Ser “algo” en la vida.

Reflexionas: Cuando una persona se pregunta qué hacer con su vida, unas sabrán desde enanos cuál será su vocación, otras vendrán determinadas por lo que “x” persona/s quieran y otras sabrán elegir su camino a lo largo de su vida.

Cada cual podrá acertar o errar. Cuando a alguien se le pregunta “¿Qué quieres ser en la vida?” La persona responderá con aquella profesión, aquella carrera u oficios que tiene planeado realizar en los años próximos o que ya está haciendo. Otras personas responderán el tópico de : “Ser feliz”. Sí, es cierto, se busca ser feliz, y muchas veces a costa de los demás… Pero, ¿y qué?; ¡eso y nada es lo mismo!
Aburrido de tan monótonas respuestas, te preguntas a ti mismo: ¿Qué quiero ser en la vida?”

Tras tormentas innecesarias de interrogantes y bucles infinitos de voces, desistes sin encontrar respuesta alguna, ni siquiera una vía que te ayudara a guiarte, una ínfima porción de luz que brillara a lo lejos, ni una pizca de humedad que te permitiera hallar un oasis en medio del desolado desierto. Buscas una pista, una huella, vestigio, señal, indicio o rastro para poder responder a tu pregunta, incógnita, interrogante, cuestión o problema.

Esa sensación de desesperación que te invade el cuerpo, de querer y no poder conciliar sueño ni alcanzar calma alguna, de temor ante no poder contestarte. Ese nudo que avanza de pies a cabeza, pasando por esas piernas flácidas que sucumben ante tu propio peso, por esas manos en forma de puño como si estuvieran estrujando tu corazón, por esa “pesada oquedad” que notas en el pecho, y por ese cuello tuyo que hace atragantarte y no poder soltar palabra alguna -sencillamente porque no tienes ninguna que decir, no sabes resolver esa duda-.

En esa situación de desasosiego, ante la evidencia de que no vas a encontrar esa respuesta en todo lo positivo que ha pasado por tu cabeza, piensas en lo contrario. Palabras como denigrante, desgraciado, infeliz, abandonado, deprimido, depravado o derrotado… comienzan a pasar por la estrecha travesía de tu cerebro. De golpe piensas en muchas, pero una a una vas analizándolas, como si dichas palabras caminaran en fila india…

Hasta que das con una. “Tristeza”. En todas sus variantes. Un término que en numerosas ocasiones o bien se sobre-exagera o se toma demasiado a la ligera: “No le pasa nada”, “Está deprimido/a”, “Es temporal”, “Finge”, “Le invadió el cuerpo”…-y en el peor de los casos “Murió”.

Tal eslabón te lleva a ese último término: “Muerte”. Esta palabreja no es nada agradable. ‘Cuando ves a alguien morir, se te abren las carnes, porque en ese mismo momento, te imaginas a ti en esa misma situación’. Un recuerdo olvidadizo pasa por tu subconsciente, pero en una milésima de segundo se te olvida… la fila india de palabras seguía avanzando por tu cerebro.

Vuelves a reflexionar. Tampoco quieres ser una persona muerta, inerte, lúgubre, sin vida… El cerebro es incapaz de dar con la solución, el corazón por desgracia, tampoco. Te repites una y otra vez: ¿Por qué?…¿Por qué?…¿Por qué…? -ni la razón ni los sentimientos te han sabido responder-.

En ese mismo instante apareces cayéndote por un precipicio, oscuro, tenebroso, sombrío, misterioso… caes. No sientes nada, tanteas con los dedos a tu alrededor; no percibes absolutamente nada; tus ojos no sirven -más oscuro es lo que ves que tener tus propios ojos cerrados-, no notas tu respiración, ni escuchas tus propios latidos de corazón, tragas saliva -o lo que crees que has tragado- pero no… no sientes tu garganta ni el discurrir de la misma por el esófago.

Otra maraña de preguntas asaltan tu cerebro, cómo, dónde, por qué, cuándo… ¿Acaso estaré muerto? Comienzas a combartir en un duelo contra ti mismo en el que surge la negación (no puedo estar muerto), la rabia (por qué esto me está ocurriendo a mi), la tristeza (estoy solo, no hay nadie) y la aceptación (sí… tal vez esté muerto). Te tumbas en ese ‘algo’ que no puedes palpar, cierras los ojos y comienzas a pensar, a pensar en aquello que hiciste cuando estabas ‘vivo’ y de aquellas cosas que quisiste hacer y no pudiste. Arrepentimiento, pesadumbre, aflición, pena… Es lo que sientes cuando dices “Pude haber hecho esto pero no lo hice”. Y tu mecanismo de imaginación vuelve a funcionar de nuevo: ‘¿Y si hubiera hecho tal, cómo sería yo ahora?’ ‘¿Qué hubiera pasado si hubiera ocurrido esto?’ Todos esos ojalá’s que discurren por esos pensamientos a la hora de dar rienda suelta a algo que llaman “deseos”.

Poco a poco vas clarificándote, y vas descartando esas cartas inútiles en espera de coger aquellas que necesitas para ganar esa partida contra tan retorcida pregunta. Hasta que coges la necesaria y te asombras a ti mismo, y dices: “¡Es verdad! ¡¿cómo no había caído en esto?! Si yo quería ser… … …”

— Suenan pitidos que irrumpen en tus oidos provocándote una reacción de enfado y asco. — Apagas el despertador y te levantas, ‘Vaya sueño más raro he tenido’ – dices. Pero…

… sigo sin saber qué ser en la vida.

.- Paranoias mentales made in Henxu.
2:44

Un comentario el “Ser “algo” en la vida.

  1. […] jornada… acabo de pasar la mañana, a saber cómo quedará la tarde y noche de mi vida… Intentando ser algo en la vida, sin ganas de seguir […]

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