Stella

Con el nombre de esta canción de Kashiwa Daisuke, quería comenzar esta entrada. Y no por ninguna razón especial, sino porque es ideal para cuando estás triste, mares de ideas surgen por tu cabeza, arrastrando poco a poco tu estado de ánimo hacia sus entrañas. Son de esos pensamientos espontáneos que surgen mientras la melodía va entrando en tus oídos, de esos que no te da tiempo a plasmar en ningún lado excepto en la lápida del olvido…

La última semana ha sido un tanto confusa, resumiéndose en esa canción. Cientos de miles de preocupaciones e incógnitas surcando el interior de tu consciencia, que no hacen más que seguir dándole vueltas a la peonza una y otra vez ante temas aparentemente llevaderos para la gran mayoría de las personas; temas que para mi, tal vez no lo sean. Juegos de palabras y actitudes que no hacen más que tratarte como un títere, moverte según sus órdenes, actuar según su voluntad… Las palabras hacen daño… mucho más que cualquier daño físico, las heridas físicas cicatrizan, las emocionales… ¿quién sabe?

Es tan… ¿paradójico?, que las pequeñas heridas sean las que más duelan. Pensar que un conjunto mínimo de palabras puedan impactar tanto en una persona, ya no sólo por el contenido de las mismas, más bien por quién las dice o escribe. Ver esas palabras, escucharlas o simplemente oirlas de refilón… y comprimirte el corazón fuertemente, un dolor que a la vez no duele pero que aprieta y hace presión durante unos pocos (y eternos) segundos. Hacer el gran salto del cielo y acabar no sólo en el infierno, sino en lo siguiente. Esa sensación de angustia que vas a tener durante tus próximos segundos, minutos, horas… días… semanas… y que por poder, puede perdurar meses y años. Parece simple, ¿verdad?

Y si a eso le unimos la ‘duda’. Sí, esa muletilla conocida como ‘no sé’, que puede o no salvarnos de una o más ocasiones pero que en el fondo es la verdad, es la ceguera completa, desconocer hacia dónde caminar o qué sentir… Sentimientos que en esencia… forman ese motor de nuestra vida, ese predominio sobre lo racional y sensato, bestia indomable que corona gran parte de nuestro ser. Aquellos momentos en los que a pesar de estar pensando que lo peor que podrías estar haciendo es angustiarte por una tontería; no puedes evitar estar así, decaído, ausente, bajo en moral… Pensar muchas veces en vacíar la taza de las amarguras y llenarla de … cualquier cosa menos eso que acabas de tirar y seguir adelante, aun haciéndolo sin rumbo fijo, siendo flexibles ante todo percance que se pueda mostrar ante nosotros y sin embargo, acabamos cediendo ante el primer soplo de aire con el que nos encontramos…

Al fin y al cabo, dudar tampoco es malo… si no dudas, no te harías esa misma pregunta; y más vale descubrir tu propia respuesta lo antes posible. Son tantas y tantas cosas ante las cuales nos doblegamos por no saber cómo ni qué responder… Las preguntas tópico sirven mismamente, eso de ‘qué quieres ser de mayor’ o ‘a dónde quieres llegar en la vida’; preguntas a las cuáles todavía no he contestado. Si bien una de las que rondan mi constelación ultimamente : ¿De verdad quieres a esa persona, o es simplemente esa sensación de echar de menos estar con alguien lo que te hace quererla? … Esa rara dependencia que he adquirido en los últimos años, cuando este mismo chico antes había estado más solo que la una… Droga lo llaman unos, por eso de que una vez lo pruebas ya no puedes desengancharte; idiotez lo llaman otros, porque racionalmente no tiene sentido… Yo prefiero no llamarlo nada, supongo que el tiempo me lo dirá.

Vanas ilusiones te haces en tu propia cabeza, siendo consciente de que son sólo eso, productos de la imaginación que sabes que no se harán realidad, y pese a ello, son un motivo (temporal) que te ayudan a seguir pa’lante, o eso solemos creer hasta que la realidad derrumba nuestro castillo de naipes… cuesta levantar de nuevo todo lo construido, cuesta caerte siete veces y levantarte ocho… todo esto tiene un coste que ni los más ricos magnates del mundo pueden afrontar con su dinero.

Y el mundo continúa mientras tú estás estancado en tu mundo. Planeta de recuerdos, satélite de una gran estrella a la que llamamos vida. Momentos y momentos abundan tal lugar sin límites (el olvido). Tal vez de allí digan que nada de lo que sucede se olvida jamás… aunque no puedas recordarlo. Y lamentablemente aquí estoy, una vez más, retenido por mis recuerdos. Una vez más, sin saber a dónde ir, y aún así, la estoy buscando, esperando verla en cualquier lugar, en el cruce de una calle, en la esquina del quiosco, en la estación esperando al tren… deseos ardientes de que se de la vuelta y se de cuenta de que estoy aquí, de que existo y de que estoy para y por ella…

Pero a veces, tenemos que darnos cuenta de que hay ciertas personas que están destinadas a estar en nuestro corazón, pero no en nuestras vidas… sólo a veces.

Una semana más y Selectividad… no sé cómo lo he hecho este año, siempre en los días antes de las 3 evaluaciones que he tenido, he estado tan mal anímicamente que se hace imposible poder estudiar, lo que me ha jodido bastante las notas… me veo que la misma historia se va a repetir… de nuevo, y en esta, me la volveré a jugar.

A estudiar, o al menos, intentarlo.
Cheers.

23:53

Rumbos y caminos.

A veces ante la incógnita de qué dirección coger en el camino de la vida, nos surge esa sensación de malestar, de nerviosismo … días enteros sin poder dormir, aun cuando la fatiga puede físicamente contigo. Estando emocionalmente derrumbado, me espera una larga jornada… acabo de pasar la mañana, a saber cómo quedará la tarde y noche de mi vida… Intentando ser algo en la vida, sin ganas de seguir adelante.

Seguir caminando, siguiendo tu rumbo, tu mirada… tu sonrisa.

Primera línea. – Fin


Cuando queremos cambiar las cosas de sitio, de orden….cuando se quiere dar un vuelco a la vida, analizamos lo que se hace mal y lo que no se quiere repetir y pensamos la forma en la que debemos de actuar.
Todo esto significa escribir la primera línea de una nueva historia, volver a rellenar un folio en blanco partiendo desde cero con la pequeña y humilde intención de inventarnos una nueva novela.
El problema parte cuando después de la primera línea escrita, después de concienciarnos de nuestras nuevas intenciones, volvemos a escribir la misma historia de antes…

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Tras casi 8-9 meses, he acabado de comerme las lentejas, he terminado de graduarme en este árduo curso de 2º de Bachillerato entre agobios, depresiones, enfados, y cómo no, algún momento espontáneo de felicidad.
Poder llegar a decir : “Tengo el bachillerato y paso a Selectividad” es algo de lo que uno podría estar orgulloso, de saber que, el hecho de concluir esta etapa, te abre nuevas puertas al futuro… pero depende, depende de cómo hayas terminado. No es lo mismo finalizar con risas y carcajadas que con enfados y peleas.
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Ser optimista, aparentar cabrón.

22:30 – Tal vez sea la última entrada que escriba en mucho tiempo. Si bien escribo para mi (para algo es mi ‘espacio personal’), sé que hay gente que de una manera u otra se interesa o aparenta interesarse por mi vida. Y no, si no escribo no es porque haya muerto (quién sabe lo que me depara.)

Uno va teniendo 17 años… Estando escasos meses de cumplir la ‘tan ansiada por tod@s’ mayoría de edad y sinceramente, creo que prefiero ser menor; es tan cómodo, y que conste, no lo digo por huir de mis futuras responsabilidades. Y es que la vida es un ir y venir, cierto es que las prioridades del ser humano van cambiando conforme pasa el tiempo; pero esto es como un círculo… Si a los 3 años lo que se intentaba era no hacerse pipí encima, a los 18 tener el carné, a los 20 tener relaciones sexuales y a los 30 tener mucho dinero… a partir de determinada edad todo va yendo hacia atrás; a los 50 querrás seguir teniendo dinero, a los 60 seguir manteniendo relaciones, a los 70 seguir con el carné y a los 80 intentar no intentar orirnarte encima.

Echando la mirada atrás, casi todas las entradas que he ido escribiendo han sido por cuestiones personales, amistades, descontentos, relaciones, actitudes generales de la vida… Y llego a un punto en el que me vuelo a plantear: “¿Siendo así a qué aspiro?”

Nuestro efímero paseo por este escarpado acantilado al que llamamos vida no es más que una pantalla de cine. Para que sea un éxito taquillero, mostramos al público lo que ellos quieren ver; les enseñamos las mejores de nuestras sonrisas cuando por dentro lo único en lo que pensamos es llorar, morir y desaparecer de aquí.
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Sonreír. Te ofrecería miles de sonrisas… si transmitieran un mínimo de felicidad. Suena tan fácil mover unos músculos faciales y enseñar mínimamente tus dientes… pero tan difícil infundir cierta seguridad… Es tan árdua tarea para que de ese gesto emane una pizca de alegría sincera, para que de ese gesto se forje una confianza mutua…

Cuentos chinos nos llevan contando y como ilusos, nos los hemos creído. Somos humanos después de todo, compuestos por ideas y realidad… Pensar que siendo optimista se es capaz de superar cualquier dolor es más bien, una salvajada. Y cuando nos damos cuenta de haber cometido tal aberración, encontramos menos alicientes y menos razones para buscar el supuesto ‘bonito desenlace’ de tal historieta en la que formamos parte cada día. Ese ‘summum’ de felicidad que intentamos mostrar a los demás mediante la sonrisa… deja de existir.

No quiero que me enseñes a sonreír… sonríe tú. Yo ya aprenderé y si me quedo por el camino, al menos lo intenté.

20:38~

Pensamientos de paseos.

18:05

Tras un día rondando por los lares de lo friki, de lo cosplayero, de lo que a la gente ‘común’ le parece ‘raro’… de volver a ver a gente la cual no veías hace mucho, de sonreír y pasar un día agradable (dentro de lo que humanamente era posible) y de no volver a mirar atrás…

Hoy tocaba. Sí, tocaba recoger los frutos que sembré ayer. He vuelto a la rutina, de nuevo. Esta mañana, ante ese malestar que te provoca no tener ganas de absolutamente nada, decidí salir a dar un paseo; en teoría, el ir a una Expomanga era para liberarme y desconectar de la rutina, pero me da que no fue suficiente y he necesitado un día más.

Dar un paseo… qué poco común de mi. Si voy a algún lugar voy en bús, metro, coche o bici. Quise por un momento disfrutar de la ‘naturaleza’ dentro de Madrid (todo lleno de edificios, humo y estrés). Andar… Que tus pies se muevan solos siguiendo una senda, dándote igual a dónde te pueda llevar; el hecho de andar, sentir verde a tu alrededor, tranquilidad y sosiego, te libra de pensar en los quehaceres que tienes que realizar para mañana y de las preocupaciones que amargan tus risas y sonrisas. O eso creía.
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