfección; de cuadrar al milímetro que todo salga bien.

Cuando oigo decir que a las personas que hacen ingenierías, se vayan a buscar trabajo a Alemania, pienso: “¿Nos hemos vuelto locos?”. No tengo nada en contra de ellos, son de lo más majos que hay y el marido de mi tía, que es alemán, es de lo más majo! Pero son de lo más… “planificadores” y “sitemáticos” que puede haber; si no, esa costumbre suya de tener una agenda llena de citas y ‘appointments’ y no llegar tarde a ninguna de dónde viene?. Oí escuchar en un documental -de cómo se fabrican los coches en Mercedes-, que para ellos existe el dicho de “La perfección no es suficiente”. Hice un *facepalm* tremendo. Esa obsesión de que todo salga como lo planeado, ¿que necesidad hay?. Nuestra mente se vuelve tan técnica y mecánica que hasta se nos olvida que tenemos esa impresionante habilidad de “improvisar” que nos caracteriza.

Errar es de fracasados, si haces algo mal eres un inútil, una escoria de y para la humanidad… ¿Dónde quedó ese espíritu? Esa innovación de la que tanto hablan en los medios de comunicación no aparece por ningún lado si no es a través de cuarenta mil estudios previos, pruebas, patentes y trámites burocráticos para ser impulsada hacia el resto del mundo.

¿Por qué ese miedo a que las cosas salgan mal? ¿Por qué echarse atrás cuando ya el pie está dentro del hoyo? Si te dieran a elegir entre un puesto de trabajo con sueldo vitalicio que no te gusta y un crédito para realizar el proyecto de tus sueños sin tener la certeza de que salga bien; muchos cogeríais lo primero, porque es seguro, porque sería lo lógico y razonable. Tendemos a pensar que algo bien planificado no falla, que es el éxito absoluto y te hará subir hacia un nivel más alto, una supuesta felicidad mayor. ¿Seguro?

Nos enseñan a hacer las cosas tan mecánicamente, siguiendo una estructura tan rígida e interiorizada que nuestra mente lo adopta sin pensar. Decían que los chinos somos así, y me incluyo: “Tú dile a un chino que te haga un plan de negocios, y no sabrá. Enséñale cómo se hace, y cuando se lo pidas, te los hará perfectos; eso sí, si falla el plan no sabrán dónde estará el error”. Y es que es así, el pobre se habrá olvidado de qué es improvisar e intentará poner trapos encima para apañarlo.

Ya no cometemos locuras… Es que ni hasta para ir a comprar el pan. Quedarte media hora pensando en que si la barra en el Pepito cuesta 40 céntimos, pero en el Juanito cuesta 60 y te hacen un 40% de descuento, que si en el súper te la venden a 80 pero te dan un cupón de … A LA MIERDA TODO! Y si luego lo compras en el súper y vuelves con una confianza tremenda a casa, aparece tu parienta y te dice que por qué no lo compraste en el ‘chino’ que cuesta la mitad y además está más rico, pues comienzan los cabreos. (lo del chino no lo digo por mi tienda, eeh… o sí)

Lo que quiero decir es que tachamos de locos a quienes sobresalen de lo ‘habitual’, a quienes tienen genialidades y son incomprendidos, a quienes por intentar algo fuera de lo común en la vida han acabado viviendo debajo de un puente; por seguramente, una sencilla razón: “¿Qué dirán los demás de mí si hago esto?” Al final acabamos sentados en el sofá viendo la tele esperando en vano a que alguien lo haga por nosotros.

Fracasar parece que es una palabra tabú que no hemos de pronunciar y mucho menos dejar que el resto nos tache de ‘fracasados’. Es algo que nos atormenta con sólo imaginárnoslo. Lo mismo ocurre con toda esa gente con 20 años a la que ‘todo le da igual’; llevar ya dos décadas viviendo y pensar que vas a seguir los ochenta años que te quedan de vida viviendo igual… no hace mucha gracia. Vaya rollo de vida no?

Yo necesito cometer locuras, equivocarme y probar de nuevo. Me decía una tal Pera que uno no pierde nada si prueba a hacer cosas ahora; los errores de hoy no los podrás hacer mañana, es decir, ahora que uno es joven, pobre y sin ‘cargos’ podemos experimentar sin que haya muchas consecuencias “gordas”. Imagina a un cirujano (y con ello digo cualquier otra profesión), cuando está en la Universidad si es pasivo y se limita a hacer lo que se le ordena, no adquiere experiencia alguna más que saber ‘hacer las cosas bien’; pero si ya está operando a un paciente y por algún casual, algo no va como lo esperado? Obviamente las responsabilidades de cometer un error son mucho mayores que cuando estaba estudiando.
Sí, no tiene lógica ni pies ni cabeza; son como los sentimientos, nuestra cabeza no necesitaría de ellos, pero sin ellos no viviríamos. Es como la pasión por lo coches, coches que por antonomasia no tienen sentido, pero aún así quieres conducirlos…

Necesito esa chispa de equivocación que me haga decir: “Cierto, salió mal, pero aprendí”. Y si de verdad algo llega a salir mal, bien sean negocios, amistades, relaciones personales, proyectos y demás; que no sea porque hiciste algo de lo que pudieras arrepentirte. Al menos, cuando me haga mayor podré decir “Vaya locura hice”, pero la sensación de recordarlo entre amigos y carcajadas, no tendrá precio.

Prueba, equivócate y aprende de ello.

La entrada no tiene sentido en su conjunto, aunque se espera que se pueda captar la intención del autor. Para los amantes del pesimismo, ya llegará. El redactor escribe como el ojete.

PD2: Post relacionado, se recomienda su lectura : Desilusión. ¿Algo innato?








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