Prueba – tú. Y equivócate.

No hay fracaso excepto si dejas de intentarlo. – Elbert Hubbard

Han sido aproximadamente dos semanas sin dejar huella por aquí; ha sido meterme y ver telas de araña “flotar” en la esquinita superior del blog. Uno va viendo que las andadas universitarias no dan más de sí y acaban por consumir la mayoría del tiempo libre que uno tiene (y horas de sueño que uno necesita).

Los estados de ánimo no cuadran mucho con el temporal que hace, aunque el frío no acompaña muy bien a la ‘felicidad’. Y eso, en la cara de las personas que andan por la calle, se hace notar. Estrés, preocupación, prisas… Lo típico en el ambiente madrileño, lo típico en una ciudad contemporánea. El aburrimiento inunda las almas de las personas, un aburrimiento que surge de esa necesidad de planificar las cosas a la perfección; de cuadrar al milímetro que todo salga bien.

Cuando oigo decir que a las personas que hacen ingenierías, se vayan a buscar trabajo a Alemania, pienso: “¿Nos hemos vuelto locos?”. No tengo nada en contra de ellos, son de lo más majos que hay y el marido de mi tía, que es alemán, es de lo más majo! Pero son de lo más… “planificadores” y “sitemáticos” que puede haber; si no, esa costumbre suya de tener una agenda llena de citas y ‘appointments’ y no llegar tarde a ninguna de dónde viene?. Oí escuchar en un documental -de cómo se fabrican los coches en Mercedes-, que para ellos existe el dicho de “La perfección no es suficiente”. Hice un *facepalm* tremendo. Esa obsesión de que todo salga como lo planeado, ¿que necesidad hay?. Nuestra mente se vuelve tan técnica y mecánica que hasta se nos olvida que tenemos esa impresionante habilidad de “improvisar” que nos caracteriza.

Errar es de fracasados, si haces algo mal eres un inútil, una escoria de y para la humanidad… ¿Dónde quedó ese espíritu? Esa innovación de la que tanto hablan en los medios de comunicación no aparece por ningún lado si no es a través de cuarenta mil estudios previos, pruebas, patentes y trámites burocráticos para ser impulsada hacia el resto del mundo.

¿Por qué ese miedo a que las cosas salgan mal? ¿Por qué echarse atrás cuando ya el pie está dentro del hoyo? Si te dieran a elegir entre un puesto de trabajo con sueldo vitalicio que no te gusta y un crédito para realizar el proyecto de tus sueños sin tener la certeza de que salga bien; muchos cogeríais lo primero, porque es seguro, porque sería lo lógico y razonable. Tendemos a pensar que algo bien planificado no falla, que es el éxito absoluto y te hará subir hacia un nivel más alto, una supuesta felicidad mayor. ¿Seguro?

Nos enseñan a hacer las cosas tan mecánicamente, siguiendo una estructura tan rígida e interiorizada que nuestra mente lo adopta sin pensar. Decían que los chinos somos así, y me incluyo: “Tú dile a un chino que te haga un plan de negocios, y no sabrá. Enséñale cómo se hace, y cuando se lo pidas, te los hará perfectos; eso sí, si falla el plan no sabrán dónde estará el error”. Y es que es así, el pobre se habrá olvidado de qué es improvisar e intentará poner trapos encima para apañarlo.

Ya no cometemos locuras… Es que ni hasta para ir a comprar el pan. Quedarte media hora pensando en que si la barra en el Pepito cuesta 40 céntimos, pero en el Juanito cuesta 60 y te hacen un 40% de descuento, que si en el súper te la venden a 80 pero te dan un cupón de … A LA MIERDA TODO! Y si luego lo compras en el súper y vuelves con una confianza tremenda a casa, aparece tu parienta y te dice que por qué no lo compraste en el ‘chino’ que cuesta la mitad y además está más rico, pues comienzan los cabreos. (lo del chino no lo digo por mi tienda, eeh… o sí)

Lo que quiero decir es que tachamos de locos a quienes sobresalen de lo ‘habitual’, a quienes tienen genialidades y son incomprendidos, a quienes por intentar algo fuera de lo común en la vida han acabado viviendo debajo de un puente; por seguramente, una sencilla razón: “¿Qué dirán los demás de mí si hago esto?” Al final acabamos sentados en el sofá viendo la tele esperando en vano a que alguien lo haga por nosotros.
Failure
Fracasar parece que es una palabra tabú que no hemos de pronunciar y mucho menos dejar que el resto nos tache de ‘fracasados’. Es algo que nos atormenta con sólo imaginárnoslo. Lo mismo ocurre con toda esa gente con 20 años a la que ‘todo le da igual’; llevar ya dos décadas viviendo y pensar que vas a seguir los ochenta años que te quedan de vida viviendo igual… no hace mucha gracia. Vaya rollo de vida no?

Yo necesito cometer locuras, equivocarme y probar de nuevo. Me decía una tal Pera que uno no pierde nada si prueba a hacer cosas ahora; los errores de hoy no los podrás hacer mañana, es decir, ahora que uno es joven, pobre y sin ‘cargos’ podemos experimentar sin que haya muchas consecuencias “gordas”. Imagina a un cirujano (y con ello digo cualquier otra profesión), cuando está en la Universidad si es pasivo y se limita a hacer lo que se le ordena, no adquiere experiencia alguna más que saber ‘hacer las cosas bien’; pero si ya está operando a un paciente y por algún casual, algo no va como lo esperado? Obviamente las responsabilidades de cometer un error son mucho mayores que cuando estaba estudiando.
Sí, no tiene lógica ni pies ni cabeza; son como los sentimientos, nuestra cabeza no necesitaría de ellos, pero sin ellos no viviríamos. Es como la pasión por lo coches, coches que por antonomasia no tienen sentido, pero aún así quieres conducirlos…

Necesito esa chispa de equivocación que me haga decir: “Cierto, salió mal, pero aprendí”. Y si de verdad algo llega a salir mal, bien sean negocios, amistades, relaciones personales, proyectos y demás; que no sea porque hiciste algo de lo que pudieras arrepentirte. Al menos, cuando me haga mayor podré decir “Vaya locura hice”, pero la sensación de recordarlo entre amigos y carcajadas, no tendrá precio.

Prueba, equivócate y aprende de ello.

La entrada no tiene sentido en su conjunto, aunque se espera que se pueda captar la intención del autor. Para los amantes del pesimismo, ya llegará. El redactor escribe como el ojete.

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