De repuesto.

Cobrar vida con la luz del Sol y ser incapaz de moverte sin que ella te alumbre. La mayoría de los seres humanos son asi: viven de día, descansan de noche (o eso creo). Hay excepciones, como quienes trabajan de noche, son noctámbulos, tienen problemas para dormir o simplemente duermen… y no despiertan.

Yo no sé a qué grupo pertenecer hoy. Son las siete y media de la mañana, los autobuses ya han comenzado a circular, el cielo sigue oscuro y mi cabeza sigue dudando entre seguir mirando al techo sin concebir sueño o empalmar el día y darme un paseo matutino. Son ese tipo de dilemas existenciales que surgen cuando uno ya no sabe qué hacer para afrontar su propia locura, aunque eso sí; lo que más noto es el rugir de mi estómago. Y no, no pienso comer nada por mucho ruido que haga el muy ‘jodío’.

*Paréntesis: Mi hermanito se acaba de despertar, ha entrado en mi habitación y me pregunta que por qué sigo despierto. Ojalá pudiera saber por qué*

Hoy en clase, entre otras cosas como dormirse, intentar comprender las lecciones y atender; he visto un documental sobre la pena de muerte en Estados Unidos. El ‘protagonista’ del vídeo es un reo que lleva casi veinte años encerrado en el corredor de la muerte, esperando a que le digan la fecha de su ejecución (pues está sentenciado a muerte). Él comenta que una vez se sabe el día en que uno va a ser ejecutado, se es incapaz de pensar más allá de la fecha señalada; la mente se bloquea e intenta asimilar que a partir de este día se marchará de aquí.

Entonces comienza una pesadilla en forma de tortura psicológica, ya da por asumido que será hombre muerto y que ese día, vendrán cinco hombres junto con las tres jeringas que le inyectarán para ‘adormecerle’: Una primera con somnífero, una segunda para paralizar el diafragma y los pulmones y una última para paralizar el corazón. En teoría, sólo se tendría la esperanza de que unos momentos antes de la ejecución viniera alguien a comunicarte que estás absuelto… Pero como las cosas pueden ir a peor, irán a peor. Y, en vez de decirte eso, te informan de que han aplazado la fecha de tu ejecución.

Uno en teoría se alegraría si tuviera unos cuantos días, meses e incluso años más para vivir; pero si te lo dicen allí, uno sabe que va a seguir encerrado en el corredor de la muerte hasta nueva orden y comenzará a sufrir esa pesadilla de nuevo. Si ya de por sí se hace difícil aguantar el momento en el que te dicen: “Tal día se procederá a su ejecución”, imagina si te lo dicen dos veces… Al protagonista ya le habían prorrogado su ejecución más de diez veces.

Esto me recordó a un conocido al que le había ocurrido casi lo mismo, extrapolado al ámbito de las relaciones personales. Todos estamos sentenciados a muerte desde el momento que nacemos, la cuestión es que ni sabemos cuándo ni cómo, siquiera si de forma natural o mediante inyecciones – cualquier otra manera-. El caso es que esa persona se encontró con el ‘amor de su vida’, a modo de flechazo se conocieron y comenzaron a estar, cada vez más, juntos… ya va una.

A medida que fue pasando el tiempo, se fueron conociendo el uno al otro. Cuando me encontraba a la pareja por la calle, les veía a ambos muy pasionales y con una sonrisa de lado a lado. Yo ya estaba apostando por que acabarían casados y formando una familia… Pero ya me decía mi madre que apostar no es bueno, pues tienes la posibilidad de acabar perdiendo y lamentablemente, así fue. Él le pidió el matrimonio, ella le pidió un tiempo, no estaba segura. Cosa que le sintió fatal al chico y empezó a desconfiar de ella. Comenzó a formarse entrelazados de preguntas sobre si de verdad le quería tanto como decía… entonces por qué iría a aplazar el matrimonio? Cayó en una depresión, me llamó, me contó lo que ocurrió y me dirigí corriendo a su casa. Estaba a trozos: con la razón en un lado, el juicio a otro y el alma ni se supo de ella… Con esta iban dos.

Pasó casi un mes hasta que obtuvo una respuesta… negativa. Decidieron dejarlo. Cuando una de las partes deja de sentir lo mismo que la otra; el mecanismo deja de funcionar. Si el chico ya estaba derrumbado de por sí, al oír esas palabras… literalmente se le cayó el mundo encima. Fue como eso que sabes que va a pasar pero que no quieres que suceda; pero a lo ‘big’. Acabó tomando anti-depresivos y medicamentos que le ayudaran a concebir el sueño durante un buen tiempo. Y con esa fueron tres y sigue vivo.

En cuanto a mi, creo que me he puesto ya dos inyecciones. Y aquí sigo, loco por la vida, como todo el mundo, ¿no?. Aunque dudando de si querer ponerme la tercera dosis ‘letal’… o que me la ponga otra persona. De todos modos, espero encontrar a alguien que me deje un corazón de repuesto o que lo comparta conmigo, por si no salgo vivo – ¿Qué egoísta verdad?

Me he re-leído esto, no encuentro moraleja ni sentido alguno (aunque puede que sea porque ya se me están cerrando los ojos), y como está escrito, escrito lo dejo.

Creo que me voy a dormir si puedo, ya he visto el amanecer.

8.33

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