No quiero soñar más contigo.

Me acabo de despertar y lo primero que hago es ver la hora que es: 10.30 .. Vaya, he dormido once horas… Poco a poco, las distintas partes de mi cuerpo van dándome señales de vida y mi cerebro las va procesando. Tengo agujetas, es normal; tengo el cuerpo entero lleno de sudor… eso es que tal vez haya soñado algo incómodo; noto la almohada mojada y mi cara un poco húmeda: he llorado mientras soñaba… entonces sí que ha sido un sueño incómodo (¿dónde estará el límite entre pesadilla y ‘sueño incómodo’?)

Le doy al botón de flashback para intentar recordar qué imágenes mentales me ha proyectado el cerebro mientras dormía… y a medida que van pasando imágenes por mi cabeza voy entristeciéndome sin oportunidad de parar la película: una vez le das al play ya no puedes pararla hasta que termine, como la vida misma. Ríos de tinta invisible comienzan a discurrir por mi cara… Aunque si me viérais por fuera parecería un loco mirando fijamente a la estantería de su habitación mientras llora así sin más.

Estaba en un centro comercial, mezcla de casi todos los centros comerciales en los que he estado en mi vida: algunos de Madrid, otros de China y algún que otro de Suecia… No me preguntéis de dónde he sacado esa mezcla, pero así fue; habían elementos que me recordaban unos a un sitio y otros a otro. A medida que iba andando sin rumbo por aquel sitio, iban apareciendo personas que conocía y nos parábamos a charlar un rato para saber cómo le iba la vida el uno al otro: amigos, compañeros, conocidos, familiares, ex-familiares…

Poco a poco iba anocheciendo y el centro comercial se iba quedando vacío: las tiendas bajaban sus persianas, la gente que había estado de compras iba yéndose y yo sentado en medio del centro comercial iba viendo el panorama… hasta que era el único ser viviente que allí existía. Estaba en una situación en la que si me hubiera pasado de pequeño, hubiera estado dando saltos por todos los lados. Eso de quedarte sólo en un Centro comercial y poder coger todas las chuches, los juguetes, las consolas, la ropa… coger todo gratis; pero en ese momento no pensaba en eso…

Me sentía como una mierda que yacía en medio de un lugar inerte, lleno de cosas que si bien me alegrarían el día, no me harían feliz ni de lejos. Des-pegué mi trasero del banco y comencé a vagabundear de nuevo, esta vez fijándome en los establecimientos que allí habían. Tiendas de electrónica, de moda, de consumibles, de muebles, de belleza… había de todo… y todo con precios astronómicos; no sabéis la impotencia que causa eso de ver joyas que valen el triple que tu casa. Y tras haberme dado toda una vuelta, me senté en el mismo banco. La mierda se hizo más mierda hasta que decidió irse de ese lugar.

La salida era una puerta enorme, parecida a las que hay en las catedrales pero en vez de ladrillos hay cristales que te permiten ver el exterior. Arriba del todo había un cartelito que ponía: “No volver jamás” y me resultó raro ver ese ‘jamás’ ahí escrito; puesto que yo soy una de esas raras personas a las que no le gusta utilizar “siempre” ni “nunca” ni similares… La puerta automática se abrió para permitirme salir y justo comienzo a oír ruidos… parecían los pasos de una persona corriendo y antes de poder girar la cabeza para ver qué ocurría; esa persona me abrazó por detrás…
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Esa calidez, ese olor… me era tan familiar, era jodidamente hipnotizante. No cabía duda, no podía ser otra persona más que ella. De repente empiezo a notar frío, giro la cabeza y no había nadie; su fragancia seguía viajando por el aire pero ella no estaba. ¿A qué había venido ese abrazo? Y me desperté y ya sabéis el resto de la historia.

No sé si al final conseguí dar un paso y me largué de ese centro comercial o me quedé allí encerrado… Lo que sé es que si para evocar todas aquellas sensaciones de estar junto a ella tengo que recurrir a mis sueños; mejor me voy preparando el cofre ataúd y me llevo todo esto a la tumba…

La previsión del tiempo en el móvil me dice que hoy no va a llover… Vaya mierda de día.

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