Calabozos.

Tras haber estado (de nuevo) 12 horas fuera de casa, por fin llego a mi ‘dulce’ hogar. Este cansancio es inaguantable, duermo poco y se hace imposible no quedarse dormido en el autobús, en las clases… en cualquier lugar donde incómodamente puedas apoyar la cabeza sobre tus brazos y cerrar los ojos. Lo último que he hecho ha sido participar en una especie de “teatro” en el que hemos estado haciendo juegos, improvisaciones, y cosas así graciosas que despejan tu mente y animan un poco el ambiente.

También hemos tenido una charla sobre ‘Negociación’, es decir, un intercambio es : Yo te doy algo a cambio de algo tuyo. Y no es: Yo cedo algo mío para conseguir algo tuyo. En teoría estaba enfocado más a un mundo empresarial, pero no es complicado extrapolarlo a situaciones de la vida cotidiana en la cual negociamos, bien sea con los padres, conocidos, clientes, vecinos, etc… Una de las cosas que me he llevado de tal charla ha sido:

Mientras escuchas lo que te dice la persona con la que tratas, no juzgues. – Es decir, por muy bien que conozcas a alguien no pienses “Conociéndola (a esa persona), sé que me va a contestar esto”.

Lo que viene a decir, ser imparcial y no dejarse llevar por prejuicios; algo que me haría falta con lo complicado que soy. También dijo algo de cuidar las palabras que usabas a la hora de entablar una comunicación, pero no es lo mío.

Pero lo que más me ha impactado en cierto modo, aparte de ir a los Juzgados (no como inculpado… aunque debería) y ver más o menos cómo van los juicios (sin haber visto ninguno porque no había tiempo), los trámites y los distintos departamentos que conforman el cuerpo judicial; he visitado los calabozos. Sí, ese lugar donde encierran a las personas detenidas, sean o no culpables de un acto, durante un tiempo máximo de 72 horas hasta que pase a disposición judicial o sea ‘liberado’.

Celdas de unos 3 metros de largo y de ancho en pleno sótano (planta -2), con un poyete de cemento y nada más que una bombilla allí dentro (aparte de un pestazo bien ‘agradable’); cuya única salida es la puerta metálica que protege a los detenidos de escaparse. Todo ello custodiado por varios miembros de la policía en el exterior. El auxiliar judicial nos explicó que un policía podía detenerte ‘sin razón aparente’ y mantenerte allí encerrado durante 72 horas; están en su pleno derecho.

Yo me pregunto. ¿Si yo tuviera que estar ahí dentro durante 72 horas, qué haría?. Me volvería loco!. Estar en un espacio cerrado, sin nada, sólo con una bombilla que ilumina el zulo, durante 3 días… creo que me hará bastante falta; 3 días para recapacitar sobre lo que he hecho, con “todo el tiempo y tranquilidad del mundo”, tumbado en la cama del Paleolítico mirando al techo pintarrajeado mientras un cúmulo de pensamientos surcan mi cerebro. Ajam, definitivamente me volvería loco y me encerrarían en un manicomio, si ya no estoy loco de por sí.

Y a pesar de todas estas distracciones y actividades que he ido teniendo y haciendo a lo largo de todo el día, se ha hecho imposible no dejar de pensar en una persona… Joder, dos días y es … sentirse jodidamente mal, como deteriorado, dolido, con un sufrimiento constante que no te oprime el corazón sino algo más, el alma. Las falsas sonrisas con las que ocultar mi malestar van perdiendo su efecto y se quiera o no, hasta te preguntas para qué sonreír si vas a acabar en la ducha llorando y maldiciendo al cielo como un poseso de todo lo que has hecho (hasta oyes cómo tus vecinos te toman por loco). No es que quiera volver a un pasado y arreglar las cosas, tú hiciste lo que debiste.

Supongo que tendré que pedirle “amablemente” al señor policía si me puede invitar a dormir en su habitación para invitados. Tal vez me sirva. Tal vez sea necesario. Tal vez haya sido un idiota… de lo que estoy seguro es que:

Te echo de menos, y mucho.

22.00

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Un comentario el “Calabozos.

  1. Lia dice:

    ¿Quedarse a dormir en una celda voluntariamente? Nunca lo hubiera pensado. Bueno, si lo pruebas y resulta ser un remedio efectivo para curar las penas, avísame ;).

    En cuanto a lo de dejar de pensar en alguien… Es mejor no dejar de hacerlo, porque si tratas de olvidarla te acordarás de que intentas olvidarla y al final no sirve de nada. Vamos, que hagas lo que hagas la recordarás.( Se me da bien esto de levantar el animo, ¿no?)

    Ya que la vas a seguir recordando, recuerda solo lo bueno o al menos inténtalo.

    Saludetes.

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