Recordar lo nunca ocurrido.

“Un segundo más, un minuto más, una hora más, un día más, una semana más, un mes más, un año más… Una persona más en este mundo…” – piensas. “… en este totum revolutum al que llaman Tierra. Total, por que desaparezca yo, no va a pasar nada.” Pensamientos que hace mucho que no visitaban tu cabeza, tus sentimientos, tus formas de concebir la vida…

Kurt Cobain (que en paz descanse) decía: “Echo de menos la comodidad de estar triste”. Mi caso no es ese, pero en cierto modo se aproxima. Es a lo que en cierto modo has estado acostumbrado toda tu vida: lo gris, monótono y constante… es decir, no tener motivos para decir: “Borrón y cuenta nueva”.

Cuando se tiene ocasión de encontrar algo por lo que merece la pena, ya no solo decir: “Tengo que seguir adelante”, sino algo que hace que tu mera existencia aquí tenga un sentido; un sostén en el que apoyarte y continuar la única senda de la vida nos ofrece; la vida misma te lo arrebata. Y te da la sensación de que lo único que la vida hace es estar jugando contigo, como cual niño con sus nuevos juguetes, que cuando se cansa de ellos, en la basura acaban. “La vida es muy puta” decías, y te contestaban “Pues fóllatela”… Seamos realistas, joder…

Hace ya mucho tiempo que no recordaba esa sensación… De abrir la ventana y mirar hacia abajo. De notar otra vez ese vértigo psicológico…De crear en tu mente una imagen tuya cayendo en picado con los ojos cerrados, estampándote contra el suelo, y poder decir: ‘Por fin, desaparecí.’ Quedarte embobado contemplando la calle y de preguntarte una y otra vez: ¿Merece la pena seguir viviendo?

Vuelves de tu inopia, y te repites seguir sosteniendo el peso de la vida encima, pero tu ‘otro yo’ te dice: “Si tanto quieres desaparecer, házlo. Es sencillo: Abrir la ventana, sacar tu cuerpo por ella y saltar.” Pero de nuevo eres tú y niegas que eso vaya a ocurrir; te intentas auto-convencer de que eres lo suficientemente fuerte como para rendirte ahora, de que todo este sufrimiento no será en vano…

Quedas completamente escéptico de si algún día realmente conseguirás ser feliz mientras estás removiéndote de entre toda esta mierda, repugnante y asquerosa vida. Vivir no es tan fácil como aparentaban las películas hippies; por algo cuesta cuidar la vida y es tan fácil perderla…

Sin embargo, por mucho que intentas salir de esta situación, un sentimiento de impotencia de retuerce el cuerpo… y alma. De saber lo que tienes que hacer para que tú y las personas que te rodeen sean felices, pero de darte cuenta de que no puedes hacer nada para conseguirlo. De querer y no poder.

“Por qué… ” – te preguntas. Llevas contenido todo ello que quieres sacar hacia fuera. Te duchas… agua fría. Frío… hace frío. No notas nada más que tu propio cuerpo entero tiritando, tu mandíbula inquieta y tu mirada perdida. Temporal…

Entras en calor, el cerebro retoma su actividad. Por desgracia. Llegas al punto de no aguantar más y te vuelves a meter en la ducha… Agua fría, más fría todavía. Pálido, con el moquete saliendo de la nariz, con los ojos medio cerrados y temblando como un flan, te incorporas… Y recaes de nuevo.

Te planteas alguna manera de evadirte, de poder desahogar todo lo que llevas dentro. De hacer como hacías antes: Pegar puñetazos a la pared o puerta, hasta tal punto de dejarte fracturados los huesos de los nudillos. De tener esa parte de piel si no al rojo vivo, sangrando. De sentir dolor, dolor físico, dolor externo, de sufrir por ello y olvidar la agonía que te mata por dentro…
Sabes que existen otras miles de alternativas para ello, pero las descartas… Y hay un motivo por ello.

Porque concentrar tus esfuerzos en evadir los problemas no es la solución. Es temporal. No los notarás, pero esos problemas siguen allí. Si en vez de malgastar tu vida en evitar tus circunstancias, los usaras para afrontarlas… no estarías así.

… En cierto modo te recuerda a lo que decían tus padres de pequeño: “Si todo el interés que pones para jugar al ordenador los pusieras en estudiar y hacer amigos… no serías un desdichado”. Tsé… quién me lo iba a decir.

No tendré más remedio que seguir adelante como se pueda, de no echar abajo toda la torre que llevas construyendo toda tu vida. Mi motivo tengo. Tú.

– Dejar de caer, de ver el suelo cada vez más cerca. Volar… Sí, eso quiero, volar y librarme de estas cadenas que me atan.

– No Henxu… no eres un pájaro. No vas a volar, vas a caer. Lo importante reside en que no evadas la caída, sino que te levantes de ella.

Tercera ducha.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s