Amistades y confusiones

2:05 Tendría que estar estudiando, o durmiendo, pero demasiada cafeína tengo en mi sangre, y demasiadas paranoias tengo en mi mente.

Tras ser imposible estudiar para los exámenes, siquiera hacer un maldito resumen de 3 páginas de filosofía, me rendí, y lo dejé todo; dejé todo para tumbarme en mi preciada (y pobre) cama, cerrar los ojos y respirar hondo.

Vas asimilando todo lo que ha sucedido, desde un punto A hasta otro punto B. Cuando voy volviendo hacia atrás en el tiempo, me doy cuenta de lo que era hace muchos años, y de lo que soy ahora.

La verdad… físicamente, he cambiado bien poco, mentalmente… también, de gustos…también. Unos amigos se van y vienen otros nuevos, por ejemplo, con los que el año pasado me llevaba muy bien, este año he hablado muy pocas veces con ellos… Poco a poco nos vamos distanciando, rompemos enlaces, unimos otros nuevos y así… una y otra vez. Ya dije que lo de amigos para siempre, pues … realista no suele ser.

Hace un año, yo era todo un geek de la informática, de los videojuegos, del manga, de la telefonía móvil, y por supuesto del mundo del automóvil…me sorprendo yo mismo al encontrarme con revistas de coches del año 2008 o con revistas de informática del 2006-07. Mi vicio con las revistas y los cómics ya terminó, pensé en ahorrar, supongo que maduré lo suficientemente para saber lo difícil que cuesta ganar dinero para subsistir; tal vez todo eso venga de estar “trabajando” desde que era un enano.

Recuerdo que desde pequeño, cuando todavía vivía en la calle Villavaliente, y todavía tenía a mi amigo al otro lado del balcón; he estado gran mayoría del tiempo solo en casa. El piso era de mi tío y mis padres, vivíamos juntos; los 3 trabajaban en el bar-restaurante de mi tío-abuelo que está en Batán, y eso prácticamente les consumía todo el día. Siempre que volvían estaban cansados, yo era consciente de ello y cada vez que me veían ponían buena cara; sonrisa de punta a punta intentando alegrarme el día.

Una vez, me intenté suicidar, inconscientemente, bebiéndome gel de baño… Obviamente acabé en el hospital. Pude ver a mis padres angustiados, a media familia alrededor mía con cara de tristeza, supongo que esperando que mejorara mi estado de salud. Fui consciente de que había hecho una burrada, de que casi tiraba por la borda todo el esfuerzo que mi familia había realizado por mí.

A los días siguientes, adquirí como por arte de magia, un sentido de la responsabilidad (que todavía no he perdido, o eso creo); empecé mis intentos de ayudar en casa, lavando los platos aunque en el fondo creo que los ensuciaba más todavía; barriendo y fregando el suelo; lavando la ropa a mano en la bañera… Del aburrimiento en casa (pues todavía no me habían prestado la GameBoy de mi primo), pasé a frecuentar el bar de mi tío-abuelo y recuerdo esos días en los que yo, con una sonrisa inocente me pasaba muchas tardes en la cocina pelando gambas, y llevando algún que otro ingrediente necesario al “chef”, osease, mi padre. (Adoro su cocina… es todo un maestro). Y creo que he heredado una pizca de la “ludopatía” que viene de parte de mi padre; casi todo dinero que lo cogía, lo metía dentro de las máquinas tragaperras. Es lo que él hacía, y yo le imitaba.

El año siguiente a la muerte de mi amigo (Descansa en Paz) que ya comenté en la entrada del 10-10-10, me fui a Suecia. Todo era nuevo, era un pequeñajo de 8 años, en un país cuya lengua desconocía, en donde no conocía a nadie. De lo “bien” que estuve allí, se me pasó por completo esa responsabilidad de la que os estoy hablando; aprendí sueco (ya se me ha olvidado…) e hice muchos amigos, con quienes me llevaba… de lujo, casi todos los días al salir del cole era volver a casa y decir a mi madre (que por entonces acababa de nacer mi hermanita pequeña y estaba todo el día en casa) : “Mamá voy a jugar con tal…” y no volvía hasta las 8 o 9 de la noche. Hubo un momento en el que se me fue la olla, y los amigos pasaron a ser “amigos por puntos”. Yo le pedía algo a un “amigo”, si éste no me concedía lo que le pedía, perdía un punto o más dependiendo de lo que fuera; en 2 semanas comprendí que la amistad no iba de esta manera, que los amigos no estaban para beneficio personal, sino para un beneficio MUTUO. Gran lección que obtuve durante mi estancia en ese país escandinavo.

Volví a España, y tocaba volver a pasar página y acostumbrarme otra vez a este modo de vida. No pude entrar en mi antiguo colegio porque no había plazas y pasé 2 años en otro distinto. Como ya me esperaba, por el hecho de ser chino volvieron las represalias, burlas, amenazas y bromas de mal gusto contra mí (me acuerdo de los días que por la mañana me ponía a lloriquear a mi madre porque no quería volver…tenía miedo… mucho miedo.). Sí, otra vez, era la primera persona de origen chino en un colegio español. Poco a poco me fui “introduciendo” en un grupillo y era lo mismo; salir del colegio e ir a casa de alguien a jugar a la play (que recuerde, justo sacaron el Kingdom Hearts para Ps2). Entre el grupo, fuimos muy amigos hasta que me fui del colegio tras terminar 5º y poco a poco he vuelto a perder el contacto con ellos.

También recuperé contactos con dos personas que vivían por mi zona en la calle Cebreros. Con una sigo teniendo un trato cercano ahora, con la otra… lo perdí, según oí, se mudó de allí y ya no sé nada de él. Recordaré las tardes en las que me pasaba solo en el parquecillo del número 69 de la misma calle, subiendo y bajando rocas, fruto del aburrimiento.

En 6º volví a mi colegio de antes, el mismo colegio en el que me encuentro ahora. El hecho de volver, me trajo muchos recuerdos que ocurrieron en mi infancia allí (y no precisamente buenos); tenía los mismos “burlones” y “chulos” de clase y durante todos esos años, me pregunté cómo no podían haber cambiado de actitud. Sigo teniendo a gran parte de esas personas en mi clase ahora; y te das cuenta de cómo han cambiando y cómo has cambiado tú con ellos.

Los que eran amigos por entonces, ahora son colegas; los que eran buenos amigos ahora son mejores amigos. Pocos cambios hubo en esos años. Donde sí he notado cambios ha sido en estos últimos 3 años.

He conocido a muchísima gente, bien por el colegio, bien por el colegio chino al que iba, bien por el cubo de rubik, bien por el penspinning, bien porque alguien te presentaba, bien por los foros de internet, bien por los juegos online, bien por los macroeventos de manga… Y de entre todas las personas que conoces, vas como seleccionando, con quiénes crees que merece la pena pasar el rato, a quiénes confiar secretos… es como si fueras dividiendo en categorías las personas que conoces.

Con poquísima sigo teniendo una relación amistosa llamémoslo “fuerte” ahora. 1%? Tal vez. Por aquel entonces, tal vez por la presión de mis padres, no andaba preocupado por echarme novia; cuando todos mis familiares bien decían lo contrario, que cuándo se la iba a presentar, que si era china o no, que si tal, que si cual… algo que prácticamente, me da asco que me pregunten. A ellos qué carajos les importa mi vida privada.

Ya entrando en la edad del pavo, me empezaron a gustar ciertas personas; era algo raro, si una persona me rechazaba, cambiaba de chip e iba a por otra, y así “como de flor en flor”; creo que dije muchísimas cosas de las que, no es que me arrepienta, sino que no me creo que hubieran salido de mi boca. Poco a poco, te “vas calmando”, tienes tus éxitos y tienes tus (tropecientos mil) fracasos; parece que ahora quien no tiene novia es menospreciado o algo así.

Todo este rollo viene porque … tal vez en verano de este año, empecé a experimentar algo raro, como una imposibilidad de discernir amistad con gustar. Por aquel entonces, más de una persona ya me lo había dicho, que tuviera cuidado de cara al futuro; algo que es fácil de decir, pero cuando llega te dejas llevar por los sentimientos.

Por primera vez en mi vida empezaba a tener sentimientos contradictorios… Es decir, cuando oía algo relacionado con esa persona, me alegraba de que le fueran bien las cosas y su “felicidad” (llamémosle de un modo) me contagiaba; pero por otra parte, notaba una sensación incómoda, que se sobreponía a la de la alegría.

Tal vez me hubiera enamorado… no era consciente de ello y me di cuenta tarde…; de lo que sí, es que cada vez que me contaba sucesos buenos que le ocurrían, yo me encontraba mal. Y más cuando empezó a contarme ciertas cosas, buenas para ella, no tan buenas para mí. Sentía cómo mi corazón se comprimía como una mano antes de dar un puñetazo. En lugar de alegrarme, me entraban unas ganas de llorar… pinchazos de aguja en el pecho; me venían a la cabeza cientos de cosas que me hacían pensar en lo que podía haber sido, pero nunca fue.

Odio tener estos sentimientos con respecto a alguien a quien sigo queriendo tanto, pero no puedo evitarlo. Es algo que no puedo controlar; en el fondo, le deseo lo mejor para esta vida, pero no puedo dejar de pensar que preferiría que lo mejor que le ha ocurrido le sucediera a mi lado…

Sé que por ahora, esto no va a ser así. Ahora las cosas las ves con otros ojos, y te haces una vaga idea de lo que podría haber sido; no queda otra opción. Lo único que puedo hacer es intentar suavizar esos sentimientos que tengo con respecto a ella y volver a mi ritmo de vida normal; a aquel ritmo en el que no me entraban ganas de derramar lágrimas contra la almohada ni me apetecía “pasar de todo”, ni de elegir de forma errónea… A no ser de que ella me diga lo contrario.

3:57 Hora de dormir, si puedo.

Por el momento, mejor ser optimistas.
flower

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