Ni que fuera queriendo.

Cada día nuevo que trabajo en el bar puedo decir rotúndamente que aprendo algo nuevo, y no son lecciones que me da la vida; tampoco sé cómo considerarlo pero de fijo es algo de lo que puedo aprender. Hoy de hecho, no ha ocurrido nada distinto de los demás días, es más, casi todo sigue igual. Los mismos clientes, los mismos pedidos, las mismas copas… de vez en cuando viene una pareja, un grupo de amigos, alguien solo… a tomarse algo; de esas personas que ves y que seguramente, no verás en la vida y si los ves, ni te acordarás.

Al poco rato de llegar yo (tarde… de nuevo, culpa de la página de la EMT; y no lo digo por exculparme), vino una joven rubia; más seguramente originaria de Europa del Este que suele pasarse por aquí, tomarse una caña, salir a fumar un ‘piti’ e irse. Se sentó en la barra, al lado de un señor llamado Martín (cincuentón) al que le he cogido un aprecio tremendo en estos días… y al poco rato empezó a conversar con él. Algo raro puesto que no solía charlar con nadie, siquiera con el camarero (yo) ni con el jefe. Pero hoy he visto que se acercaba a tal Martín y le estaba preguntando algo que yo no conseguía oír gracias a un ancianete semi-borracho a las seis y media de la tarde.

Estuve observando de reojo un buen rato y vi que en medio de la conversación, a la chica se le cambió la cara de repente… como si hubiera ocurrido una desgracia. Luego me mira a mi, y yo hago como si siguiera trabajando. Al rato se levanta, iba a salir a fumarse su cigarro… sin antes acercarse a mi y preguntarme con sonrisa de mejilla a mejilla:

+ “Oye, ¿tú necesitas que te haga un masaje?”
– … *y ya empiezo pensando mal* “No, no me hace falta ¡gracias!”
+ “Es que trabajaba en un hotel haciendo masajes a los clientes… *yo sigo pensando mal*… y han echado hace medio mes. Hasta que encuentre trabajo intento realizar esto de manera particular, no hay dinero en casa.”
– “Vaya… qué lástima. *Sus ojos se apagan* Lo siento mucho. Si conozco a alguien que necesite, te aviso.”
+ Muchas gracias. Coméntales que me desplazo a su domicilio si hace falta… Ah! Y también que ofrezco un “Masaje especial”; el masaje tradicional no da pan para comer…”
– “¿Especial?”
+ “Sí… bueno… ya sabes… … cama y eso…”

Y salió como un rayo sonrojada por la puerta con el cigarro y el mechero entre los dedos. Yo me quedé perpléjico durante un rato, y no por la proposición (que la gente ‘normal’ llama indecorosa) sino por el tono de voz tan angustiado y desesperado que tuvo tras mi negación. Sería muy inhumano decir esta vez: “Piensa mal y acertarás”; ya que visto desde otra perspectiva, esa chica ‘no tenía otro remedio’.

Desde un principio y por su apariencia pensé que se dedicaría a algo relacionado con el mundo de la prostitución y lamentablemente no iba mal encaminado; si bien sus gestos, mirada y voz me indicaban todo lo contrario: No ha empezado a dedicarse a ello hasta que la echaron del trabajo. Esa exasperación de llegar a vender tu propio cuerpo y que te traten como a un objeto de satisfacción sexual con el fin de conseguir algo de dinero para subsistir… Si lo hiciera por gusto o vocación lo entendería, pero ciertas condiciones han ‘forzado’ a que la mujer esté en esa situación. Desconozco por completo a esa persona y su entorno, y ni aún haciéndolo sería nadie como para decir nada.

Mis esquemas mentales se torcieron, algo me incomodaba; yo lo tengo “asumido” por haber nacido aquí, pero es como si le contaran un chiste racista de mal gusto a una persona de ‘color’ sólo por el hecho de ser de ‘color’. Una cierta impotencia me quemaba por dentro, y recordé que mi madre una vez me contó que hay muchas situaciones en las que, por más que quieras no vas a poder echar una mano y que te llenarían de impotencia y sentimiento de injusticia; aunque el verdadero incendio era otra cosa…

¿por qué? ¿por qué se me había formado ese tabú mental? Creo que no hay otra razón más lógica que el convencionalismo, es decir, es como afirmar que un chico gordete y con gafas es un friki, una chica con escote y minifalta es una puta, un juguete de los ‘Todo a cien’ es de mierdera calidad, una persona bien trajeada tiene mucho dinero, la gente que se relaciona contigo es por puro interés o incluso que todos los chinos ‘la tienen pequeña’. Sí, todo eso ocurre en la mayoría de los casos y tal vez de la costumbre se nos haya formado dicha imagen mental que no se asemeja en nada a la realidad…

En esencia; Prejuicios, perjudiciales. Lamentablemente, prejuzgamos a la gente que nos rodea de manera inconsciente… ni siquiera la frase de que “No hay una segunda oportunidad para dar una primera impresión” sirve como excusa.

Algo que cambiar, algo que remediar en mí…
Trying to find a way, getting better everyday.
4:32

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