Battle cry

A estas horas debería estar de camino a algún puerto de montaña: aprovechar que todo el mundo está de celebraciones y este tiempo de niebla intensa para desaparecer por un instante. Dejarse engullir por un mar de gris en el que ni ves -y lo mejor-, ni te ven.

Pero hemos de ser personas civilizadas; ciudadanos que cumplen (aunque no siempre han cumplido..) con las directrices de restricción de movilidad nocturnas que enjaulan a almas nocturnas como yo, cuyo medio principal de distracción consiste en algo tan mundano como girar una llave y estar pisando unos pedales hasta llegar a un destino aleatorio. Deambular sobre ruedas y emborracharse a kilómetros. O ponerse una bufanda y un par de zapatillas para calentar los pies y ver el amanecer. Sólo o en compañía, ya qué más da. El zumito de naranja sigue acompañando.

Me pregunto si este año será posible mantener una tradición de escaparse tras las uvas en Nochevieja, no lo parece; pero lo mismo hay que “adaptarse” y tomarse las uvas una vez escapado. Hemos tomado por costumbre usar la mascarilla, saludar con los codos y mantener cierta distancia en los trabajos, ¿qué puede suponer tomarse las uvas en soledad si ya uno tiene costumbre heredada de apenas celebrar estas festividades?

Hace quince años, nos pasábamos estas fechas pegados a la pantalla del ordenador usando los juegos multijugadores como salas de reunión y los chats de voz como medio de comunicación. ¿Qué tanto ha cambiado? Si en vez de emborracharse hasta las tantas de la mañana en un parque, lo sustituíamos por acortar la vida útil de nuestras retinas en raids eternas y en levear personajes que años después acabarían en un rincón olvidado de nuestra memoria: un cubo de basura digital.

Hace menos, servíamos champán y sidra a ludópatas aún no diagnosticados que lanzaban sin miramientos sus ahorros en forma de fichas de colores, aparentando solvencia, serenidad y por supuesto, educación. Aunque también os digo, “le fue a decir la sartén al cazo”. Nos convertíamos en sirvientes y aférrimos de quienes localizábamos que podrían dar mejores propinas, o de quienes, a pesar de frecuentar este tipo de sitios, nos veían como humanos y nos daban conversación para amenizar noches de servicios sin valor añadido.

Quién sabe si en unos años tendremos que pasar estas fechas atrincherados en búnkeres porque a algún personaje se le haya ido la mano con el uranio y estemos en un entorno de destrucción y guerra virtual. Virtual pero muy real. O debatiendo sobre adoptar falsas realidades para encajar sociedades distorsionadas por barrotes de metal y cuatro paredes. O simplemente, metiéndome en la p*** cama a dormir, que me dejen dormir tranquilito para un vez que no tengo que madrugar al día siguiente tras este horripilante mes de batallitas y gritos de guerra para con uno mismo. Coñé~.

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