Sin ganas de hacer nada (de nuevo)…

Hoy no tengo ganas de absolutamente nada… Llevo un fin de semana más o menos “pasable”.

Tendría que estar haciendo historia y estudiando economía pero bueno, no hay ganas… ni casi tenía ganas de escribir esto.

El viernes estaba enfermo, no asistí a las clases, no pude salir de casa. Muy francamente enfermo… desde la cocina a mi cuarto son apenas 6 o 7 pasos de distancia; yo, mareado, con ganas de vomitar, me quedé desmayado al llegar a la puerta de mi habitación. Mi madre tuvo que cogerme de un brazo y moverme hasta la cama. *Estaba mareado, oía un pitido incesante, pasaron muchas cosas que no recuerdo por mi cabeza, no podía ni quería moverme, simplemente quería estar tumbado*. Fue algo espontáneo, una pérdida de conocimiento instantánea. Llevaba casi 12 horas en la cama, sin haber comido nada más 2 cucharadas de sopa, 1 donut y un flan, aparte de las 3 pastillas de paracetamol que me tocaba tomar.

Tuve que confirmar que no podía quedar para comprar el regalo de una amiga. Me jodió no poder salir ese día de casa… Era un viernes, y para viernes, caes pachóped (enfermo). Todo un asco de día, hasta que oí sonar el móvil, el número de mi novia. No sé cuánto duró la llamada, 10 minutos tal vez? Creo que fueron los mejores de todo el día. Sin duda… Conseguí volver a dormirme, con una sonrisa de bobo en la cara, de esas de mejilla a mejilla que no se te van en lo que queda de día.

Ayer sábado, me encontraba bastante mejor. No del todo bien bien. Comenté a mi madre lo de salir para comprar el regalo y asistir al cumpleaños de esa amiga. Y no estuvo nada de acuerdo, lo extraño fue lo primero que me dijo: “Tienes cara de enfermo, como para ir a un cumpleaños.” Sí, es verdad, ni el jabón, ni el exfoliante “milagroso” anti-puntos negros podían hacer algo. Me duché, y me miré al espejo y recordé lo que me dijo… Era como Michael Jackson en versión asiática… Bromas aparte; salí de casa medio tambaleando, bajando las escaleras como podía, y esperé en la parada del autobús sentando intentando coger aire, aire que no había respirado desde hacía al menos 36 horas. El aire tan contaminado de las calles de Madrid en ese momento me pareció el mejor que podía inhalar, en lugar del ambiente enfermizo que ha caracterizado mi habitación estos últimos 3 días.

Busqué en Príncipe Pío el regalo, no encontré así nada que llamara en exceso la atención así que volví a mi barrio, “en busca del regalo perdido”. Logré al final comprar algo, y bastante molón. Y de allí al cumpleaños.

Tras finalizar éste, y acompañar a mi novia a su casa, tocaba volver a casa. (Sin antes pasar por la tienda y discutir un buen rato con mis padres por haber salido estando enfermo). Por el camino, me sentí hueco. Esa rara sensación, no de que todo lo bueno pasa rápido, que también; sino de que algo me afectaba, por el momento lo ignoré, pues daba más importancia a mi estado físico que emocional.

Una vez en casa y tras gritar “hogar, dulce hogar”; me tiré a la cama, me tomé la medicación y me puse a mirar al techo. Ya no estaba tan mareado, tampoco notaba arcadas, ni quería vomitar. El estómago me sentaba bastante mal, no sé si fue la comida o la medicación, pero me daba igual… El techo, estaba igual, como todos los días, blanquecino, liso, creo que con alguna otra mancha de sangre tras haber estampado un mosquito contra el mismo, pero ni idea, lo importante es que es blanco en su mayoría. La ( le?) llamé, estuvimos hablando y bueno, dije que más tarde llamaría (tarde…) y antes de eso envié un mensaje y me quedé dormido mirando al techo. Tengo que llamarla (o llamarle, el hecho es llamar a ella), se lo prometí.

Hoy, me he levantado sin ganas de hacer nada, noto un vacío en la zona del pecho. Es un dolor extraño, como si alguien tuviera tu corazón en su mano apretando sin escrúpulo; algo sentimental, emocional. Todo el día dando vueltas a algo, a ciertas cosas que han ido sucediendo a lo largo del tiempo y a momentos inoportunos que ocurrieron ayer en el cumpleaños. Pero no llego a ninguna conclusión, y no quiero llegar a ninguna conclusión. Prefiero pasar el tema por alto, centrarme en cosas que debería, ser en cierto modo, por un momento, más egoísta en el buen sentido de la palabra.

Por qué me dice casi todo el mundo que soy demasiado honesto, que tendría que preocuparme más por el estar bien yo, que otras personas, que por la vida no puedo ir así. Y tienen razón. Pero en cierto modo, tengo otra cara de la moneda, digámoslo así; de querer que las personas cercanas a mí se encuentren bien, renuncio a muchas cosas, y en especial, creo que muchas veces, he dejado en manos de los demás (y en sus manos), la cruda tarea de “elegir” en beneficio suyo a costa del mío. Unos me entenderéis, otros no: la necesidad de seleccionar una opción de entre dos o más, si eliges algo renuncias a una cosa, si eliges lo otro, renuncias a la otra. Me siento bastante culpable por ser así, es como “en contrapartida de eso, supuestamente bueno, hay eso otro, que es malo”, y no es confortable.

Prefiero dejar todo esto como está, y dejar a mi hermanito usar el ordenador. Parece un gremlin gruñándote en toda la oreja. A veces pienso que su actitud no es acorde a su edad, y pienso que es … de todo menos listo; pero bueno. Lloriquear por un ordenador… hasta qué punto llegará la jodida estupidez humana… (Incluida la mía…).

Soy tan imbécil de dejar aparte mi satisfacción personal y mi estado físico con el fin de conservar las personas que más quiero cerca de mí. El miedo a estar solo, me corroe el alma; el miedo a dejar de ser imbécil… dímelo tú.

.- Henxu

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