Es hora de volver a caminar…

3:38 A raíz de “Cielo sordo” y de “Pasar de los problemas“, toca… lamentablemente, cerrar el telón.

Creo que va siendo hora de volver a levantarse y caminar sin más, de volver a vagabundear por la vida y de buscar (como todos los demás) ese anhelo al que llaman ‘felicidad’. No pensé que pudiera acabar así, pero así ha sido…

Todo comenzó rápido… y por desgracia, acabó de la misma manera. El haber conocido a una persona de la manera que casi nadie hubiera podido imaginar antes, a través de este lugar, de este escondido lugar apartado del mundo que la gente llama ‘blog personal’. Una necesidad mutua, ella a mi, yo a ella; que se fue agrietando poco a poco a causa de la vieja bruja que llaman “distancia”. El conocerse el uno al otro supuso poner la vida del otro patas arriba, como un remolino que entra en tu habitación y la desordena por completo. De allí surgió nuestro código de números que nadie entendía, excepto nosotros dos.

En tan poco tiempo, una persona que no conocías de nada, pasó a ser tu pilar fundamental, tu centro, tu sol, tu todo. Cada mañana, justo tras el nefasto sonido del despertador, lo primero que pasaba por mi cabeza era ella: ¿Qué tal estará? ¿Seguirá dormida? ¿Estará pensando en mí? y no podía dejar de sonreír, de pensar que cuando volviera a casa, podría estar con ella… aunque no estuviera aquí.

Poder escuchar su dulce voz, era todo un regalo. ¡Y qué decir cuando oyes que se ríe, que está alegre! Sólo con su voz, era capaz de hacerte sentir un chico afortunado, de elevarte a los cielos y desear quedarte allí, y que el tiempo no transcurra. Una sensación tan… indescriptible, no podías más que sonreír y seguir sonriendo de mejilla a mejilla como un bobo en la inopia. O lo tierna que era cuando estaba dormida… las ganas de querer estar a su lado crecían exponencialmente hacia el infinito.

Saber que una persona te quiere, mejor dicho, te ama, es algo que no habría de pasar por alto. Un tesoro que se ha de cuidar con todo el cariño y la bondad posible, protegerlo, mimarlo y pulir las imperfecciones que puedan surgir con el paso del tiempo. Ella decía que ‘amar a alguien’ eran palabras mayores; y nos daba igual, porque eso era lo que sentíamos.

Tachar… día por día, los números que habitan la cuadrícula de mi calendario. Decir que queda un día menos para poder vernos, un día menos para poder sentirnos, juntos, unidos, y olvidar el mundo por un instante, por un instante que para nosotros, fuera eterno. Motivación suficiente para olvidar todo, y preparar con ansias la llegada de ese día.

Sus mensajes, su forma de escribir, de dominar las palabras y el lenguaje, esa manera de expresarse que más de una vez dije que envidiaba, era capaz de sacar cualidades que yo tenía, de las cuales yo consideraba sin importancia; capaz de hacer de cada pequeño suceso, un gran detalle. Mi sonrisa, mi mirada, mi voz, mi respiración… características mías a las que no depositaba importancia alguna, y sin embargo a ella le gustaban. Escribió un fragmento sobre ello, que no me canso de leer, releer y volver a leer hasta la saciedad; nadie en la vida había podido sacar tantas y tantas cosas buenas de mi en la vida. Muchas veces imaginabas que todas esas cosas que te ponía te las estuviera diciendo de viva voz… otras muchas veces era inevitable pensar en cosas que a más de uno le pondrían la imaginación a cien.

Ella tenía sus problemas, yo tenía los míos. Quería indagar en su interior para conocer de sus inquietudes y hacerlos míos tambien y recuerdo la frase que dije: “No hay infartos que dos corazones unidos no puedan soportar”, que plasmó y puso en tu pared… Intentaba por todos los medios posibles de animarla, de conseguir sacarla una sonrisa en la peor de las situaciones, de que estuviera alegre, de que dejara de pensar en todo aquello que le atormentaba, del pasado que arrastraba, de poner una solución a todo ello para que no tuviera que pasar por ello… Dolía, dolía mucho saber que una parte de ella se encontraba triste. Ella también, y cuando ocurrió lo de mi tía, me mostró todos sus apoyos, de desear que pudiera hacer algo para solo aliviarme un poco, de que quería envejecerr junto a mi y darme más cariño y amor del que nadie me hubiera dado jamás, de cuidarme y hacerme feliz… Y así fue.

Como cualquier trascurso de la vida, fueron surgiendo problemas, esta vez entre nosotros. Costaban superarlos, no estábamos de acuerdo en ciertos aspectos de ver las cosas; pero no hubo algo que un poco de comprensión por ambas partes no hubiera podido solucionar. Muchos de ellos fueron surgidos a raíz mía, nos sacamos unos añitos de diferencia, por tanto, no pensábamos igual; e intenté no pensar en problemas, no ser un lerdo y quedarme aquí ‘porque sí’ sino me esforcé en comprender su postura y darme cuenta de que lo que defendía tenía razón. Aun así, ella me repetía una y otra vez en que no quería influir en mis amistades y demás, pues ella ya había pasado mi etapa y en cierto modo iba a ‘condicionar’ la mía.

Pero entonces, el edificio que ambos habíamos construído con tanto esmero se fue resquebrajando poco a poco… y cada vez más. La distancia, los estudios, la presión familiar y el hecho de no poder estar juntos, actuaron como detonantes; derribándolo lentamente. Eso más un hecho que sucedió en el que otorgué un adjetivo a la persona equivocada, por un ‘lapsus linguae’, fue el principio del fin.

A partir del momento en que dijo que ya no creía en mi sinceridad, me temía de lo peor. Ambos nos prometimos sinceridad en la relación y así fue por mi parte y no dudo ni un pelo de que ella también lo fue conmigo. Pero no… no comprendía ciertos aspectos míos, como el de seguir entablando una relación de amistad con mi “antigua novia”, seguir siendo amigo de una persona la cual me hizo mucho daño en su momento, pero hice una promesa y la sigo cumpliendo. Ella no lo veía con buenos ojos, sus principios y los míos chocaron…el resto de los motivos, sigo sin conocerlos.

A partir de allí, ya son suposiciones mías. La desconfianza inicial sembró las semillas y al parecer dieron fruto muy rápido. Ya no se encontraba a gusto ni se creía nada de lo que yo pudiera decirle, aún justificándolo racionalmente. Lo que era verdad, a ella le comenzó a sonar a cuento chino… (Que por cierto, en el examen saqué 9,6…) Y ya no tuvo más arreglo posible. Como digo, cuando se pierde la confianza en un amigo, el asunto va mal; pero si quien ha perdido esa confianza es la persona, centro de tu vida, se te cae el mundo encima; literalmente.

Todo acabó, se puso fin al asunto; yo seguía – y sigo – sin comprender muchas cosas, será cosa de que soy retrasado mental y tengo la comprensión por los suelos (y lo digo totalmente en serio) ya que desde el día en que comenzó todo hasta ahora, seguía siendo el mismo. Pero yo ya no era lo suficientemente importante en su vida como para seguir con esta relación, pasando de ser todo a no ser nada. Y es verdad, yo no valgo nada; quien me daba valor era ella, ella me mantenía de pie, ni siquiera le importa cómo de mal sigo pasando esto; como si mañana me atropellara un coche, ni se enteraria… Había caído en un hoyo con una pala, y no fui capaz más que de seguir cavando mi propia tumba. Me recriminaba a mí mismo el no poder haber mantenido todo esto, el no haber sido capaz de hacerla feliz, el hecho de que yo estuviera como centro de su malestar en esos momentos… y me sigo sintiendo culpable de todo aquello.

Cantidad de veces me he negado que esto fuera verdad, de que nuestro proyecto de vida se hubiera ido al garete, de que no era posible que ella rompiera con nuestro ‘compromiso de vida’, con nuestra promesa de seguir juntos para siempre, sino que era yo quien había errado en algún lugar, de … todo lo que estaba sucediendo.

Sigo leyendo recuerdos del pasado, mensajes… y mensajes… en los cuales decía que la distancia no iba a ser un impedimento, que no era para siempre, sino que era algo transitorio; en que lo importante residía en que nos habíamos conocido y que nada iba a separarnos, que no pensaba rendirse jamás hasta que pudiéramos dormir abrazados todas y cada una de las noches de nuestra vida y que llegaría el momento en el que acabaríamos discutiendo por las paredes de la habitación del crío… Ahora levanto la cabeza y no puedo asimilar todo esto, me es imposible, no… simplemente no puedo; no puedo más que seguir llorando… mientras mi intento forzar a mi mente y corazón de que esto es verdad…

Hace poco, conoció a otra persona, según ella, una persona bastante especial de la que me habló. Me contó que le dijo “Espero que tu novio no se enfade”, después de que entablaran una larga conversación. En ese momento para nada estaba enfadado con esa persona y ahora, sigo sin estarlo. Supongo que eso habrá pasado a ser algo más que una simple amistad; y me alegro por esa persona, puesto que en él ha encontrado lo que no pudo encontrar en mi, y deseo sinceramente que la cuide… que haga lo que yo fui incapaz de hacer porque no merece sufrir más, no aguantaría que ella lo pasara mal… Pero tampoco le perdonaría que la hiciera daño alguno…tsé, cuando ni siquiera me puedo perdonar a mi mismo por haberla perdido… Ya no hay ‘lo siento’ que valgan, nosotros queríamos estar juntos pero no podíamos; se bajó de nuestro barco… y naufragué yo solo.

Ella decidió, no tengo más remedio que aceptarlo… quiera o no, me cueste más o menos… tendrá sus motivos. Al final, la influencia de su pasado en nuestra relacion, que fue uno de nuestras mayores inquietudes, acabó siendo el menor de los problemas.

Mi vida se reduce ahora a un año y escasos meses; un año por haber podido vivir en Suecia y los escasos meses que he podido conocer, querer, disfrutar, amar… y supongo que a partir de ahora, echar de menos, a una persona tan especial a la que no he tenido ocasión de sentir físicamente a mi lado.

Tuvimos nuestros más y nuestros menos, fue bonito mientras duró…
“Sé que no te gusta que te den la gracias, pero quería agradecerte por todos esos momentos en los que has estado a mi lado, la mano que me tendiste para levantarme del suelo, aquella que no pensaba soltar en la vida… Gracias”

Quiero seguir caminando y obligar a mi mente y corazón, a que piensen lo que yo mismo dije: “Personas en el mundo que son tu media naranja, hay muchas; la cuestión es conocerla”. Pero soy incapaz… sigo sin concebir un mundo sin estar ambos juntos…

Tal vez yo esté en lo cierto de que nada dura para siempre… pero ahora es impotencia de haber querido que lo nuestro continuara todo ese tiempo. “Que mis – para siempre – sean contigo” me dijo… Vana ilusión de la que mi corazón sigue alimentándose…

Mis sentimientos no van a cambiar con respecto a esa persona durante un buen buen tiempo, la sigo amando, ella a mí… me amó…; me costará volver a apreciar todos esas cualidades que tengo y que ella tanto valoraba… Aun así… sigo pudriéndome por dentro, diciéndome “Henxu eres un inútil, Henxu eres un inútil…” a la par de soltar miles de lágrimas, llantos y lamentos por minuto… Teniendo como único consuelo, que será al menos más feliz.

13.08 Vaya… más de 8 horas escribiendo, entre recuerdos y lloriqueos… Me he vuelto loco. Creo que va siendo hora de dormir… o de empalmar y comenzar, si puedo, un nuevo día. Seas feliz.

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Un comentario el “Es hora de volver a caminar…

  1. oniigiri dice:

    Exacto, pasar lo problemas. (:

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