No cambia… (la gente).

Me gustaría poneros un vídeo que habré visto hace años con el que me topé ayer. Es una canción de un cantante pop chino bastante famoso, pero lo que de verdad me importa es la letra, no la canción en sí. Si tenéis un ratillo, miradlo. (Subtitulada al español).

Lo que principalmente iba a tratar en esta entrada aparte de un cierto “arrepentimiento” que ya he tratado más de una vez por estos lares, es de cómo puede (o no) cambiar la gente.

Quiero decir, cada persona es quien es, nacemos con un determinado carácter y un cierto temperamento, que junto con factores (sean sociales, económicos, familiares, etc…) marcan nuestra manera de ser.

Me hace bastante gracia aquellas personas que dicen que “cambiarían su manera de ser” con tal de que puedan alcanzar su amor, no alejarse de él/ella, llevar la relación a un rumbo mejor, y demás. Y me pregunto: “¿Cuántas de verdad logran cambiar?” Sin basarme a estadística sino a lo que se puede apreciar en la sociedad, pocas… mucho decir pero luego hacer… nada. Parece demostrado empíricamente.

Y queriendo extrapolar esto a las amistades y demás temas cotidianos con el que nos encontramos… sí, también se nota mucho. Derivado de este “intento”, si así lo podemos llamar a quienes de verdad lo intentan, surgen esas actitudes de “no te preocupes”, “confía en mi”, “estaré aquí siempre”… que tantas veces nos han defraudado, impactado, dolido o como lo queráis llamar. Bien es dicho que quienes más daño nos pueden hacer, son las personas que más cerca tenemos (lo que no quiere decir que sean los que más probabilidades tengan de hacerlo).

Tampoco se da a entender que las personas no cambien en absoluto, es más, cambian con el paso del tiempo. “Pero” no lo suelen hacer hasta que ocurre algo en cierto modo, llamémosle grave y que les afecta ‘profundamente’. O eso es lo que el paso de los años y mi propia experiencia me ha dado a entender.

Si conoces a gente que te pueda hacer daño, aléjate; por más que digan “no va a volver a ocurrir” no te fies, sabes que ocurrirá y no una vez… ni dos… Esto es otra “moraleja” que la vida más o menos (entre otras cosas) me ha enseñado en este último año. Más de una, dos… tres… y contando… depresiones habré “pillado” por asuntos así. Bien que hay que dejar el pasado donde le corresponde siempre y cuando nos llevemos una enseñanza a partir de ello. Todos cometemos errores, sí, pero no todos conseguimos rectificarlos.

Como se dijo hace unas entradas:

No soy quién para dar consejos y probablemente si he dado alguno por aquí (este blog), me gustaría que no los tuviérais en cuenta. A veces, muchas veces, otras personas son heridas como consecuencia de tus consejos; tal vez todos seamos humanos y erremos, pero ni el mejor de tus consejos (por muy seguro que estés) es la mejor solución para resolver un problema.

Es tan común decir: “Mejor solo que mal acompañado”. Tan común decir: “Cambiaré por ti”. Tan común decir: “Dame una oportunidad”. Tan común decir: “Te prometo que no volverá a suceder”. Palabras que de tanto oirlas y que puede que en un pasado hayamos dicho nosotros, ya nos suenan completamente huecas, sin fundamento, imposibles de creer. Te podrán demostrar que se arrepienten de algo con un único acto, el cual a lo largo del tiempo se va dejando en el olvido dando lugar a una vuelta a donde nos encontrábamos en un principio y erre que erre.

Es cierto que afirmando esto, pagan justos por pecadores. ¿Y qué queréis que se le haga? ¿Mea culpa? Tal vez, pero yo por esas no vuelvo a pasar.

Los humanos somos seres frágiles e inestables, cambiamos de opinión como de traje.

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