Felices Vanidades

Se supone que las Navidades son para pasarlas en familia, juntos, todos reunidos cenando y pasando buenos momentos que a veces, constituyen la única ocasión de ver a alguien querido en todo el año.
Se supone que todos los niños tendrían que estar durmiendo felizmente en sus camas, tras saber que esta noche bajaría Papá Noel por la chimenea a entregarle sus regalos; y aquellos hogares que no tuvieran chimenea… Pues ajo y agua.
Se supone que… “suponer”, al fin y al cabo no acaba sirviendo para nada.

Cada año me voy dando cuenta de que mi espíritu navideño se va mermando más y más, como si alguien hubiera puesto un vaso encima de una llama, limitando el oxígeno que ésta puede consumir hasta el punto de consumirse a sí misma. Antes “molaban”, ahora simplemente dejan de “molar”; aunque en teoría, como dice un buen amigo, los chinos no deberíamos de estar celebrando las navidades. (yo debería estar trabajando en el arrozal).

Uno pierde la ilusión de que lleguen las navidades, puesto que lo ‘importante’ es tomarse un respiro antes de volver (de nuevo) a una monotonía que comenzará en enero. Son esos momentos en los que se aprovecha para hacerse proposiciones para el año próximo, para establecer objetivos que muy frecuentemente acaban en saco roto. Por ello, apenas le doy importancia a las navidades, más que para responder felicitaciones que recibo de otras personas, por pura cortesía.

Esa imagen de familia unida, todos felices y contentos disfrutando de este periodo festivo se desvanece por completo cuando llego a casa y observo, que por un lado o por otro, mi familia está fragmentada: Mi padre se desentiende de cualquier asunto que tenga que ver con el trabajo, la tienda o cualquiera de sus obligaciones como padre; mi madre por tanto intenta, dentro de lo que ella puede hacer, la tarea que debería ser de ambos; mis hermanos, inmersos en su mundo de pasotismo, las series de televisión y los juegos de ordenador y yo, mitad y mitad.

Siento cómo las piezas se separan cada vez que escucho a mis padres discutir.. y más últimamente, cuando cada discusión está más subida de tono que la anterior. O cuando hay riña entre mis padres y mis hermanos; me encuentro en el limbo de no saber a quién defender, si a mis padres o a mis hermanos puesto que ambas partes, a mi juicio, llevan razón… Cada vez que termina una de estas discusiones intento sacar mi lado optimista pensando en que las cosas ya se han arreglado y no volverán a pasar; y digo intento porque cada vez parece que en esta casa no hay paz.

Pero hoy, no sé ni cómo cargar con el peso que llevo encima. Es la primera discusión que tengo con mis padres en la que mi madre ha acabado llorando por mi culpa… No podía con mi alma al ver esas lágrimas bajar por su rostro… eran lágrimas de impotencia, preocupación y dolor, sobre todo dolor. Si comenzamos a discutir fue porque yo quería coger la bicicleta y dar una vuelta para estar conmigo mismo durante un rato e, irónicamente, tras todo esto, me encuentro con que necesito mucho más que antes estar desconectado del mundo..

Mis hermanos están casi en la edad de “rebeldía” y yo estoy en la edad de querer ser más autónomo e independiente. Las cosas no van a estar precisamente tranquilas por aquí. Se nota que es Navidad… No, mejor dicho, se nota que esas familias perfectas no existen; al menos en mi mundo.

¿Cuál ha sido el balance de este año? Pues no lo sé, es como una historia cuyo hilo argumental da giros inesperados cada dos por tres, pero, paradójicamente y al mismo tiempo, la misma historia se pliega sobre sí misma una y otra vez como si de un origami se tratara.

Creo que necesito aprender lengua de 1º de la ESO y ordenar mis ideas.
Que paséis unas felices vanidades.

Un comentario el “Felices Vanidades

  1. Emigrante Retornado dice:

    Hay momentos mejores y momentos peores. El problema es que la Navidad se inventó para ensalzar los mejores pero lo que provoca es priorizar los peores. En cualquier caso lo que tienes que hacer es crear tus propios buenos momentos. Lo que no debes es dejar a un lado la alegría de vivir. Ánimo y felices fiestas.

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