Teoría de confianza 27.

Después de un horrendo día, lo mire por donde lo mire, he venido aquí a mi rinconcito a desahogarme un poco. Podría haber caído en la simplicidad de haber dicho: “Si lo sé ni me hubiera levantado”, que por poder, podría; pero creo que la vida no es un “todo o nada”, es decir, no es “No hago nada, no recibo nada; hago mucho y recibo mucho” sino que más bien suele ser del tipo “No hago nada, tengo suerte y me toca mucho; en cambio, pongo todos los medios para alcanzar algo y no recibo nada“. Que es básicamente lo que me suele ocurrir a mi, bueno, excepto en el recibir sin hacer nada.

Y es que, después de que me abran el orto en un examen de Derecho al cual he ido más espeso que una roca… Después de darme cuenta a la hora de poner la fecha que hoy cae 27… Pues le he empezado a coger manía a esta fecha; un examen el día 27 debe de ser para vosotros algo así como salir de fiesta un martes 13. Pero en fin, he depositado mi “corasonsito” a merced del profesor de Internacional (sí, el mismo de la entrada anterior); ya se encargará de suspenderme con un cero bien grande. Ministro de Asuntos Exteriores de China me dijo que iba a ser porque tengo mente de jurista… Espera que voy a reirme un rato y ahora vengo.

Ya estoy.Yo hoy quería venir a hablar de la confianza, ese tema tan delicado del que todos hablamos sin saber. Y sí, yo tampoco sé del tema, así que podéis llamarme hipócrita. El problema es que tenía muchas ideas por el camino y ahora no me acuerdo de ninguna; bueno sí, de por qué cojones he visto un perro llevando corbata subiendo las escaleras mecánicas del metro con su dueño vistiendo de payaso oliéndole el culo; pero eso es harina de otro costal.

Después de varias clases de Teoría de los juegos, no puedo sino pensar que la confianza es como un “juego”, en su buen sentido de la palabra, es decir, conjunto de opciones que tiene uno o más jugadores en los que dependiendo de la elección que tomen, reciben una recompensa u otra. Para simplificar todas estas cosas que estudiaréis si os metéis a alguna carrera relacionada con ADE o economía, os pongo un gráfico made in Henxu sencillo de qué es un juego:

Eso es arte señores. Como había dicho hace dos años en esta entrada: ¿Pueden chicos y chicas ser sólo amigos? Dos personas difícilmente podrán llegar a ser sólo amigos. La realidad es palpable y así son las cosas (mis cosas). El caso es, el equilibrio del juego (es decir, que haya final feliz) que arriba véis reflejado, es: “O el chico pide salir y la chica acepta” o “el chico no pide salir y la chica tampoco tenía intención de ello”. En caso contrario, uno de los dos acabará más hundido en la mugre que otro, ¿es lógico verdad? Pues para el profesor de derecho internacional no.

Pero a lo que quiero llegar no es cuestión de si uno quiere salir o no con la otra persona (que también), sino en la confianza que hay después de que éstos comiencen a ser pareja. Os voy a poner otro gráfico (me tiraré otra media hora antes de hacer una chapuza):

De manera MUY SIMPLE, una relación se basa así, en decidir día sí y día también si vas a confiar en tu pareja. O se confía mutuamente o no se confía nada (perdón, o se confía y se va a pique o no se confía y la relación va viento en popa).

Con tal de que uno deje de confiar en el otro, las cosas no van a ir como tienen que ir. Pero, mi pregunta (que va para vosotros) es, ¿qué es lo que le lleva a alguien a desconfiar de otra persona? Es obvio que, siguiendo el gráfico, nunca desconfiaríamos de la otra persona si ella confía en nosotros; y, tampoco habría motivos para desconfiar de la otra persona porque el desenlace no es bueno ni para uno, ni para el otro.

Sin embargo, en la vida real hay más factores que influyen en una relación, celos, personas más atractivas que tu pareja, personas más atractivas que tú, errores tuyos, errores de tu pareja, amigos, confidentes, padres, enemigos, etc… Todo un cúmulo de situaciones que serían difíciles de representar en un gráfico como el de antes. Y lo que es más, si uno llega a perder la confianza de la otra persona; mal vamos: que podéis ser los más chachipiruli-guays amigos de vuestra chachipiruli-vida, pero como uno deje de confiar en el otro, ya podéis ir yendo a chachipiruli-ser los mejores amigos que por mucho chachipiruli-amigos hayáis sido, se va a pique.

Y así son las cosas porque nosotros las queremos así, chinpún. Las amistades se basan en la confianza; las compra-ventas se basan en la confianza, las relaciones entre trabajadores se basan en la confianza, las relaciones entre estados se basan en la confianza, el decirle a tu madre que has dejado embarazada a una yegua se basa en la confianza, gritarle al vecino diciéndole que es un hijo de la gran puta también se basa en la confianza, comer pescado y almejas también se basa en la confianza, que os esté importando una mierda esta entrada y no entendáis una mierda porque yo me expreso como una mierda también se basa en la confianza… Mierda. (Sí, así de maleducado soy, perdónenme ustedes).

TODO ACABA BASÁNDOSE EN LA CONFIANZA.

¿Alguna objeción sobre lo que acabo de exponer? Porque yo sí tengo. Y muchas.

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Lecciones de vida.

Todo es recíproco… Como en las relaciones de pareja“.
Con esa frase que habéis leído solía explicarnos el profesor de Derecho Internacional la importancia del cumplimiento de los acuerdos internacionales de unos estados para con otros. Casi cualquier situación que se pudiera producir en el ámbito internacional como pudieran ser los conflictos, la violación de derechos, bloqueos, cooperación, sanciones… Ese profesor era capaz de, para ayudarnos a comprender lo que explicaba, mostrarnos un ejemplo claro de dicha escena mediante una extrapolación al ámbito de lo personal, de pareja.

No había clase que no pronunciara la palabra “shi” con ese acento tan suyo, mezcla de chileno y “algo más” que no sé distinguir; que si teníamos la “praCtiCa encima de la mesa”, que si la confianza se requería en todos los ámbitos de la vida, que si parecía que siempre estábamos con el “corasonsito” roto o que si le llegábamos a poner en su examen las historietas de amor que nos contaba en clase, nos pondría un cero. O era cuestión de suerte o es que nunca me ha caído bien ese profesor; en cada clase suya me daba la sensación de humillación constante a pesar de que él mismo afirmaba que: “Sin miedo, que yo no vengo aquí a avergonzar a nadie”, aunque también, según él, todos éramos alumnos de más de notable (permitánme un “JÁ”, comenzando por mi).

Así que reitero, quiero creer que todo este mal tiempo de clases con él ha sido mala suerte. Todavía recuerdo aquellos días en los que volví a ser soltero, en los que apenas dormía 3 horas al día con un insomnio que ni la concha de la lora (y sigo durmiendo poco) y justo en sus clases, él me preguntaba cosas del super-hiper-megatocho-manual de Derecho que yo no me había podido mirar (mejor dicho, no tenía ganas de mirar). Y que de vez en cuando, en esas veces en las que yo intentaba disimular mis ojeras, mi cara de cansancio y sueño de cualquier manera, me soltaba la broma (o no tan broma) de “A Bengu Ye le acaba de dejar la novia”. (sí, así me llamo yo en sus clases).

Claro, eso me sentaba como si me hubieran vomitado puré de mierda encima. Pero al margen de lo que podían ser coincidencias, casualidades o causalidades de la vida; notaba en ese profesor una especie de mantra, algo así como “Mi instinto me dice que ese hombre es buena gente”, si bien en sus clases no paraba de hablar también de los divorcios, de si en el mundo debería de haber más chicas infieles o que si la separación de bienes era injusta (lo que me hizo hasta pensar que estaría divorciado). Ese hombre era una fuente de sabiduría, no sólo de derecho, sino de lecciones de la vida.

En una de sus últimas clases, nos contó una historia con la que me sentí bastante identificado, no recuerdo nada bien la historia exacta, pero era parecido a lo siguiente:

Yo tenía un amigo de la infancia al que le encantaban los coches. De pequeño vio un modelo de deportivo que le llegó al corasonsito (al alma…) y se dijo a sí mismo que cuando tuviera el dinero suficiente se compraría tal coche.
Este hombre, estudió mucho y acabó siendo un hombre con bastante dinero y cuando tuvo ocasión, compró el coche que tanto añoraba cuando era pequeño. El día de la presentación, acudieron sus amigos y personas cercanas y obviamente, estaba toda su familia con él. Todo el mundo decía que le gustaba mucho el coche y que había hecho una buena compra.

En un momento en el que él y los invitados se fueron a comer algo al interior de la casa, el coche estaba afuera sin cuidado de nadie. Su hija, pequeña por entonces, cogió algo punzante y empezó a “dibujar” cosas sobre la chapa del coche tan preciado que su padre acababa de comprar.

Al cabo de un rato, cuando el hombre salió de la casa y vio por un lado el coche completamente rayado y por otro, a la niña con el objeto punzante; en un acto de cólera, le propinó tal paliza a su hija que tuvieron que llevarla al hospital en estado de coma. Hubo percances y los médicos se vieron obligados a amputar a la niña, ambas manos.

Ya pasados unos días, la niña había despertado. Y, en el momento de recibir la visita de su padre, con lágrimas en los ojos dijo lo siguiente: “¿Papá, si la próxima vez me porto bien, me volverán a crecer las manos?”

Con esto, el profesor nos quería recordar que antes de cometer cualquier acto estando en cólera, pensáramos dos veces en la consecuencia que ello pudiera tener; que hay decisiones que una vez tomadas, no tienen vuelta atrás y si la tuvieran, no volveríamos al mismo punto de inicio en el que nos encontrábamos antes de haber elegido mal.

El temario y las lecciones que dio después de tal historia, me entraron por un oído y me salieron por otro. Entré en un estado de “trance” o ausencia reflexionando conmigo mismo; recordándome algo que hice hace 12 años, algo de lo que me arrepiento bastante. Y es que, cuando estamos llenos de ira, hacemos cualquier cosa pensando en nuestro propio egoísmo y en que la razón siempre está de nuestra parte, cuando en realidad, después de haber llevado a cabo una idea de bombero, nos llevamos las manos a la cabeza, nos arrepentimos de haber cometido tal idiotez o intentamos hacer como si no hubiera pasado nada. O ambas cosas a la vez.

Seguramente no haya aprendido mucho Derecho Internacional Público con este profesor, pero sí he aprendido y aprehendido a ser mejor persona, o al menos, a intentarlo.

Toma melancolía.

Hace ya bastantes horas que circula por la red la noticia de que cerrarán el servicio de Messenger (Msn, Windows Live Messenger, mésenye, emesene, etc…) en favor a Skype por parte de Microsoft. Tengo un cierto sabor amargo en la boca, un cierto malestar ya que básicamente invertí todo el tiempo que tuve de mi adolescencia en ese susodicho programa de chat (bueno, entre eso y la psp).

Como viene siendo habitual de mi memoria, tengo lagunas por doquier y por tanto, no me acuerdo cuándo comencé a tener mi propio correo electrónico, ni cuándo me enteré de que Papá Noel no cabía por mi chimenea (porque no teníamos chimenea), ni cuándo comencé a masturbarme, ni cuándo vi por primera vez una película porno… bueno sí, eso último a los 3 o 4 años (así he salido). Pero sí me acuerdo de que eso era la bomba y más: podías cambiar la fuente con la que escribir, el tamaño (de la fuente), el color; tenías tu propia foto de avatar, existían los emoticonos de verdad, los emoticonos personalizados, las cebollitas, el zorro; odiabas los zumbidos que te pegaba la gente cuando tenías los altavoces a tope… al hijo de la gran puta que por cada diez letras que escribía, nueve eran emoticonos…, ponerse la cam, ponerse con la cam, hacer videollamadas cuando Skype todavía no lo conocía nadie… Eso te llevaba a un mundo tan “sorprendente” que ni Jumanji…

Además, en ese momento reinaba la inmadurez de ‘quien más contactos tuviera por Msn era el que más grande la tenía‘, la gente presumía de tener 100+ contactos y alardeaba por todo lo alto ser el más social de la clase. Yo en cambio tenía holgadamente 500+ gracias a los foros por los que metía y las multi-conversaciones que petaban el pc cada dos por tres pero luego me miraba por dentro de los pantalones y no era precisamente ni el que “más grande la tenía” ni el más extrovertido. Eso sí, contactos todos los que quisieras, amigos de verdad, contados con los dedos de mi hombro. Sí, de mi hombro.

He conocido a muchas personas a través del dichoso Msn y el principal problema es que cada vez que agregabas a alguien tenías un “BOOM/Obsesión” por así decirlo de no parar de hablar con la otra persona hasta que pasada una semana, eso se convertía en un “te veo y no te conozco”. Entonces amistades estricamente como tal, pocas se lograba tener y es más, uno llegaba a tener tal cantidad de contactos que ya sólo por los nicks era imposible acordarse de quién era quién y es entonces cuando alguien te comenta de que existe la opción de “Agrupar contactos” (Dios bendijera esa función). Todavía recuerdo esa curiosidad que uno tenía por desvirtualizar a alguien, uno iba pensando en si “ese contacto de msn sería un violador pederasta”, que si te iban a dejar plantado, que si podría ser un borde impresentable cabrón o en el más remoto de los casos, si era majo y amigable. Todavía tengo a alguien que conozco desde hace 5 años con el que he entablado gran amistad y todavía no he desvirtualizado… Seguramente sea un pedobear en potencia asi que cuando vaya a quedar con él iré con un tapón en el culo por si las moscas.

Por otra parte, a poco de haberse introducido Skype y Tuenti (con Tuenti-chat) y el reciente Whatsapp, casi nadie utiliza hoy en día Messenger; parece que se ha puesto de moda no conectarse. Yo sigo haciéndolo y eso que en mi lista de contactos suele haber 5 personas conectadas. Ya es como una costumbre (que no tradición) estar conectado a pesar de que seguramente no me hable nadie excepto dos personas que también se están ‘mudando’ por así decirlo a otros sistemas de comunicación instantáneo.

Tal vez tenga que adaptarme por eso de “Renovarse o morir”, aunque por dentro siga siendo una persona anticuada que añora su extinto Msn. Cuando sea oficial la noticia y la retirada del servicio será cuando habrá que desinstalar esto y borrar el largo historial de conversaciones que he tenido a lo largo de los últimos años. Dicen que está bien tener recuerdos del pasado, pero que tampoco hay que quedarse anclado en él. ¿O sí?

melancholy deviantart morsus

PD: Para aquellos que se preguntan por qué narices escribo esta basura tras haber estado tanto tiempo ausente: no tengo nada que deciros. Ya lo dije en un principio, es mi rinconcito donde poder escribir lo que pienso y aunque se agradece que haya gente que lo lea, no escribo para la ‘gente’ ni para que se difunda (con la excepción de 1 entrada de blog de marzo del año pasado). ¿Qué borde soy eh? De nada.