Si no respiro…

“Frío. Frío. Hace mucho frío. Cada poro de mi cuerpo anda puntiagudo intentando retener el poco calor que va quedando en mi. Sentado en una esquina me hallo. Acurrucado. Desnudo. Espalda con pared y pared con cabeza. Comienzo a pensar que este invierno no está siendo tan gentil como anunciaban los chamanes del tiempo y aún sigo en mi vana ilusión de poder encontrar a la chica que vendía fósforos por las calles.

Mis labios empiezan a cristalizar y mis orejas parecen pétalos de rosa pasados por nitrógeno líquido como si de un experimento culinario en frío se tratase. Mis pies, amorotonados de andar sobre hierba convertida en estalagmitas de hielo, son incapaces de responder ante mis órdenes, órdenes de un cerebro que a pesar de seguir recibiendo oxígeno, no consigue continuar funcionando con neuronas petrificadas. O al menos, incapaz de pensar en positivo.

Este escondite jamás me había parecido estar tan vacío. Es abrir los ojos y ver que lo único que tengo ahora mismo son cuatro paredes de hospital, una puerta con madera podrida, un par de ventanas tapiadas a cada lado y un techo resquebrajado pasando por sus últimos momentos de gloria. Y aire, aire gélido que inunda mis pulmones cada vez que respiro. Inconscientemente, una parte de mi ser recuerda aquella canción cuya letra decía “si no respiro es por no ahogarme”. Tendré que hacer caso si no quiero seguir hundiéndome…

En mi último intento por mantener la respiración un poco más, noto cómo mis párpados cada vez van pesando más, cómo mis ojos quieren descansar un breve momento, cómo todo se va volviendo negro. Pura oscuridad. Acompañada de la sensación de estar andando a ciegas y tener el sentido del equilibrio totalmente perdido… Acaso, ¿no será esto a lo que llaman “limerencia” o andar enamorado?

Posiblemente esto sea un remedio para mis fechorías impuras de mi vida pasada, una serendipia o un apremio. Quiero creer que este ardor inerte dentro mío es algo temporal, o tal vez, una advertencia de las consecuencias de ser alguien frívolo y vanidoso. Aunque si es así, “querida advertencia, vas tarde“. Sin embargo, no deja de tener razón porque, ¿De qué me sirve haber tenido un corazón frío cuando tenía calor a mi alrededor?

Y en esta ocasión, cuando más necesito tener el corazón frío para mezclarme en el ambiente solitario, etéreo y efímero de este, mi pequeño escondite; es cuando más me frustra no poder ser cariñoso con nadie. “Ya mañana.. lo intento. Si logro sobrevivir a esta… no….. tsch...”

*para qué*”

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