El club de los poetas muertos.

Por un momento me apuntan espadas
no dejan de ser innecesarias
solo me recuerdan lo que tu no hicistes
y lo que yo ahora tengo que hacer

Ya puedes empezar, a reinventarte los galones
de tus mil batallas, que de nada te van a servir
porque a lo mejor te tengo que recordar,
que estoy aquí por tus deseos.

Y a lo mejor me tengo que revelar,
y montar el club de los poetas muertos
y ser su presidente, para que veas que yo estaba en lo cierto,
que no es mas feliz quien quiere si no quien puede,
y yo así no puedo serlo.

– Mr. X

poetas muertos. clases?

15.11 Starting a whole new life in a few days. Good luck.

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Unsleepable nights.

Escucho un sonido extraño y constante que me hace despertar de mi aún no tan profundo sueño. Miro las agujas fosforescentes de mi reloj en plena oscuridad, marcan las 3:58. “Vaya, solo he dormido tres cuartos de hora.” – Me digo a mí mismo. Sigo escuchando el ruido que me ha despertado, era el ronroneo del ventilador del portátil, que está averiado. Ahora recuerdo que mañana venía el mensajero a las 9 o 10 para llevárselo al SAT, no sé cómo me voy a poder levantar… Eso de estar la penúltima semana de tus “vacaciones” sin ordenador, que más que vacaciones han sido días laborales, es un suplicio.

Me levanto lentamente (y todavía con empanamiento de sueño) de la cama y con el brazo izquierdo alcanzo el interruptor para encender la luz. “AH, JODER!” – sí… mis ojos, por un momento me he sentido como un vampiro, vulnerable a la luz, noctámbulo de por vida. Tras tal grito que casi despierto no sólo a mis padres sino a todo el vecindario, me pongo de pie poco a poco, encamino hacia el baño no sin antes ponerme las zapatillas de andar por casa (en verano…). Abro el grifo y pongo las manos como para pedir limosna, relleno, agacho un poco la cabeza y splash, en toda la cara. Un poco más despierto.

Me miro al espejo y no veo más que un individuo con pelo corto y cara pálida, de haber conciliado poco sueño y con unas ojeras que casi le llegan al tobillo. La cara de sobado no me la quita nadie, el susto del espejo al reflejar tal engendro tampoco. Apago la luz del baño, vuelvo a mi habitación y me siento en el borde de la cama mirando hacia la pared, en la que tengo diversos posters pegados: Gran Turismo, coches, torneos y salones de manga, grupos de música y videojuegos… Embobadamente miro fijamente al vacío; que cómo se hace eso? No lo sé, pero lo hago. Llevo días sin dormir ‘bien’, o tengo sueños aterradores o pesadillas interminables…

De repente mi mecanismo cerebral comienza a funcionar; ¿por qué me he despertado? Ah sí, el ventilador. Luego apago el ordenador, que siga haciendo las back-up. Mientras me pongo a leer un poco de Barrio Lejano ya que no puedo dormir, una chispa se pasa por la cabeza como por arte de magia. Una imagen… ¿De dónde era? ¿Cuándo la he visto? ¿De qué me suena?… Despego mis ojos de la pantalla, levanto la mirada hacia el lobo plasmado en óleo con la cabeza asomada por un hoyo aullando en mitad de una noche de luna llena; pienso: “¿Dónde compré esto?” … Retomo y me acuerdo, pero, cuando lo compré no estaba sólo… ¿Con quiénes estaba?

Numerosas caras dan círculos imaginarios alrededor del óleo y poco a poco van desvaneciéndose unas pocas, y al rato otras tantas. Sigo dudando y me vuelvo a hacer la pregunta. Al rato, otra chispa enciende la casi apagada bombilla alojada en mi mente. Ya sé, ya me acuerdo; o eso creo si la memoria no me falla. Fruto del acumulado sueño, pego un bostezo y pienso que mejor sería volver e intentar dormirse de nuevo si mañana quiero despertarme (pronto).

Ya habiéndome tumbado en la cama, a la par que veo la oscuridad retenida en mi habitación, esbozo una leve sonrisa mientras poco a poco voy cerrando los ojos.

It was just a dream though.
4.58

Un lápiz de tinta invisible.

¿Cómo se empieza a escribir una historia desde cero? Admiro a toda esa gente que es capaz de escribir una nueva página con tanta facilidad…Parece que es lo más normal, ¿por qué para mí es tan difícil? Porque no puedo coger simplemente el lápiz, la página e intentar ponerle un título y narrar el prólogo, pasar al primer capítulo,…y puede que ocurra que el libro se acabe o que no tenga final, en cualquier caso, tan solo bastaría con cerrarlo, y comenzar otro o borrar algunas cosas y cambiarle el final.

Pero yo no puedo, yo puedo empezar a subir y a subir y a subir, y cuando es el momento de ponerse a gritar como un loco es cuando paro, me modero, y advierto…oye, puede que no sea la hora de escribir el libro, quizás sea mejor esperar a una idea mejor, o quizás esta idea me sobrepasa.

Sea lo que sea, acabo mirando con recelo como acabo tirando el folio , en el que estaba a punto de rellenar una carilla, y lo único que se me viene a la mente es, ya cogeré otro, total, hay miles y tengo tiempo…o quizás es que esa idea sea para otro escritor.

Puede que esta noche escriba algo…o quizás puede que vuelva a cortarlo y lo cierre y se acabe, hasta que me vuelva a llegar una chispa de luz, que pueda volver a desaprovechar.

– Mr. X

It’s time to be guilty and rest… maybe not.

El tiempo pasa rápido… Vaya que si es fugaz, en un abrir y cerrar de ojos ya han pasado ocho meses desde que dieron las campanadas de año nuevo. Y yo que pensaba que iba a pasar unas merecidas vacaciones visitando lugares inéditos para mi (que no son más que ciudades españolas a las que casi todo el mundo ha ido más de una vez en su vida) tras terminar el año académico, cantidad de problemas como estrellas hay en el cielo han hecho de mí no un chino viajero sino un chino ‘currante’; espera, ¿no había un refrán relacionado con eso?

Tras haber terminado mi mes como camarero; pensaba que al fin podía tomarme un respiro y hacer de esas cosas que escuchas que se hacen en verano, vana ilusión que allí se queda. No han pasado más de 4 días desde que dije a mi tío: “Hoy termino” y ya estoy trabajando de nuevo; esta vez en mi tienda… echaba de menos el olor del pan haciéndose en el horno, pero ya no lo recuerdo como aquél que desprendían las panaderías de antaño; ese que te hacía rugir las tripas mientras ibas hambriento de camino a casa. De todos modos, no me importa, estos días que voy a trabajar será para que mis padres se permitan unas ‘mini-vacaciones’; dos días para mi madre, dos días para mi padre y no, no pueden cogerlas juntos porque la tienda no puede cerrar. Dos días de vacaciones en los 365 que tiene el año… y yo quejándome.

Estos días he vuelto a ‘activar’ mi modo de observación del entorno en el que intento desenvolverme, en el bar, en la tienda, en los amigos, en las historias que éstos últimos me van contando… En todos ellas, hay alguna pelea de por medio y en todas, alguien tiene que tener la culpa, sí o sí; sin excepciones ni rodeos. Si no es entre borrachos es entre camareros y si no entre parejas, amigos o amigos de amigos o amigos de amigos de amigos y similares.
月亮也会哭的
Por supuesto, una observación sin una posterior reflexión es como un lápiz sin punta; no sirve para nada. Y qué mejor momento que estar tumbado en la cama con insomnio y el ventilador a 5 centímetros (por segundo?) de ti para combatir el sofocante calor del verano y pensar en lo que ha ido aconteciendo últimamente. Como dije, todo se rige en torno a una palabra: “Culpa” o culpabilidad o “marrón”. En cualquiera de las discusiones anteriores, se cree que una de las partes tiene que tener la culpa; los ebrios se encaran porque ‘se han metido con él’, los camareros porque uno trabaja más que otro y cobran lo mismo, los amigos por conjeturas que no se cumplen y las parejas; son un universo aparte.

Ese estado de ceguera mental que impide ver más allá de tu propio ombligo, exculpándote mientras te haces parecer el inocente y culpando al otro con razones infundadas que aparentan ser justificables y razonables. Y es que somos así (sí, yo me incluyo), somos humanos; y como tales – (con acento ‘pijo’) nos encantan – las mentiras que van cargadas de verdad. Una total obstinación que a nosotros nos parece algo sin sentido y al otro totalmente lógico y viceversa; y si no, preguntad a los seguidores tanto del Madrid como del Barça sobre lo que ocurrió ayer; ideas incompatibles que por más razón y paciencia que pongas de por medio acaban mezclándose entre sí, formando una amalgama de puñetazos, insultos y dedos en el ojo.

Ojalá el asunto acabara allí, pero no, como nos creemos el rey del mundo, el que tiene razón porque sí, solemos negar las culpas que nos tiran encima y con ello recriminamos a la otra parte por sus acusaciones irreales de hacernos parecer el malo de la película. Si ya nuestra soberbia y orgullo nos impide decir las dos palabras mágicas de ‘lo siento’, no esperes que te digan un ‘ha sido culpa mía’ porque para esa persona la culpa será tuya. Hay casos en los que algo termina ‘bien’ y se arreglan las diferencias; hay otros que acaban a regañadientas y otros que simplemente se alargan ‘por tiempo indefinido’ o ‘hasta nuevo aviso’.

Ahora, muchas disculpas suenan a cuento … ¿chino? Promesas rotas y palabras en saco roto nos hacen que una y otra vez, nos recordemos que el escepticismo si bien muchas veces no nos lleva a buen puerto, pero otras muchas veces nos salvan de un buen tirón de orejas. Creo que el problema reside en que se tiene un miedo a ser consecuente con sus actos; no queremos sentirnos culpables de algo y por ello le echamos el marrón a otra persona; aparte de que pecamos de no saber pedir perdón … o pedirlo demasiadas veces…

Me quedan meros minutos de descanso antes de que vuelva a trabajar, creo que voy a tomarme un respiro. O no…

17:11

Los sentidos… Y el olor

Estos últimos días son la hostia. Cuando uno da ya por asumido que el desamparo mismo es un “compañero” de la vida, poco a poco va aprendiendo a disfrutar de distintos momentos de la vida de manera solitaria, sin compañía de nadie… A pesar de que en el fondo lleva inherente la deplorable soledad.

Cuanto más sólo se está, en cierto modo, más desarrollamos nuestros cinco (o seis) sentidos. No es que mejoren, sino que te percatas más de las sensaciones que se presentan a tu alrededor… Obviamente, también de las cosas , y cómo no, de las personas. Es como si nos diéramos cuenta de que vemos (aunque tengas una miopía del quince), o de que oyésemos mejor (aunque seguramente estás más sordo que el anciano del primero)… son sensaciones que no afloran cuando no centras tu atención en ellas (sea voluntaria o involuntariamente).

La cantidad de veces que no habremos añorado el suave tacto de la piel o estar atontados viendo los ojos de esa persona que tanto apreciamos y queremos; esa sensación de querer estar con ella porque estimula inconscientemente tus sentidos y sobre todo, porque hay algo; invisible, que te atrae hacia ella dándote esa sensación de comodidad que supuestamente, sólo te daría esa persona.

Quién sabe, otras muchas veces echamos de menos no sólo un hecho que tenga que ver con un sólo sentido sino con más de uno; a la hora de darse un beso se puede notar tanto el tacto y en mucha menos medida (y suene repugnante o degradante), como el gusto con la saliva de la otra persona; o la vista y el oído mismamente mientras le miramos hipnotizados debido a su encantadora voz y demás asuntos empalagosos que no vienen a cuento.

Lo más fácil de complacer suele ser la vista, supongo. A las personas las puedes ver con los dos ojitos que tienes en la frente, bien en vida real o bien en formato “foto-tuenti” que es lo que la gente hace ahora; nada de fotos físicas ni marquitos porque ocupan espacio y es anticuado, o eso dicen. Así que sí, las fotos son una medicina para saciar el hambre… visual. Es cierto que existe una tal frase que afirma: “Es que no es lo mismo ver una foto que ver a una persona en la vida real”; cierto… pero tranquilízate, para algo tienes la imaginación.

Lo segundo supongo que podría ser el oído, pero lo tengo en el segundo puesto en el ‘orden de prioridades’. No suele ser difícil encontrar algo que contenga la voz de una persona: un vídeo, una grabación o similares… (sí, lo de similares ha sido para quedar “bien, creo que no se me ocurren más cosas); y de nuevo; imaginarse (la voz) suele ser una buena solución aunque muchas veces el ser humano tiene la tendencia a exagerarlo y a hacer del grano de arena, la montaña. Como dije, es la ‘segunda’ cosa más importante (por decirlo de algún modo) que diferencia una persona de la otra; cada uno tiene su tono y su timbre; más agudo o más grave, más fino o más ronco… quien sabe, al fin y al cabo, si viene de ‘esa persona’ acaba siendo melodía para los oídos; llegando muchas veces al extremo de echar su voz de menos!

Con respecto al gusto y al tacto, las cosas se complican bastante. Seguramente sea lo más difícil de satisfacer. No solemos remediar en cómo “sabe” la otra persona, o al menos yo; pero sí bastante más en lo que es el tacto de su piel; suave o áspera, fría o caliente, rígida o relajada… gran parte del tiempo las capas que nos ponemos encima a las que llamamos “ropa” impiden apreciar del todo esas sensaciones; por lo que o nos ceñimos a cara-cuello-manos o nos despelotamos y empieza la ‘fiesta’.

Pero aquel (sentido) en el que más suelo reparar es en el olor. En cierto modo, desde mi plena perspectiva de ignorante; considero que es lo que más… “marca” a cualquier persona; ese criptograma en forma hilillo de aire que entra por nuestras fosas nasales y que nuestro cerebro intenta descodificar inmediatamente tratando de identificar a qué o a quién pertenece tal aroma. ¿No os ha pasado eso de que vais por la calle y de repente oléis una cierta fragancia y que al segundo os giráis a ver si ha sido “Menganito” quien ha pasado por ahí? Con esto no me refiero que cada vez que vayas a ver a alguien estés olfateándole como un chucho (que si quieres puedes, ahora, que te lleves una hostia, también), sino que es más bien percibirlo porque se nota, mucho.

Últimamente, cada vez que me acuesto, noto una especie de sensación de bloqueo mental, porque hay algo que me noquea y me deja tuerto; una especie de fragancia proveniente de un peluche, que con sólo inspirar una pizca, se activa un inmenso mecanismo mental dejando escapar a recuerdos que acaban por atormentarme; los músculos comienzan a retorcerse como mecanismo de defensa y me encojo como un bebé con la manta cubriéndome entero como si fuera a protegerme de los monstruos que tendría que matar… Ríos de líquido invisible en la oscuridad y salados al paladar comienzan a discurrir buscando un lugar donde desembocar mientras arden la piel…

Y es completamente paradójico porque ante tal dolor, parte de mi conciencia sigue queriendo volver a oler esa fragancia; sería algo así como el tabaco para los fumadores; lo ‘necesitan’ pero a la vez les matan por dentro… A veces, muchas veces, sigo intrigando en mis entrañas cómo “olerían” determinadas personas que llegaron a mi vida y no he podido ver.

Creo que sigo teniendo cortes que tienen todavía que cicatrizar, dicen que la sal ayuda a ello; ¿por qué no pegarme un baño final en el mar? Nadie me dijo que todo mi yo era una herida.

Paranoias sin sentido a las 6:11 de la mañana, buenas noches.

Del pelo al pasado.

En estos días en los que no hago más que levantarme, dar clases de conducir, comer, trabajar … ah! y dormir poco; estoy empezando a dejar de cuidarme. Apenas desayuno ni como y si ceno, ceno mal (y no en el sentido de que ceno comida basura, sino que me entra poca cosa al estómago). Mi habitación está hecha un desastre, ropa tirada por todos los lados, restos de blu-tack en la pared sin quitar, casi todo lleno de polvo (y eso no excluye a mi colección de cubos…), libros tirados por el suelo, la papelera a rebosar y el escritorio lleno de cosas que tendrían que estar en el baúl de los (de momento) medio-malos recuerdos. Sí, estoy hecho un desastre, y ya va uno.

Hago las cosas sin ánimos, estoy todo el día en la inopia (si ya no lo estaba de por sí…), tardo en bajar de las nubes y he adoptado cierta actitud de pasotismo tremendo. Lo que es más, los cabreos que llevo encima los suelo pagar con mis dos (“inocentes”) hermanitos… y si no están, con mis padres, si no, empiezo a lastimarme; eso sí, “sólo” recurro a ellos cuando no tengo la ducha de agua fría (o similar) disponible; de allí la fiebre que llevo arrastrando estos dos días. Desde que comencé a trabajar empecé a sentirme – cada día más -, más solo que la una y se nota… já, quién me lo iría a decir si no fuera yo mismo. Mi vida es otro desastre; ya van dos.

*guay, y el reproductor de música no tiene otra canción que ponerme que “El hombre que casi conoció a Michi Panero* Estando así, todo sale mal, obviamente. Broncas por doquier, regañinas a mansalva y enfados innecesarios. Noto como poco a poco las agujas del reloj me van ahogando, sintiendo que me falta tiempo… bastante tiempo y eso empeora mi estado de ánimo estando a exactamente un mes de que comience la universidad… Oyendo cómo el ‘tic-toc’ de un reloj imaginario va retumbando en mi conciencia. Necesito paciencia y tomarme un respiro, se nota que para ciertas cosas tengo demasiada paciencia y para otras nada; y no es que el abrir el buzon y verlo lleno de facturas a pagar me alegre el día. Menudo estrés…

Lo que más me ha llamado la atención ha sido esta mañana al verme en el espejo mientras me estaba cepillando los dientes; yo seguramente estaba dormido, pero mi reflejo parecía que venía a visitarme desde el mundo de los orcos. El pelo… por dios, el pelo. Una de las cosas que me ‘caracterizan’, aparte de estar hecho otro desastre (y ya van tres), había como crecido por arte de magia o esa fue la sensación que me dio. Una circunferencia… círculo… bola… Había pasado bastante tiempo desde que no tenía el pelo así de ‘champi’; y no me agradaba mucho. Por un instante tuve una especie de flash-back en el que me veía a mi mismo en toooooda esa época en la que era un cabezón (tanto por la cabeza como por la masa de pelo) y para nada era agradable. Por ciencia infusa pude percatarme no de una similitud sino de un indicio así como: Si sigo así, volveré a ser quien una vez fui.

Y no… no quiero ni apetece volver a esa etapa de amargura. Tendré que comenzar a re-ordenar mi habitación, y por qué no decirlo, mi vida. A veces hasta pienso que sin mi pelo no sería nadie y mira que el mundo no está plagado de asiáticos… Tal vez tenga que cortármelo, sólo tal vez. Mejor voy a dormir.

4:21
The reflection of yourself

STFU

A veces, … muchas veces, cuando me mandan que me calle, hago caso omiso a sus exigencias y digo lo que pienso; les guste o no… todo es discutible, argumentable y, en muy pocas ocasiones, razonable. No hace falta ponerse a gritar para defender algo, ni ponerse de mala hostia, ni empezar a pegarse de hostias por imponer lo que uno piensa … hechos que lamentablemente, no suelen llegar a ningún lado.

De todos modos, es lo que el horno decide… unos panecillos salen más ‘blanquetes’ y otros más ‘tostadetes’ y de allí el problema. Más que problema, es falta de perspectiva, comprensión y empatía; pues, si todos los panecillos saliéramos iguales, ¿dónde estaría la gracia?

Tal vez sea mejor callarse y parecer tonto, que abrir la boca y despejar las dudas definitivamente.