No todo lo placentero es bueno.

  • Aviso: La entrata entrada no es coherente, no tiene sentido alguno, absténganse de leer si no quieren cacaos mentales o proferir insultos contra mi persona.
  • Está lloviendo. A mucha gente le gusta que llueva, a mi también. Seguramente el que esté conduciendo un coche no diga lo mismo porque el hecho de que llueva suele ser sinónimo de atascos, los agricultores estarán contentos si no llueve demasiado como para arruinar sus cosechas, los vagabundos se verán obligados a refugiarse bajo un techo cuya propiedad no es suya, los ciclistas que estén haciendo ruta se imaginarán a sí mismos metidos en una ducha, los embalses nos anunciarán de que ha subido la cantidad de agua que alojan entre sus enormes muros de hormigón (aunque no nos dicen que el precio del agua no va a bajar o que a la gente le da por probar empíricamente si saben volar como Superman) y yo saldré a la terraza del piso a ver si sigue habiendo goteras.

    El sonido de la lluvia es capaz de dejarte atónito, de trasladarte a un mundo en el que sólo hay tranquilidad, calma, sosiego… Una melodía made in naturaleza que te permite estar contemplando el paisaje que ves a través de tu ventana sin importarte el paso del tiempo (aunque sea para ver cómo el vecino d’enfrente intenta cocinar un huevo frito) o quedarte embobado mirando cómo miles de gotas siguen suicidándose inevitablemente contra el suelo y en cambio cuando no llueve siquiera te asomas por la ventana ni para ver el tiempo que hace. Y el cielo encapotado… qué decir de él; nubes casi opacas que actuán como una sombrilla en pleno mes de abril, pero con el encanto de que regula la luz de una manera tan perfecta y grisácea que invita a estar mal de ánimos…

    Seguramente haya muchas personas que no estén de acuerdo con que llueva: el que se monte en un autobús lleno de gente en un día lluvioso no lo estaría (esa fragancia a humanidad…), ni el obrero que esté llevando bolsas de cemento del camión al descampado, ni el que está deprimido, ni mi propio yo cuando salgo a la calle dejándome el paraguas en casa pensando que no va a llover y nada más salir de la puerta empieza a caer la marimorena.

    Pero estas cosas no sólo ocurren con la lluvia ni únicamente con fenómenos meteorológicos. Digamos que hay más elementos susceptibles de ser los reactivos de cierta fórmula química desconocida que nos llega a producir placer, bien sea sensitivo, emotivo y por qué no decirlo, intelectual (por ejemplo, a la hora de leer). Esos elementos destacan por ser muy fácilmente perceptibles ya que, salvo excepciones, intentan captar nuestra atención estimulando una parte de nuestro ser, como si nos estuvieran gritando desde lejos “Eh, que estoy aquí! Que existo!”.

    A pesar de ser los menos frecuentes (al menos en mi caso), los ingredientes emotivos son los que más sabor tienen a la hora de degustarlos. Es cierta la afirmación de que el hombre posee una racionalidad que le distingue de los demás seres vivos -aunque en ocasiones te encuentres con shuprimos que demuestran lo contrario-. Pero quiero pensar reaccionamos con emociones, en esencia, con sentimientos: no es que sean tan fuertes como llevarte a la perdición, pero sí lo suficientemente como para llevarse de paseo a la mente, a la cordura y al sentido común. ¿O tal vez lo primero implique lo segundo?.

    Por tanto, existiendo tantos placeres, por qué nos cuentas tantas historietas y cosas sin sentido, ¿a dónde quieres llegar?.- Diría cualquiera. Quiero llegar al punto de: “A veces, uno echa de menos el placer de estar triste”. Sí, suena paradójico, no tiene pies ni cabeza y aún así un chico “supuestamente listo” ¿dice esa idiotez? Joder Henxu, ¿¡qué puta mierda estás diciendo?!

    Resulta muy contradictorio que uno pueda disfrutar de estar mal de ánimos. “Cuando estás mal, estás mal; no puedes estar bien y mal al mismo tiempo! (sí se puede… creedme) y mucho menos disfrutar de estar triste!”
    Pero hay tantos momentos en los que de seguir una rutina y vivir inmerso en una monotonía que no va más alla de “Casa-Universidad-Estudio” en la que uno no tiene siquiera tiempo de preocuparse por sí mismo ni de su salud, uno busca desesperadamente una fuente de ‘placer’; un minúsculo rayo de luz en las profundidades de una cueva, un algo… Y cuando ese algo se hace ‘a la desesperada’, no se hace ni pensando, ni razonando; se hace.

    Dicen que la desesperación es una emoción tan fuerte que saca a la luz muchas cosas, que separa la paja del trigo y que difícilmente se puede fingir -suele haber personas especialistas en ello-. Esa misma desesperación te lleva a tener ganas de bajarte a la calle en medio de un día “diluvioso”, a subirte a esa mini colina desierta que tienes al lado de casa, cerrar los ojos y gritar al cielo “TODO ME IMPORTA UNA MIERDA!” mientras estás en proceso de coger un catarro del quince y te tragas la orina de ese ángel cabrón que llevaba 2000 años sin mear en el cielo; esa misma desesperación es la que te lleva a cometer ideas de bombero que seguramente en un par de semanas te reprocharás.

    Ese afán de encontrar algo a que atenerse para no caer en un mundo grisáceo y sin cambios es muy dañino. Lo mío es leve dentro de lo que cabe, porque, qué pasa si la desesperación que surge por ejemplo de un desengaño amoroso, es capaz de hacer que alguien coja su moto y se ponga a acelerar sin parar y sin importarle ni un pelo la gente de su alrededor? Que sí, que seguramente en ese momento, estabas exteriorizando esa frustración que llevabas dentro, que te estabas desahogando a más no poder yendo a toda hostia, que en ese momento era lo que querías hacer y no se te ocurría ninguna otra manera de contener y armonizar tu propio enfado… Pero ea! no pienses que eres el centro del mundo aunque lo seas. Esa persona “””disfrutó”””: hizo algo que no hacía en su vida diaria, que estando las cosas como están (llenas de radares) a nadie se le ocurre ir a 170km/h en una moto y él lo hizo [caso hipotético oiga].

    Es algo así como ser optimista dentro de lo malo: “No tienes nada de donde sacar algo bueno y te contentas con lo ‘menos malo’ llegando al punto de pensar que lo malo se convierte en bueno”. Y ese placer que surge de algo malo… No es recomentable para la salud -mental y esas cosas-. Me contento con disfrutar de estar triste, sobre todo cuando está lloviendo… Pero debería contentarme con otros asuntos que me llevasen a algún otro lado que no fuera el de cometer locuras (que está bien, pero en su justa medida). – Lo digo porque ahora con el calor que hace, por mucho que estés con los cascos y te pongas Rainymood (link), no te da la sensación de estar en un día lluvioso ni de lejos.

    En fin, espero corregir mi rumbo en estos días de exámenes finales, días que considero ajetreados dentro de lo que en la monotonía cabe. Porque como hasta la monotonía se me convierta en una fuente de placer… mal vamos.

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    Un comentario el “No todo lo placentero es bueno.

    1. Ruyi dice:

      A veces me pregunto qué es la felicidad y qué es la tristeza. Creo que ambos estan muy enlazados de alguna forma. La felicidad puede encontrarse dentro de la tristeza y la tristeza en la felicidad. Quizás ya no tenga sentimientos, me es indiferente si estoy feliz o si estoy triste. Estés feliz o estés triste nunca podrás alejarte del rumbo de la vida. Así que tienes que seguir tu vida, sí o sí.

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