Las sosial net-uorcs.

Entrada sin sentido. Nº2.

Las redes sociales y la mensajería instantánea cada día me sorprenden más. Ya desde sus comienzos se vendían bajo eslóganes referidos a salvar las lejanías, a sentirse como en casa, comunicarte con los más allegados o compartir momentos al instante con otras personas, entre otros..

Estos dos servicios y la tecnología siempre han ido juntas de la mano; a medida que los dispositivos de bolsillo han ido incorporando nuevas funciones, la mensajería instantánea ha ido implementando la transmisión de distinto tipo de contenido: fotos, vídeos, voz o incluso la localización en la que te encuentras. Sin embargo, en los anuncios – sobre todo de móviles -, intentan convencernos de lo guay que es el móvil: que te llamen y salga en la pantalla la foto de quién es, que envíes una foto a tu amigo de la tarta que te vas a comer, de tener a golpe de vista las actualizaciones de tu Facebook, de saber el tiempo que hará mañana en tu ciudad (aunque no siempre se cumpla) y un largo etcétera de funciones que no siempre usamos. Y pongo el ejemplo del móvil porque muchos de vosotros os moriréis de ansiedad el día que paséis sin tocar un móvil. Es lo que tiene la dependencia en un dispositivo que reúne casi todo lo necesario para comunicarse.

Pero intentando no desviarme del tema, porque a día de hoy es imposible no relacionar redes sociales/mensajería instantánea y móvil, esta especie de conexión permanente al correo y en especial, a internet ha acabado influyendo demasiado en la manera de relacionarnos con las personas, permitiéndonos hablar con cualquier persona de manera instantánea y lo que más le importa a la gente (al menos de este país): GRATIS! – no, no contemos la tarifa plana, no contemos lo que vale el Whatsapp, no contemos la electricidad que consume, nada. Eso no se cuenta, por favor.

El nicho de mercado que han sabido aprovechar las redes sociales, véase Facebook o Twitter (por mencionar las más grandes), se ve atraído por esa necesidad (creada) de transmitir la vida ‘al instante’, de sentir imperiosamente que uno tiene que contar en 140 caracteres lo que está haciendo o deja de hacer, de subir la foto de turno por el mero hecho de subir foto y actualizar un poco el perfil porque está inactivo. Esa serie de cosas que inconscientemente realizamos cuando la mierda esta nos engancha. “Estoy haciendo …”, “Estoy viendo… “, “Estoy con @ … “… Estoy, estoy, estoy; sí, estás, pero podrido por dentro.

Sin embargo, no sólo estas empresas tienen la culpa (o sí…), sino quienes usan sus servicios se ven reflejados de manera directa en él, es decir y que valga de precedente, personas autoconvencidas que su perfil de Facebook es “ella misma” en el mundo digital. Susceptible de ser criticada de la misma forma – o peor – a través de los comentarios que la gente pueda escribir en su perfil tras haber ojeado toda su biografía. Acabando por dejar bonito su “yo digital” ante el miedo del ‘qué dirán’, cosa que me parece, cuanto menos, inútil.

Nuestras relaciones están cambiando indudablemente… No hace falta mencionar a las compañías de chats, cuyos programas nos envían notificaciones constantes a todas horas. Estés en la calle, en misa o encima del Señor Roca. De eso que la gente te empieza a hablar sin parar y el móvil, en vez de móvil parece el loro; requiriendo de tu presencia cada dos por tres. Que sí, que está bien poder hablar con quien sea, cuando sea; pero personalmente creo que debería ser bajo ciertos límites. Hay asuntos que por su transcendencia, creo que no deberían ser hablados por Whatsapp (por poner un ejemplo), el caso más extremo al que he llegado a encontrarme ha sido que alguien me notificara el fallecimiento de un familiar a través de Whatsapp, tal cual: “Oye, que se ha muerto ‘x'”. Fin.

Tenemos tantos contactos en nuestra agenda personal y de entre ellos, sólo nos comunicamos con dos o tres personas asiduamente; el resto son gente conocida a la que se acude cuando uno necesita algo. Fin (x2). Aparte, el 90% de las veces en las que uno habla con alguien, es vía mensajería instantánea; lo que hace que me pregunte a veces, dónde cojones han quedado las llamadas. Los SMS, no se salvan porque viene a ser lo mismo que un mensaje por IM (y aún así mantienen una esencia que un mensaje por Whastapp no tiene!), pero las llamadas… aunque sean por programas de móvil que lo incluyan, pero joder, parece que hoy en día nadie llama por teléfono para preguntarte si quedas con fulanito, para decirte que te quieren quemar de nuevo tras quemarte vivo o para decirte que te echan de menos, etc. ( :__ forever alone)

Luego está el tema de la privacidad. Hace unos años conocí a una persona que llevaba este tema en las redes sociales a rajatabla; ella tuvo sus motivos después de malas experiencias y yo ahora comienzo a vivir en carne el por qué. Digamos que el fin con el que quiero pensar que fueron creadas las redes sociales es para mantener el contacto con las personas de tu círculo más cercano y compartir tus momentos con ellos de manera ajena y privada a los demás. Pero cuando empiezan a llegarte amenazas o insultos de personas que no conoces a través de ellas, pues la verdad, agradable no es. Que sí, que he conocido a personas maravillosas a través de ellas porque en su momento tuvieron la curiosidad de buscarme por las redes sociales; pero ya empieza a cansar… Asi que eliminar el problema de raíz es lo mejor.

Y ya no hablemos de aquellas personas que se quedan fuera de poder ver el contenido que publicas en las redes sociales, sino de esas otras que se consideran amigos o ‘personas conocidas’ que sí pueden ver lo que pones en las redes al instante. Y aquí pongo Twitter porque es el sitio de referencia en cuanto a “cosas instantáneas”. Las veces que uno tiene que lidiar con personas que se dan por aludidas ante comentarios que pones por Twitter, aun no teniendo ni la forma ni la intención de indirecta, es cuanto menos, cansino. Te abren conversación por privado (y de nuevo volvemos a las aplicaciones de mensajería) al instante de haber escrito tal comentario como si estuvieran exigiéndote explicaciones de por qué has puesto eso, por qué va para él, por qué…

PORQUE ME SALE DEL NABO. CON DOS COJONES. Es como estar en una cárcel videovigilada durante las 24h al día, como si te estuvieran acechando todo el rato, pendientes de ver qué o qué no vas a poner… Digo yo que soy libre de poner lo que me venga en gana. Demasiado victimismo veo por aquí, dándose por aludido con las indirectas; se ven muchos rostros ocultos soltando perlas por Twitter. Así que Twitter a tomar por saco.

En fin. Acabo pensando que las redes sociales sí mejoran en cierto modo nuestra vida social en cuanto a que nos permiten comunicarnos con personas de nuestro entorno sin mayor dificultad que un par de clicks; sin embargo, hemos convertido una posibilidad que nos ofrecen, en una necesidad; lo que muchas veces acaba en obsesión y no es saludable, según el Gobierno de Españistán.

Cada vez más comunicados y cada vez más solos. Una pena..

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