Feliz supuesta ‘felicidad’…

Me preparo para salir del edificio de donde vive una amiga, no sin antes intentar verme a mi mismo en el cristal de la puerta a modo de espejo; vaya cara de dormido, embobado y pálido que tengo. – ¿Y así he estado todo el día? – me pregunto… Decepcionante.

Vaya, frío otra vez. Las manos están congeladas, y las heridas al frío… duelen más. Me abrocho a tope el abrigo y meto las manos en el bolsillo en un intento de que cojan algo de temperatura; pero cuerpo frío igual a manos frías. Me dirijo hacia la parada de autobús más cercana mientras observo cómo se me escapa un autobús de vuelta. Veo que no hay nadie y saco el móvil para comprobar a qué hora pasará el siguiente: “No hay información disponible para esta parada”. Bien – me digo. He dejado escapar el último autobús.

Tras mirar alrededor varias veces haciendo como si estuviera comprobando algo, dejo de hacer el idiota y asimilo que tengo que ir andando hacia la tienda; sí, me quedaban unas cuantas horitas trabajando. Me pongo los cascos y enchufo el cable al móvil, automáticamente suena la última canción que estaba escuchando y comienzo la marcha. Noté cómo mientras me ponía los cascos las manos se convertían en palitos de hielo y la herida del dedo gordo (me pilló mi padre el dedo con la puerta del coche) comienza a cobrar vida propia produciendo un dolor infernal; volví a guardar las manos en los bolsillos y sigo caminando.

Tenía que atravesar un parque, cuyos caminos están empedrados. Por desgracia, las suelas de los zapatos no son tan gruesas y siento cómo cada piedra intenta atravesar las zapatillas, como si quisieran clavarse en carne. Por un momento no le di importancia, pero a medida que iba adentrándome en el parque comencé a notar dolor, de eso que uno dice: “Me cago en ****”. De repente, escucho sonidos que no provienen de los auriculares, escucho estruendos, ruidos y petardeos; “Pam!” “Boom” “PapaBam’s!” van infiltrándose en mis oídos a la vez que se mezclan con la música que tenía puesta, aunque podía distinguir perfectamente qué sonidos y cuáeles no pertenecían a la canción- como el agua y el aceite. Por cada paso que daba los sonidos se hacían más fuertes y un rato más tarde, pude ver cómo niños y no tan niños tiraban petardos por la calle con una sonrisa en la cara; parecían estar riéndose, aunque con la música puesta no lograba escuchar nada.

Ya salido del parque, pude ver mientras cruzaba los semáforos en rojo, las caras de los ocupantes de los coches: caras de estrés, de prisas y preocupación por llegar tarde; la mayoría bien vestidos para la ocasión, otros como en casa y alguno que otro, parece que de la prisa directamente salió con el pijama… con el frío que hace. Yo seguía mi camino, con la mirada perdida y apreciando lo desierta que estaba la calle, no había ni un alma, excepto yo – aunque yo, como si no tuviera alma. Pensaba que era normal, que la gente estaría en sus casas (o en la de los demás) cenando en familia y disfrutando de este día que ocurre una vez al año, celebrando la Navidad. Y es así, es un día para pasarlo bien y olvidar por un momento, las malas situaciones por las que se está pasando o el estrés diario al que esta maldita ciudad, somete a sus… ciudadanos.

Me gustaría estar con la familia entera reunida, pero no es posible; es más, el que todo el mundo esté cenando conjuntamente debería de darme envidia… pero del mismo modo me tendría que apenar y compadecer de todos aquellos que pasan estos días de Navidad solos, trabajando o lejos de sus seres queridos. Y es que, mientras mis pies avanzan casi solos, mis manos se siguen congelando y mi cara empeorando; empiezo a olfatear y captar los olores que vienen de las cocinas por donde paso… Pollo asado, pescado rebozado, alguna que otra sopa de calamares, ternera frita… Tengo hambre, pero no ganas de comer; quiero que mi paladar saboree los distintos sabores que puedan existir, esas delicias que se cocinan en ocasiones especiales, pero no puedo sino repetirme: No. Tengo que abstenerme, creerme que ahora no es la hora de comer sino aguantar unas horas más…

A dos calles de llegar a la tienda, hago un repaso mental de lo que he hecho este año… Y ahora que lo pienso, tampoco ha habido nada especial; ha sido todo muy… ¿igualado?, grandes alegrías acompañadas de grandes depresiones, nuevas amistades y el fin de otras tantas que se quedan en el olvido, ilusiones en forma de espejismos y cristales rotos por todas partes, pienso en cuánta gente he podido ayudar y a cuánta le he dado la espalda… Muchas cosas de las cuales arrepentirse y otras tantas de las que reflexionar, y como todos los años, el corazón acaba siendo el mal parado. Pero es hora de levantarse, mirar atrás y decir, sigamos adelante – chapó.

He necesitado esta dosis de entrada ‘egocentrista’, aunque siquiera sé de qué coño va esta entrada. Ha sido una especie de lluvia de ideas sin pies ni cabeza, algo que soltar así por así. Al final, conseguí llegar a la tienda, abrí la puerta y me encontré a mi madre en el mostrador y a mi padre viendo una serie en el portátil; como de costumbre. No sé por qué, volver a verles me ha sacado una sonrisa y me ha aliviado un tanto… Algo tan cotidiano que en un día como hoy, parece especial.

Tal vez no vuelva a actualizar hasta el año que viene, tal vez sí; quién sabe. Lo que sí voy a hacer es desearos a todos que paséis unas bonitas y felices Navidades – las cuales seguramente pasaré trabajando. Disfrutad de estos días, por vosotros mismos y si tenéis un huequecillo por ahí, por mí y por todas aquellas personas que en estos días no tienen a nadie con quien compartir momentos ‘mágicos’. Que Papa Noél (o Santa Claus, o el chulo-gordinflón) os traiga muchos regalos, yo en cambio, me conformo con lo de todos los años: nada.

¿Para qué sonreír más...?

¿Para qué sonreír más...?

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Prueba – tú. Y equivócate.

No hay fracaso excepto si dejas de intentarlo. – Elbert Hubbard

Han sido aproximadamente dos semanas sin dejar huella por aquí; ha sido meterme y ver telas de araña “flotar” en la esquinita superior del blog. Uno va viendo que las andadas universitarias no dan más de sí y acaban por consumir la mayoría del tiempo libre que uno tiene (y horas de sueño que uno necesita).

Los estados de ánimo no cuadran mucho con el temporal que hace, aunque el frío no acompaña muy bien a la ‘felicidad’. Y eso, en la cara de las personas que andan por la calle, se hace notar. Estrés, preocupación, prisas… Lo típico en el ambiente madrileño, lo típico en una ciudad contemporánea. El aburrimiento inunda las almas de las personas, un aburrimiento que surge de esa necesidad de planificar las cosas a la perfección; de cuadrar al milímetro que todo salga bien.

Cuando oigo decir que a las personas que hacen ingenierías, se vayan a buscar trabajo a Alemania, pienso: “¿Nos hemos vuelto locos?”. No tengo nada en contra de ellos, son de lo más majos que hay y el marido de mi tía, que es alemán, es de lo más majo! Pero son de lo más… “planificadores” y “sitemáticos” que puede haber; si no, esa costumbre suya de tener una agenda llena de citas y ‘appointments’ y no llegar tarde a ninguna de dónde viene?. Oí escuchar en un documental -de cómo se fabrican los coches en Mercedes-, que para ellos existe el dicho de “La perfección no es suficiente”. Hice un *facepalm* tremendo. Esa obsesión de que todo salga como lo planeado, ¿que necesidad hay?. Nuestra mente se vuelve tan técnica y mecánica que hasta se nos olvida que tenemos esa impresionante habilidad de “improvisar” que nos caracteriza.

Errar es de fracasados, si haces algo mal eres un inútil, una escoria de y para la humanidad… ¿Dónde quedó ese espíritu? Esa innovación de la que tanto hablan en los medios de comunicación no aparece por ningún lado si no es a través de cuarenta mil estudios previos, pruebas, patentes y trámites burocráticos para ser impulsada hacia el resto del mundo.

¿Por qué ese miedo a que las cosas salgan mal? ¿Por qué echarse atrás cuando ya el pie está dentro del hoyo? Si te dieran a elegir entre un puesto de trabajo con sueldo vitalicio que no te gusta y un crédito para realizar el proyecto de tus sueños sin tener la certeza de que salga bien; muchos cogeríais lo primero, porque es seguro, porque sería lo lógico y razonable. Tendemos a pensar que algo bien planificado no falla, que es el éxito absoluto y te hará subir hacia un nivel más alto, una supuesta felicidad mayor. ¿Seguro?

Nos enseñan a hacer las cosas tan mecánicamente, siguiendo una estructura tan rígida e interiorizada que nuestra mente lo adopta sin pensar. Decían que los chinos somos así, y me incluyo: “Tú dile a un chino que te haga un plan de negocios, y no sabrá. Enséñale cómo se hace, y cuando se lo pidas, te los hará perfectos; eso sí, si falla el plan no sabrán dónde estará el error”. Y es que es así, el pobre se habrá olvidado de qué es improvisar e intentará poner trapos encima para apañarlo.

Ya no cometemos locuras… Es que ni hasta para ir a comprar el pan. Quedarte media hora pensando en que si la barra en el Pepito cuesta 40 céntimos, pero en el Juanito cuesta 60 y te hacen un 40% de descuento, que si en el súper te la venden a 80 pero te dan un cupón de … A LA MIERDA TODO! Y si luego lo compras en el súper y vuelves con una confianza tremenda a casa, aparece tu parienta y te dice que por qué no lo compraste en el ‘chino’ que cuesta la mitad y además está más rico, pues comienzan los cabreos. (lo del chino no lo digo por mi tienda, eeh… o sí)

Lo que quiero decir es que tachamos de locos a quienes sobresalen de lo ‘habitual’, a quienes tienen genialidades y son incomprendidos, a quienes por intentar algo fuera de lo común en la vida han acabado viviendo debajo de un puente; por seguramente, una sencilla razón: “¿Qué dirán los demás de mí si hago esto?” Al final acabamos sentados en el sofá viendo la tele esperando en vano a que alguien lo haga por nosotros.
Failure
Fracasar parece que es una palabra tabú que no hemos de pronunciar y mucho menos dejar que el resto nos tache de ‘fracasados’. Es algo que nos atormenta con sólo imaginárnoslo. Lo mismo ocurre con toda esa gente con 20 años a la que ‘todo le da igual’; llevar ya dos décadas viviendo y pensar que vas a seguir los ochenta años que te quedan de vida viviendo igual… no hace mucha gracia. Vaya rollo de vida no?

Yo necesito cometer locuras, equivocarme y probar de nuevo. Me decía una tal Pera que uno no pierde nada si prueba a hacer cosas ahora; los errores de hoy no los podrás hacer mañana, es decir, ahora que uno es joven, pobre y sin ‘cargos’ podemos experimentar sin que haya muchas consecuencias “gordas”. Imagina a un cirujano (y con ello digo cualquier otra profesión), cuando está en la Universidad si es pasivo y se limita a hacer lo que se le ordena, no adquiere experiencia alguna más que saber ‘hacer las cosas bien’; pero si ya está operando a un paciente y por algún casual, algo no va como lo esperado? Obviamente las responsabilidades de cometer un error son mucho mayores que cuando estaba estudiando.
Sí, no tiene lógica ni pies ni cabeza; son como los sentimientos, nuestra cabeza no necesitaría de ellos, pero sin ellos no viviríamos. Es como la pasión por lo coches, coches que por antonomasia no tienen sentido, pero aún así quieres conducirlos…

Necesito esa chispa de equivocación que me haga decir: “Cierto, salió mal, pero aprendí”. Y si de verdad algo llega a salir mal, bien sean negocios, amistades, relaciones personales, proyectos y demás; que no sea porque hiciste algo de lo que pudieras arrepentirte. Al menos, cuando me haga mayor podré decir “Vaya locura hice”, pero la sensación de recordarlo entre amigos y carcajadas, no tendrá precio.

Prueba, equivócate y aprende de ello.

La entrada no tiene sentido en su conjunto, aunque se espera que se pueda captar la intención del autor. Para los amantes del pesimismo, ya llegará. El redactor escribe como el ojete.

PD2: Post relacionado, se recomienda su lectura : Desilusión. ¿Algo innato?

Apoteósico? Mejor deslucido.

Resulta paradójico que justo ayer cuando me propongo comenzar de nuevo, cambiar hábitos, comportamientos y demás; cuando estoy dispuesto a renunciar a cosas que me gustaría hacer para centrarme en lo que deberían de ser los estudios y bajarme de las nubes… apareces de nuevo en un sueño.

No tengo ni la más remota idea de por qué… (como diría el tito Mou). Estar tumbado en la cama y repetirte: Mañana comienzo a cambiar malos hábitos, comienzo a estudiar en vez de jugar y ver cómo las agujas del reloj van moviéndose rápidamente; comienzo a despojarme de todos aquellos pensamientos que me distraen y de todas aquellas penurias que atrás quisiera dejar… Es lógico que de la noche a la mañana eso no ocurra, que cueste su tiempo y que haría falta más fuerza de voluntad que la de aquellos que quieren dejar de fumar y cerrar los ojos con una sonrisa creyendo en vano que lo conseguiría… En vano.

Levantarme con los ojos hinchados de… tal vez haber llorado, con ojeras, palidez de enfermo y cabizbajo (te reirías mil años de mi si me vieras). Mirar al reloj y ver que ya han dado las doce del mediodía, ser consciente de que tienes muchas tareas que hacer y acabar no haciendo nada. Tumbado de nuevo, mirando al precioso techo blanco, con el cuerpo tiritando de frío… no sin haber estornudado un par de veces con una garganta semi-irritada de orco.

Tú, yo; en esa tarde lluviosa bajo los cristales del kiosco sin saber a dónde ir, con mi timidez por delante causando silencios incómodos en los que uno tenía que romper el hielo. ¿Fue ese día en que toda nuestra amistad empezó? Ya no me acuerdo, tal vez hubo un día antes; tal vez no… siquiera me acuerdo de un sueño. La memoria ya me está empezando a fallar, fruto de mi descuido e indiferencia por mantenerla activa, de mi inútil obsesión de olvidar, de dejar de atormentarme con hechos que si en su momento dolieron, ahora no tanto… y aún así, me pongo mil mantas encima mía y me tapo la cabeza como hacía de pequeño, creyendo que todo ese cúmulo de mantas serían las paredes de una fortaleza indestructible que ni bala ni misil podrían atravesar.

O aquella temporadita en la que no parábamos de ir todos juntos al mismo sitio semana tras semana a pasar la tarde que muchas veces aprovechábamos para sentarnos y tomarnos algo, charlar, decir paridas y soltar carcajadas a tutiplén. (Y que yo aprovechaba para comer-merendar-cenar… cuatro pájaros de un tiro). No sé nada de ti, ni de él (que se mudó p’allá) ni de ellas. Sería lo lógico supongo, esa sensación de querer preguntar algo pero no saber cómo hacerlo… espero que les vaya bien a todos.

Al final del sueño acabamos ambos sentados en el alféizar de tu ventana (todavía recuerdo que me quedé perplejo cuando dijiste esa palabra) mirando tu habitación en otro de esos silencios un tanto incómodos; sin mediar palabra tocaste suelo y te metiste en la cama. Yo que sin embargo quería hacer lo mismo, acabé por echarme hacia atrás y probar caída libre desde un undécimo piso. Tal vez el desenlace hubiera sido noticia para portada; pero en la realidad terminé despertándome.

Desde que terminó octubre las cosas han ido un poco a peor (si no lo estaban ya de por sí); se intenta estar anímicamente bien, pero acaba quedándose en eso… un intento. Una buena persona que conocí en la uni a veces me pregunta si te sigo echando de menos: a veces contestó que sí, otras que no tanto… para al final acabar en el mismo punto de siempre. Sí, te echo de menos y no poco.

También se asombra diciéndome que cómo puedo ser tan frío y no tener corazón; que no se imaginaría verme a mi soltar lágrima ni mucho menos llorar… Cuando a veces puedo llegar a ser el polo completamente opuesto. Supongo que para errar soy humano, y para todo lo demás un robot. Sigo medio derrumbado; si me vieras, por mucho que me preguntaras qué tal y yo te contestara “bien”, acto seguido me dirías: “Oye Henxu, ¿qué te pasa?”, me conoces, tanto en lo positivo como en lo negativo.

Supongo que tendré que seguir afrontando el problema y hacer un poco de artes escénicas aunque no se me da nada bien… Al fin y al cabo, yo me lo busqué.

3:20

Vida social, estudios o hobbies.

Llega un momento en la vida en el que uno se plantea si chocolate o vainilla, si pipí o caca, si Actionman o Playmobil, si Pokemon o Digimon, si tazos o peonza, si amigos o novia, si le quieres o no, si madrugar o dormir, si blanco o negro, si hostia o abrazo, si reír o llorar, si vida social o estudios…

Estando ya por los lares de la Universidad dos meses, se me plantea esta pregunta tan retorcida. Últimamente, no le estoy dedicando mucho tiempo a estudiar ni a centrarme en los estudios en general – sí, es lo mismo; los resultados no satisfacen a mis padres que se preocupan demasiado por mis andares en la carrera… aunque tampoco a mi mismo.

El otro día quedé con una amiga para comer y dar una vuelta por el centro. Al avisar a mi madre que no iba a comer en casa, comenzó el típico sermón: “Ya basta de tanto salir, ¿no?. Nunca te veo haciendo algo, o estás al ordenador o estás durmiendo. Mira a ver qué hacen tus compañeros de clase y compáralo con lo que estás haciendo tú. Te dije de aprender chino o inglés y ninguna de las dos cosas o cualquier otro idioma, tú verás lo que haces”. Reflexioné un rato y en parte tenía razón; lo que veo que muchos de mis compañeros de clase hacen es ir al 100 Montaditos y yo quedarme en casa.

Salí de casa, me dirigí a la parada del autobús y comencé a pensar en ello. No quería estudiar tanto y volverme un loco sin vida social; pero si sólo dependo de la vida social tampoco voy a ningún lado. Ambos extremos son muy malos, ir sin verdaderos colegas/amigos es … muy peligroso y centrarse solo en los amigos y dejar aparte los estudios tampoco es buena idea; ellos no te van a dar pan para llevar a la boca – salvando contadas excepciones-. Lo ideal sería compaginar ambas cosas y tener un término medio… lo fácil, es decirlo. Y a pesar de no tener mucha vida social, sigues en las mismas.

Sí, mi madre estaba en lo cierto; tengo que ir a aprender tanto chino como inglés, tengo que centrarme en la Universidad y dejar un poco de lado el ordenador. Añadiendo a eso que no me acostumbro al horario y voy al gimnasio los días impares excepto el domingo. Necesito dominar más esos dos idiomas, así como el español – mi supuesto idioma materno- que en la mayoría de las ocasiones me expreso como el … ¿culo?

Si ya así piensas que no tienes tiempo para nada, las cosas se complican aún más cuando tienes pensado aprender mecánica y sumergirte en el mundo de los coches, aprender otro idioma más, poder salir en bici muy de vez en cuando, retomar el aprendizaje del piano, seguir con mi hobby del cubo de Rubik y penspinning, visitar a los profesores del colegio, viajar… Etc, etc… Es cierto que si se tiene la sensación de que el tiempo no da más de sí, es porque uno no sabe gestionarlo bien.

Eso implicaría estar todo el día ocupado y no poder hacer nada más que seguir una rutina estática, quedarse parado en el espacio; en tu espacio y quedarte en cierto modo incomunicado del resto del mundo. De eso que comienzas a levitar encerrado en tu burbuja imaginaria, con la oscuridad nublándote la vista e impidiéndote ver más allá que la propia oscuridad; de eso que te atan un par de grilletes a los pies para que vayas hundiéndote lentamente en su mar, te encadenan las manos fuertemente y notar cómo tus músculos van desgarrándose mientras se niegan a responder en tus intentos de deshacerte de ellas… Oler chamusquina de cenizas de tu pasado y notar cómo poco a poco inundan tus pulmones, oír voces sensuales que te incitan a hacer actos indecorosos para rendirte a los pies de la lujuría y sobre todo sentir cómo tu saliva se va mezclando poco a poco con la amargura del bozal y darte arcadas pero sin lograr vomitar tu arrepentimiento…

Tras este párrafo sin sentido, uno que se va a dormir tres horas. Espero que algún día, cuando me pregunten: “Cuándo piensas hacer X”, deje de contestar con total pasotismo un “No sé… Ya veré”.

– ¿Que cuándo pienso irme a la cama?. Ahora.

Efervescencia

Aprovecho que estoy solo en casa y tengo un poco de tiempo libre para plasmar de alguna manera la semi-monótona vida que tengo y el asco que le tengo a los domingos.
Llevo una semana que no paro pasarlo en cierto modo, mal. *Música de fondo: ” A quién le importa…”* No sé ya ni por dónde empezar, una falta de sueño acumulada hace mucho daño.

A principios de semana continué con mi ronda de sueños carentes de sentido, pero que reflejan la absurda situación en la que uno se encuentra. De esos momentos que quieres que lleguen pero cuando lo hacen comienzas a dudar de si dar un primer paso o no, de si ciertas cosas se podrán arreglar o no, o de si merecería la pena mover primero. Se es dicho que tomar decisiones es muy difícil, pero nadie dijo que llevar a cabo lo decidido también lo fuera; y si ya se ha dicho, pues mejor.

También se me pasó por la cabeza, que ya había pasado un año desde que se fue mi primo de este mundo y hoy toca ir a visitarle. Y que hace dos años estaba tal y hace tres cual… un repasillo mental. Ya te percatas de que el tiempo pasa rápido por muy mal o bien que te lo estés pasando y que éste (el tiempo) va arrasando todo a su paso, sin posibilidad de dar marcha atrás pero sí de mirar hacia atrás y aprender -o intentarlo- del pasado. Lo efímero que es todo verdad?

Hace una semana y pico comencé la asignatura de técnicos de búsqueda y uso de la información; algo que parece sencillo pero que tiene cierta teoría. Nos tocó un profesor muy majo y gracioso; haciendo bromas de vez en cuando, sonriendo en sus explicaciones y poniendo ejemplos a todo lo que explicaba para hacerse más amena -y comprensible- la clase. Hasta me quedé un rato hablando con él sobre si era redundante o no poner la bibliografía final en los trabajos y demás; toda una delicia de profesor.

El jueves, al volver del puente en clase de fundamentos del sistema jurídico; me preguntaron si luego tenía clase y conteste que sí, tenía clase de técnicas. Hasta que alguien dijo : “Creo que no”, haciendo un gesto con la mano señalando la parte izquierda del pecho. Me reí levemente para dar un poco el pego de ‘seguirles la corriente’ porque no sabía si era una broma y me estaban tomando el pelo o iban en serio. La clase siguió y yo deje de pensar en ello.

Al salir de esa clase me encontré con los compañeros de mi grupo reunidos en el patio central del Campus. Y comenté si sabían lo del profesor de técnicas y contestaron dudosos; que si era verdad, que si no, que si de dónde se había enterado cada uno… Hasta que vino un compañero desde el punto de información del campus y nos dio la triste noticia, que más tarde, nos daría la coordinadora de la asignatura. Nada se ha dicho en las noticias de la Universidad, nada de notificaciones a los alumnos, nada de eventos para rendirle homenaje… Nada, excepto tres frases de la señora que vino a confirmarnos su fallecimiento y el anuncio de una profesora nueva; que ni fu ni fa…

El antiguo profesor lo tenía todo planeado, incluso hasta podría poner el adjetivo de : Meticulosamente. Horarios, temarios, convocatorias, cuestionarios, fechas de exámenes… todo de acorde a un calendario inamovible. Recuerdo que estábamos un amigo y yo preguntándole algunas cosas después de clase y que al despedirse de nosotros nos dijo:

“Hasta el próximo día!”

Incluso ese día soñé que estaba en una de sus clases… Sigo conmocionado, tan de repente acontecen sucesos indeseables; pero no tan de repente uno se recupera de ellos…

Descanse en paz.

No quiero soñar más contigo.

Me acabo de despertar y lo primero que hago es ver la hora que es: 10.30 .. Vaya, he dormido once horas… Poco a poco, las distintas partes de mi cuerpo van dándome señales de vida y mi cerebro las va procesando. Tengo agujetas, es normal; tengo el cuerpo entero lleno de sudor… eso es que tal vez haya soñado algo incómodo; noto la almohada mojada y mi cara un poco húmeda: he llorado mientras soñaba… entonces sí que ha sido un sueño incómodo (¿dónde estará el límite entre pesadilla y ‘sueño incómodo’?)

Le doy al botón de flashback para intentar recordar qué imágenes mentales me ha proyectado el cerebro mientras dormía… y a medida que van pasando imágenes por mi cabeza voy entristeciéndome sin oportunidad de parar la película: una vez le das al play ya no puedes pararla hasta que termine, como la vida misma. Ríos de tinta invisible comienzan a discurrir por mi cara… Aunque si me viérais por fuera parecería un loco mirando fijamente a la estantería de su habitación mientras llora así sin más.

Estaba en un centro comercial, mezcla de casi todos los centros comerciales en los que he estado en mi vida: algunos de Madrid, otros de China y algún que otro de Suecia… No me preguntéis de dónde he sacado esa mezcla, pero así fue; habían elementos que me recordaban unos a un sitio y otros a otro. A medida que iba andando sin rumbo por aquel sitio, iban apareciendo personas que conocía y nos parábamos a charlar un rato para saber cómo le iba la vida el uno al otro: amigos, compañeros, conocidos, familiares, ex-familiares…

Poco a poco iba anocheciendo y el centro comercial se iba quedando vacío: las tiendas bajaban sus persianas, la gente que había estado de compras iba yéndose y yo sentado en medio del centro comercial iba viendo el panorama… hasta que era el único ser viviente que allí existía. Estaba en una situación en la que si me hubiera pasado de pequeño, hubiera estado dando saltos por todos los lados. Eso de quedarte sólo en un Centro comercial y poder coger todas las chuches, los juguetes, las consolas, la ropa… coger todo gratis; pero en ese momento no pensaba en eso…

Me sentía como una mierda que yacía en medio de un lugar inerte, lleno de cosas que si bien me alegrarían el día, no me harían feliz ni de lejos. Des-pegué mi trasero del banco y comencé a vagabundear de nuevo, esta vez fijándome en los establecimientos que allí habían. Tiendas de electrónica, de moda, de consumibles, de muebles, de belleza… había de todo… y todo con precios astronómicos; no sabéis la impotencia que causa eso de ver joyas que valen el triple que tu casa. Y tras haberme dado toda una vuelta, me senté en el mismo banco. La mierda se hizo más mierda hasta que decidió irse de ese lugar.

La salida era una puerta enorme, parecida a las que hay en las catedrales pero en vez de ladrillos hay cristales que te permiten ver el exterior. Arriba del todo había un cartelito que ponía: “No volver jamás” y me resultó raro ver ese ‘jamás’ ahí escrito; puesto que yo soy una de esas raras personas a las que no le gusta utilizar “siempre” ni “nunca” ni similares… La puerta automática se abrió para permitirme salir y justo comienzo a oír ruidos… parecían los pasos de una persona corriendo y antes de poder girar la cabeza para ver qué ocurría; esa persona me abrazó por detrás…
´
Esa calidez, ese olor… me era tan familiar, era jodidamente hipnotizante. No cabía duda, no podía ser otra persona más que ella. De repente empiezo a notar frío, giro la cabeza y no había nadie; su fragancia seguía viajando por el aire pero ella no estaba. ¿A qué había venido ese abrazo? Y me desperté y ya sabéis el resto de la historia.

No sé si al final conseguí dar un paso y me largué de ese centro comercial o me quedé allí encerrado… Lo que sé es que si para evocar todas aquellas sensaciones de estar junto a ella tengo que recurrir a mis sueños; mejor me voy preparando el cofre ataúd y me llevo todo esto a la tumba…

La previsión del tiempo en el móvil me dice que hoy no va a llover… Vaya mierda de día.

De repuesto.

Cobrar vida con la luz del Sol y ser incapaz de moverte sin que ella te alumbre. La mayoría de los seres humanos son asi: viven de día, descansan de noche (o eso creo). Hay excepciones, como quienes trabajan de noche, son noctámbulos, tienen problemas para dormir o simplemente duermen… y no despiertan.

Yo no sé a qué grupo pertenecer hoy. Son las siete y media de la mañana, los autobuses ya han comenzado a circular, el cielo sigue oscuro y mi cabeza sigue dudando entre seguir mirando al techo sin concebir sueño o empalmar el día y darme un paseo matutino. Son ese tipo de dilemas existenciales que surgen cuando uno ya no sabe qué hacer para afrontar su propia locura, aunque eso sí; lo que más noto es el rugir de mi estómago. Y no, no pienso comer nada por mucho ruido que haga el muy ‘jodío’.

*Paréntesis: Mi hermanito se acaba de despertar, ha entrado en mi habitación y me pregunta que por qué sigo despierto. Ojalá pudiera saber por qué*

Hoy en clase, entre otras cosas como dormirse, intentar comprender las lecciones y atender; he visto un documental sobre la pena de muerte en Estados Unidos. El ‘protagonista’ del vídeo es un reo que lleva casi veinte años encerrado en el corredor de la muerte, esperando a que le digan la fecha de su ejecución (pues está sentenciado a muerte). Él comenta que una vez se sabe el día en que uno va a ser ejecutado, se es incapaz de pensar más allá de la fecha señalada; la mente se bloquea e intenta asimilar que a partir de este día se marchará de aquí.

Entonces comienza una pesadilla en forma de tortura psicológica, ya da por asumido que será hombre muerto y que ese día, vendrán cinco hombres junto con las tres jeringas que le inyectarán para ‘adormecerle’: Una primera con somnífero, una segunda para paralizar el diafragma y los pulmones y una última para paralizar el corazón. En teoría, sólo se tendría la esperanza de que unos momentos antes de la ejecución viniera alguien a comunicarte que estás absuelto… Pero como las cosas pueden ir a peor, irán a peor. Y, en vez de decirte eso, te informan de que han aplazado la fecha de tu ejecución.

Uno en teoría se alegraría si tuviera unos cuantos días, meses e incluso años más para vivir; pero si te lo dicen allí, uno sabe que va a seguir encerrado en el corredor de la muerte hasta nueva orden y comenzará a sufrir esa pesadilla de nuevo. Si ya de por sí se hace difícil aguantar el momento en el que te dicen: “Tal día se procederá a su ejecución”, imagina si te lo dicen dos veces… Al protagonista ya le habían prorrogado su ejecución más de diez veces.

Esto me recordó a un conocido al que le había ocurrido casi lo mismo, extrapolado al ámbito de las relaciones personales. Todos estamos sentenciados a muerte desde el momento que nacemos, la cuestión es que ni sabemos cuándo ni cómo, siquiera si de forma natural o mediante inyecciones – cualquier otra manera-. El caso es que esa persona se encontró con el ‘amor de su vida’, a modo de flechazo se conocieron y comenzaron a estar, cada vez más, juntos… ya va una.

A medida que fue pasando el tiempo, se fueron conociendo el uno al otro. Cuando me encontraba a la pareja por la calle, les veía a ambos muy pasionales y con una sonrisa de lado a lado. Yo ya estaba apostando por que acabarían casados y formando una familia… Pero ya me decía mi madre que apostar no es bueno, pues tienes la posibilidad de acabar perdiendo y lamentablemente, así fue. Él le pidió el matrimonio, ella le pidió un tiempo, no estaba segura. Cosa que le sintió fatal al chico y empezó a desconfiar de ella. Comenzó a formarse entrelazados de preguntas sobre si de verdad le quería tanto como decía… entonces por qué iría a aplazar el matrimonio? Cayó en una depresión, me llamó, me contó lo que ocurrió y me dirigí corriendo a su casa. Estaba a trozos: con la razón en un lado, el juicio a otro y el alma ni se supo de ella… Con esta iban dos.

Pasó casi un mes hasta que obtuvo una respuesta… negativa. Decidieron dejarlo. Cuando una de las partes deja de sentir lo mismo que la otra; el mecanismo deja de funcionar. Si el chico ya estaba derrumbado de por sí, al oír esas palabras… literalmente se le cayó el mundo encima. Fue como eso que sabes que va a pasar pero que no quieres que suceda; pero a lo ‘big’. Acabó tomando anti-depresivos y medicamentos que le ayudaran a concebir el sueño durante un buen tiempo. Y con esa fueron tres y sigue vivo.

En cuanto a mi, creo que me he puesto ya dos inyecciones. Y aquí sigo, loco por la vida, como todo el mundo, ¿no?. Aunque dudando de si querer ponerme la tercera dosis ‘letal’… o que me la ponga otra persona. De todos modos, espero encontrar a alguien que me deje un corazón de repuesto o que lo comparta conmigo, por si no salgo vivo – ¿Qué egoísta verdad?

Me he re-leído esto, no encuentro moraleja ni sentido alguno (aunque puede que sea porque ya se me están cerrando los ojos), y como está escrito, escrito lo dejo.

Creo que me voy a dormir si puedo, ya he visto el amanecer.

8.33