Recuerdos…

Recuerdos… Sí, esos flash-back que se suelen tener cuando discurre por tu mente algo que sucedió en el pasado. Escucho decir a la gente “Recuerdo que de pequeño tal…”, “Cuando era un enano…”, “Me acuerdo de que…” ; y les envidio.

Sí. Muchas veces voy cuando a casa de amigos y compañeros, me preguntó “¿Cómo pueden tener tantos y tantos álbumes de fotos?”, veo estantanterías repletas de ellos. Memorias gráficas del pasado, plasmadas en papel, que no valen casi nada económicamente, pero sí sentimentalmente.

Ya no me acuerdo a raíz de qué surgió todo, pero hoy me he puesto a ver de nuevo uno de los tres o cuatro únicos álbumes que tengo en casa. Uno está “lleno” (por no decir medio vacío) de fotos de la juventud de mis padres; otro, del día de su boda y el último de fotos mías y de mis hermanitos cuando éramos pequeños.

Comienzas a hojear el álbum de tus fotos, poco a poco, página a página. Avanzando lentamente por la línea temporal de tu vida a través de fotos. Preguntándote si de verdad quien aparece en las fotos eras tú, o cómo podías ser tan (insertar adjetivo) de pequeño. Todo parecería normal hasta que comienzas a ponerte melancólico y triste, a hacer un plof repentino, a caer de cráneo anímicamente.

Y seguido te acompañan las lágrimas, las malas caras y penurias. Cierras el álbum y en tu cabeza surgen un bucle de recuerdos, al azar, espontáneos e instantáneos. Algo parecido a ver muchas estrellas fugaces pasar por el cielo pero no darte tiempo a pedir ni un sólo deseo… Te acuerdas de todo pero no te acuerdas de nada.

Ves rostros de ciertas personas de las que te preguntas dónde estarán, qué estarán haciendo, estarán bien? Y aunque parezca mentira, les echas de menos. Yo en concreto, echo de menos a un familiar mío… Tal vez no hubiera sido el mejor hombre que existiera, pues se dejaba llevar por las bajas pasiones así como de la ludopatía; teniendo conflictos con el resto de la familia y aún así, le echo de menos. A esa persona le debo gran parte de mi infancia.

Recapitulando. Sigues llorando, por tu cabeza pasan un sinfin de imágenes que no consigues recordar y vuelves a abrir el álbum; ves las fotos e intentas recordar cuándo, dónde y por qué te tomaron esa foto, qué edad tenías, quién inmortalizó ese momento. Acto seguido, al ver que no consigues acordarte de ello, tomas la alternativa de intentar ubicarte en un espacio-tiempo cercano a ese momento de la foto…

… Y con ello, ante la imposibilidad de recordar absolutamente nada, te vas hundiendo. Te preguntas: ¿De qué me acuerdo?. Vas intentando evocar momentos de una manera cronológica… 4 años? … nada, 5 años? … 6 años? … Y así sucesivamente hasta la edad que tienes ahora. Sin resultado.

Vas hundiéndote en el lodo poco a poco y eventually, acabas como en las películas de terror: Únicamente con la mano fuera del barro. Recuerdo que cuando yo estaba bastante… mal, hará cosa de unos mesecillos y tal, una persona me dijo: “¿Quieres dejar de remover en la mierda?” A lo que yo hubiera respondido: “Cómo quieres que deje de remover en la mierda si estoy hundido en ella”. Cosa que creo que no hice.

Frustración, rabia e impotencia te invaden el pensamiento. Recriminándote una y otra vez tu incapacidad de acordarte de tantas y tantas cosas que han ocurrido en tu vida; como si tuvieras alzheimer. Pero piénsalo de otro modo, hay personas que por la aparición de enfermedades olvidan, otras que han perdido todos sus recuerdos en la guerra y tras ella no son más que un ser “sin pasado” (si bien no es aplicable en todo el mundo) y otros que directamente no quieren afrontar el recordar el pasado y acaban, en el peor de los casos, comitting suicide.

Tras un buen rato intentando calmarte a ti mismo, diciendo “Ya… ya pasó”, sigues formando arroyos de agua que dejan marcas invisibles en tu rostro; quieres salir del bache pero por mucha fuerza de voluntad no lo consigues. He tenido a una persona muy especial a mi lado en todo ese momento y a la que agradezco y quiero mucho (como la trucha al trucho 😉 ).

Me planteo el dejar de intentar asuntos del pasado y dejarlos en el lugar donde les corresponden. Si algún día necesito de ellos, se acuden a las fotos, sino a la memoria y si tampoco… no sé.

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