Apoteósico? Mejor deslucido.

Resulta paradójico que justo ayer cuando me propongo comenzar de nuevo, cambiar hábitos, comportamientos y demás; cuando estoy dispuesto a renunciar a cosas que me gustaría hacer para centrarme en lo que deberían de ser los estudios y bajarme de las nubes… apareces de nuevo en un sueño.

No tengo ni la más remota idea de por qué… (como diría el tito Mou). Estar tumbado en la cama y repetirte: Mañana comienzo a cambiar malos hábitos, comienzo a estudiar en vez de jugar y ver cómo las agujas del reloj van moviéndose rápidamente; comienzo a despojarme de todos aquellos pensamientos que me distraen y de todas aquellas penurias que atrás quisiera dejar… Es lógico que de la noche a la mañana eso no ocurra, que cueste su tiempo y que haría falta más fuerza de voluntad que la de aquellos que quieren dejar de fumar y cerrar los ojos con una sonrisa creyendo en vano que lo conseguiría… En vano.

Levantarme con los ojos hinchados de… tal vez haber llorado, con ojeras, palidez de enfermo y cabizbajo (te reirías mil años de mi si me vieras). Mirar al reloj y ver que ya han dado las doce del mediodía, ser consciente de que tienes muchas tareas que hacer y acabar no haciendo nada. Tumbado de nuevo, mirando al precioso techo blanco, con el cuerpo tiritando de frío… no sin haber estornudado un par de veces con una garganta semi-irritada de orco.

Tú, yo; en esa tarde lluviosa bajo los cristales del kiosco sin saber a dónde ir, con mi timidez por delante causando silencios incómodos en los que uno tenía que romper el hielo. ¿Fue ese día en que toda nuestra amistad empezó? Ya no me acuerdo, tal vez hubo un día antes; tal vez no… siquiera me acuerdo de un sueño. La memoria ya me está empezando a fallar, fruto de mi descuido e indiferencia por mantenerla activa, de mi inútil obsesión de olvidar, de dejar de atormentarme con hechos que si en su momento dolieron, ahora no tanto… y aún así, me pongo mil mantas encima mía y me tapo la cabeza como hacía de pequeño, creyendo que todo ese cúmulo de mantas serían las paredes de una fortaleza indestructible que ni bala ni misil podrían atravesar.

O aquella temporadita en la que no parábamos de ir todos juntos al mismo sitio semana tras semana a pasar la tarde que muchas veces aprovechábamos para sentarnos y tomarnos algo, charlar, decir paridas y soltar carcajadas a tutiplén. (Y que yo aprovechaba para comer-merendar-cenar… cuatro pájaros de un tiro). No sé nada de ti, ni de él (que se mudó p’allá) ni de ellas. Sería lo lógico supongo, esa sensación de querer preguntar algo pero no saber cómo hacerlo… espero que les vaya bien a todos.

Al final del sueño acabamos ambos sentados en el alféizar de tu ventana (todavía recuerdo que me quedé perplejo cuando dijiste esa palabra) mirando tu habitación en otro de esos silencios un tanto incómodos; sin mediar palabra tocaste suelo y te metiste en la cama. Yo que sin embargo quería hacer lo mismo, acabé por echarme hacia atrás y probar caída libre desde un undécimo piso. Tal vez el desenlace hubiera sido noticia para portada; pero en la realidad terminé despertándome.

Desde que terminó octubre las cosas han ido un poco a peor (si no lo estaban ya de por sí); se intenta estar anímicamente bien, pero acaba quedándose en eso… un intento. Una buena persona que conocí en la uni a veces me pregunta si te sigo echando de menos: a veces contestó que sí, otras que no tanto… para al final acabar en el mismo punto de siempre. Sí, te echo de menos y no poco.

También se asombra diciéndome que cómo puedo ser tan frío y no tener corazón; que no se imaginaría verme a mi soltar lágrima ni mucho menos llorar… Cuando a veces puedo llegar a ser el polo completamente opuesto. Supongo que para errar soy humano, y para todo lo demás un robot. Sigo medio derrumbado; si me vieras, por mucho que me preguntaras qué tal y yo te contestara “bien”, acto seguido me dirías: “Oye Henxu, ¿qué te pasa?”, me conoces, tanto en lo positivo como en lo negativo.

Supongo que tendré que seguir afrontando el problema y hacer un poco de artes escénicas aunque no se me da nada bien… Al fin y al cabo, yo me lo busqué.

3:20

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