It turned out to be the same story.

De todos es sabido mi tremenda afición por ver los amaneceres. Sí, de estos insomnios que te dan de vez en cuando cada cierto tiempo (debe ser) que hace que no consigas pegar ojo ni pa’trás y no tienes otra cosa que irte al balcón a ver el paisaje madrileño tras haber estado un buen rato revoloteándote en la cama. Y esto sólo suele ocurrir cuando algo me preocupa demasiado o cuando me “rompen el corazón”.

Y esta vez, han sido ambas cosas juntas, el cóctel perfecto. Suena cursi eso de que te rompen el corazón, pero no tengo otras palabras para definir qué coño ha ocurrido esta noche para no poder pegarme a la sábana. Todo suena muy bonito cuando las cosas van bien, pero no siempre van bien; pensando que una relación es cosa de dos y pum! le salen dos cuernos que no se ven ni en los sanfermines. Si no conociese cómo es, tal vez lo hubiera pasado por alto… o quién sabe, tal vez me hubiera jodido aún más.

Todo ha comenzado muy rápido y ha terminado de la misma manera. En un mismo mes hemos llegado a no dirigirnos la palabra, reconciliarnos, salir de nuevo y cortar; para rodar una película vamos. Apenas dos semanas desde que dijo que cambiaría, que afrontaría las cosas con la verdad por delante y que quería estar conmigo; vaya, palabras que caen en saco roto, qué familiar me suena esto. Normalmente, se dice que del dicho al hecho hay un trecho y es porque los actos valen muchísimo más que meras palabras; y aquí ha ocurrido exactamente lo mismo, un sólo hecho ha demostrado que todo lo dicho no era importante.

Demuestra que no soy una razón lo suficientemente importante como para tenerme en cuenta y comenzar algo propiamente ‘serio’. Para qué si ‘da igual’, si iba acabando por tirar todo por la borda; como se solía hacer después de barrer: toda la mierda, por la ventana. Esto mismo ya lo había hecho con personas anteriores a mi, pero qué más da, uno más uno menos; y esta vez me ha tenido que tocar a mí, como si no tuviera suficiente de que no me toque la lotería. Eso sí, ha tenido un detalle de hacer lo que le pedí, de ser sincera conmigo; tarde, pero lo ha sido, cosa que agradezco y valoro mucho; las cosas podrían haber ido a peor si no lo hubiera hecho… mejor dicho, las cosas ya no pueden ir a peor.

Sí, metiste la pata hasta el fondo. Has conseguido derribar lo que ambos habíamos construido en este tiempo de amistad, completamente a cenizas, supongo que no queda otra que felicitarte. ¿Estarás contenta con lo que has hecho verdad? Ya me resulta poco creíble lo que digas, no me entra por la cabeza cómo puedes decir “te quiero” y hacer eso, o decir que me aprecias cuando ya lo has hecho. A veces incluso me ha dado por pensar si de verdad en el periodo que quise olvidarte me echabas tanto tanto de menos para que luego me hicieras esto. No es por medir tus palabras, sino cumplir con lo que dices.

Yo para ti he dejado de existir. Has pasado de serlo todo a no ser nada y no porque no merecieses la pena; todo lo contrario, eres única y peculiar; difícil encontrarse a una persona así; con el corazón en la mano te digo que eres especial, pero supongo que este ha sido el precio a pagar. Me gustaría poder enterarme algún día de que de una vez por todas por tu cabeza ya no pasen ni el morbo ni el sexo por encima de aquellas personas que te han querido y lo siguen haciendo; y en caso de que se haga, que no sea demasiado tarde… aunque conmigo, tal vez ya lo sea.

Pensaba que llegaría a las 200 palabras para final de año en tu bonito diccionario, que haríamos alguna escapada o que fuéramos todos al nuevo chalé del señorcito que se ha mudado; pero no va a poder ser. Por mi parte supongo que seguiré trabajando en la mierda de trabajo que tengo para cubrir los gastos la matrícula, es mejor así verdad? Qué mejor que sentirse solo y estar hecho mierda mientras ves por la gran ventana del bar a grupos de gente yendo con cara sonriente al parque de atracciones; y que siquiera te pases estando a meros diez minutos de tu casa… ¿Para qué verdad?

Esto se ha acabado. Sinceramente te deseo lo mejor.
Que te vaya bien, Miss Carrusel.

I love you, but farewell.

8.51

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