Felices Vanidades

Se supone que las Navidades son para pasarlas en familia, juntos, todos reunidos cenando y pasando buenos momentos que a veces, constituyen la única ocasión de ver a alguien querido en todo el año.
Se supone que todos los niños tendrían que estar durmiendo felizmente en sus camas, tras saber que esta noche bajaría Papá Noel por la chimenea a entregarle sus regalos; y aquellos hogares que no tuvieran chimenea… Pues ajo y agua.
Se supone que… “suponer”, al fin y al cabo no acaba sirviendo para nada.

Cada año me voy dando cuenta de que mi espíritu navideño se va mermando más y más, como si alguien hubiera puesto un vaso encima de una llama, limitando el oxígeno que ésta puede consumir hasta el punto de consumirse a sí misma. Antes “molaban”, ahora simplemente dejan de “molar”; aunque en teoría, como dice un buen amigo, los chinos no deberíamos de estar celebrando las navidades. (yo debería estar trabajando en el arrozal).

Uno pierde la ilusión de que lleguen las navidades, puesto que lo ‘importante’ es tomarse un respiro antes de volver (de nuevo) a una monotonía que comenzará en enero. Son esos momentos en los que se aprovecha para hacerse proposiciones para el año próximo, para establecer objetivos que muy frecuentemente acaban en saco roto. Por ello, apenas le doy importancia a las navidades, más que para responder felicitaciones que recibo de otras personas, por pura cortesía.

Esa imagen de familia unida, todos felices y contentos disfrutando de este periodo festivo se desvanece por completo cuando llego a casa y observo, que por un lado o por otro, mi familia está fragmentada: Mi padre se desentiende de cualquier asunto que tenga que ver con el trabajo, la tienda o cualquiera de sus obligaciones como padre; mi madre por tanto intenta, dentro de lo que ella puede hacer, la tarea que debería ser de ambos; mis hermanos, inmersos en su mundo de pasotismo, las series de televisión y los juegos de ordenador y yo, mitad y mitad.

Siento cómo las piezas se separan cada vez que escucho a mis padres discutir.. y más últimamente, cuando cada discusión está más subida de tono que la anterior. O cuando hay riña entre mis padres y mis hermanos; me encuentro en el limbo de no saber a quién defender, si a mis padres o a mis hermanos puesto que ambas partes, a mi juicio, llevan razón… Cada vez que termina una de estas discusiones intento sacar mi lado optimista pensando en que las cosas ya se han arreglado y no volverán a pasar; y digo intento porque cada vez parece que en esta casa no hay paz.

Pero hoy, no sé ni cómo cargar con el peso que llevo encima. Es la primera discusión que tengo con mis padres en la que mi madre ha acabado llorando por mi culpa… No podía con mi alma al ver esas lágrimas bajar por su rostro… eran lágrimas de impotencia, preocupación y dolor, sobre todo dolor. Si comenzamos a discutir fue porque yo quería coger la bicicleta y dar una vuelta para estar conmigo mismo durante un rato e, irónicamente, tras todo esto, me encuentro con que necesito mucho más que antes estar desconectado del mundo..

Mis hermanos están casi en la edad de “rebeldía” y yo estoy en la edad de querer ser más autónomo e independiente. Las cosas no van a estar precisamente tranquilas por aquí. Se nota que es Navidad… No, mejor dicho, se nota que esas familias perfectas no existen; al menos en mi mundo.

¿Cuál ha sido el balance de este año? Pues no lo sé, es como una historia cuyo hilo argumental da giros inesperados cada dos por tres, pero, paradójicamente y al mismo tiempo, la misma historia se pliega sobre sí misma una y otra vez como si de un origami se tratara.

Creo que necesito aprender lengua de 1º de la ESO y ordenar mis ideas.
Que paséis unas felices vanidades.

Regalos sin navidades.

A escasamente 8 horas de tener que entregar un trabajo y hacer un examen para el cual todavía no he estudiado, me pongo a escribir una entrada. Sí, sigo manteniendo las viejas costumbres.

Hace nada estaba hablando con mis padres para pedirles un poco de ayuda económica y poder llevar adelante un mini-proyecto que tengo pensado; la conversación básicamente ha durado el tiempo que tardas en leer esta frase:

“Esto… papá, mamá, tenía pensado hacer “esto” y quería preguntaros si podríais dejarme “x” cantidad de dinero”
“Vale, recuérdanoslo mañana”.

Así, tal cual. Sin pedirme explicaciones ni similar, bueno, eso sí; me han dicho que si influye en mis estudios que ni de coña se me ocurra realizar tal proyecto… (Lo siento, ya me ha afectado bastante como para no realizarlo ahora…)

El caso es que todo el beneficio que consiga sacar después de esto va a ir casi íntegramente a ellos. Porque ellos se merecen esto y más, ya han tenido suficientes años aguantándome en casa y haciendo caso omiso de sus indicaciones y/u órdenes y aún así me siguen apoyando en lo que necesito. Tal vez sean de esas irracionalidades que llegaré a comprender cuando yo sea padre; además, todo esto resulta irónico porque cuando la mayoría de la gente logra comprender lo que sus padres hubieran dado por ellos, ellos no hacen más que dejarles abandonados en un asilo y seguir con su propia vida como si nunca hubieran existido – excepto cuando toca ir a regañadientes a su funeral.

Y la parte que no es para ellos, voy a comprar algunos regalos para mis hermanitos. Desde renacuajo no me regalaban cosas por Navidad salvo muy contadas ocasiones y ya de Reyes, creo que el número se acerca peligrosamente a -1. Además, lo veo muy consumista esto de tener que regalar algo sí o sí cada Navidad, pero me gustaría tener un detalle con ellos a pesar de que no hagan más que dar la vara y ponerme a parir cada vez que se encuentran con amigos míos.

Creo que tener un detalle con ellos de vez en cuando no es malo. Suena como si quisiera limpiar mi imagen de hermano mayor cabrón, mandón y borde, pero no quiero eso. Quiero que ellos sigan teniendo esa imagen de mi pero sacándoles una sonrisa. Todavía me acuerdo cuando mi hermano me pidió con una postura y mirada de gato con botas que le comprara una PSP, y por suerte, en mi estancia en Valencia, un colega me regaló una PSP defectuosa por dentro, nueva por fuera.

La alegría que cogió los días después de haberle regalado eso perfectamente funcionando era de lo más lindo. Me recuerda a mi de pequeño cuando me regalaron un par de zapatillas “especiales” para niños “especiales”: de estas que brillaban por cada paso que dabas, pues de esas. En vez de andar iba corriendo aposta a todos los lados sólo por ver el brillo de las luces de las zapatillas. Qué niño feliz era.

Pero en fin, no sé qué regalarles, tampoco quiero algo que acabe en el armario como hicieron aquellas zapatillas de futuro cani (pero no porque no las quisiera llevar, sino porque me crecían los pies). Es obvio que Papá Noel y los Reyes no se van a pasar por aquí este año. Tendré que disfrazarme de ellos.

Fdo. Pensamientos sin sentido porque no hay ganas de estudiar.

Problemas míos sin problemas.

En un intento de echarme la siesta al entrarme el sueño sueño, pero con resultados infructuosos puesto que se me ha acabado la medicación, vengo aquí a escribir otra entrada cuyas ideas me han venido a la cabeza mientras tenía los ojos cerrados que os importará un pito y menos. (Naaaaadie obliga a que leáis).

No sé, mientras navegaba por el mar de ideas inconexas que llena mi pecera-cerebro, me he empezado a auto-criticar. Así, tal cual. No me preguntéis qué estaba pensando para llegar a esta situación, pero aquí me hallo redactando esto. (Qué bien sienta a los ojos escribir “hallar” bien). Tal vez porque estaba en el Cercanías con la música a todo volumen y estaba en mi mundo paralelo a este, en el que sólo hay eso, ideas mías y yo; podría haber… yo que sé, unicornios, porno en 3D o teletransportadores que te lleven directo al WC, por poner algún ejemplo.

Pero yendo al grano, creo que uno de los problemas con los que me estoy afrontando últimamente ha sido mi cambio de personalidad. Que yo recuerde (o lo que yo creo que recuerdo), antes era un chico con ideas claras, con principios más firmes que una columna de gelatina y con buen sentido del humor . . . bueno, eso último no lo habéis leído. Desconozco desde qué punto he empezado, dicho de cierto modo, “a no ser yo”. Seguramente me haya convertido en una especie de plastilina maleable de acorde a las situaciones que vivo en el día a día; en algo fácil de manipular y moldear… Algo así como en un niño de 3 años al que le dices que si el color rojo es una mierda, él se creerá que es una mierda sin razonar el porqué de ello; simplemente, creyéndoselo. Sé que no sirve mucho para ilustrar cómo ando, pero la idea es esa.

Por ejemplo, uno de mis principios era afrontar las cosas con la verdad. No tenía miedo de nada, andaba despreocupado por la vida cual machoHeidi saltando por el valle. Si tenía que perder a algo o alguien a base de decir verdades, lo hacía; ya estaba acostumbrado a estar solo desde mi infancia.. Pero hace cosa de un año o así, comenzó mi desviación al camino de la verdad (OOOH, QUÉ FILOSÓFICO SUENA ESO). Siendo sinceros, no se me da bien, no sé mentir (habiendo gente que se aprovecha de esto); pero en situaciones en las que la presión me puede, me veo forzado a hacerlo a pesar de que se note a la legua. Sobre todo con mis padres, que si en notas, que si en salir, que si en … etc.. A pesar de que soy consciente de que muchas veces saben que no estoy diciendo la verdad.

Otro de mis problemas que han pasado por mi cabeza, es mi tendencia a presumir. Presumir de algo es de las cosas más fáciles de hacer en el mundo, en especial, en aquellas ocasiones en las que se alardea de algo que no se tiene. No sé si os ha pasado alguna vez estar en una conversación en la que alguien comienza a presumir de su riqueza por ejemplo, y tú por pura dejadez y envidia, comienzas a presumir de algo que sabes que el ricachón no va a tener, cuando ese “algo” es de las cosas más comunes del mundo mundial (véase, hacer un perfect mientras vas a visitar al Sr. Roca). Otras veces, ante la falta de valores que observo en determinadas personas, comienzo a presumir de mi honradez, de mi humildad, de mi madurez; cuando en realidad por un lado estoy demostrando todo lo contrario y por otro, son actos que no me van a hacer ni más honrado, ni más humilde ni desde luego, más maduro.

Y relacionado con esto anterior es mi baja autoestima: No me aprecio. Cuando dicen cosas buenas de mí, yo las niego porque a ojos propios no soy así. Esto es algo que ha llegado a molestar y molesta a bastantes personas. El principal problema que tengo con los elogios a mi persona es mi negación a aceptarlos (¿de verdad?!), porque soy consciente de que si me empiezan a decir de todo menos “Eresunfeocabrónsinvergüenzamentirosodelamorhermosoyapuedesiryéndotealatumbayponerteacagarmonos”, me lo creo; me sube el ego a las nubes y vuelvo a la casilla anterior: presumir.

Puedo ser especial, ser único y magnífico y todo lo demás; y a veces intento diferenciarme de aquella gente a la que intento poner nombre (esa “gente” que lo denomina “normal”). Pero luego acabo desembocando en una idea: Joder, si todos somos únicos y especialitos; ¿qué gracia tiene eso?; ser único acaba convirtiéndose en algo común, y los bombones que uno saca de la caja comienzan a tener el mismo sabor. Todo esto también es resultado de mi baja autoestima, pienso en que soy minucia comparado con aquellas personas importantes que me rodean a pesar de que me afirmen y reafirmen de lo contrario.. puedo ir alabando el físico, el carisma o la personalidad de alguien y al mismo tiempo hundir en la miseria el mío propio sin ton ni son, sin razón racional ni emocional, así por que sí. Pues así de tozudo puedo llegar a ser.

Y siguiendo la cadena, sí, la tozudez puede conmigo. Me empeño en intentar lograr algo por las buenas o por las malas aun cuando mi entorno me advierte reiteradas veces que eso no merece la pena o consiste en una pérdida de tiempo y esfuerzo. Pero esto es una contradicción en sí misma puesto que soy inestable, algo así como una bomba de relojería sin control.. es decir, del mismo modo que puedo ser un ‘pesao’ a la hora de intentar obtener algo, puedo ser un “joder macho que te repites” cuando estoy de buen o mal humor; es decir, mi estado de ánimo puede cambiar de “chachiguay” a “vayaputashit” en menos de dos segundos y cuando cambia, me repito y voy despriendiendo frases gilipollescas por doquier, desde el estilo de “soy el tío más feliz del mundo” hasta “me merezco comer mierda todos los días” y en adelante.

Otro de mis rasgos negativos, es mi puntualidad. Sí, algo que creo que cada persona que me conoce ha llegado a vivir más de una vez. Voy con prisas a todos los lados, haciendo todo en el último momento y por ello, llegando tarde a todas partes. A veces es por dejadez, otras por falta de ganas y muchas otras porque “había mucho tráfico” (y esto último suele ser verdad, excepto en el metro). Sumamente consciente de que resulta en una falta de respeto a la parte que me espera… Intento llegar puntual a todos los lados y creo que estoy haciendo un avance: Antes, de cada diez clases que tenía, a nueve llegaba tarde; últimamente voy bajando a 6. Y sí, estoy marcando en un calendario aquellos días que no consigo llegar tarde.

Por último y porque tengo que irme pitando de aquí ahora mismo y no sé si el resultado de todo este bagaje anterior, es mi poco cuidado conmigo mismo. Dicho de otra manera con las mismas palabras: No me cuido. No voy a entrar en explicaciones porque de todo lo anterior uno puede deducirlo sin muchas complicaciones. Pero así es, los que me conocen bien bien lo saben: dormir poco, no preocuparme de la vestimenta, de mi aspecto exterior ni de por ejemplo, el orden en mi habitación. Hubo una temporada en la que me enseñaron a apreciarme y cuidarme, a aprender a escoger vestimenta e ir construyendo mi propia personalidad “textilmente hablando”; y sigo con ello, excepto en la parte de dormir porque tengo problemas en conciliar el sueño…

Me estoy dejando demasiadas cosas en el tintero, como mi predisposición a juzgar a la gente sin conocerla; a juzgar malamente a una persona por no hacer bien algo cuando su intención era la contraria, a excusarme yo mismo por algo que no he logrado hacer usando como pretexto “es que mi intención era…” (vamos, desprendo hipocresía por todos mis poros),el no saber organizar mi propia vida a pesar de tener claras mis prioridades o el no saber contar hasta diez antes de soltar cualquier tipo de contestación no agradable.

Espero ir cambiando muchos de estos “fallos míos” que tal vez sean muy humanos (para mi no lo son) y espero que sean problemas de mi personalidad y no de mi carácter… Suena como si buscase ser la persona perfecta, totalmente limada de defectos y deficiencias; pero lo que quiero es encontrarme conmigo mismo y ser el que solía ser antes, en el buen sentido de la palabra. Un pervertido en potencia.

Teoría de confianza 27.

Después de un horrendo día, lo mire por donde lo mire, he venido aquí a mi rinconcito a desahogarme un poco. Podría haber caído en la simplicidad de haber dicho: “Si lo sé ni me hubiera levantado”, que por poder, podría; pero creo que la vida no es un “todo o nada”, es decir, no es “No hago nada, no recibo nada; hago mucho y recibo mucho” sino que más bien suele ser del tipo “No hago nada, tengo suerte y me toca mucho; en cambio, pongo todos los medios para alcanzar algo y no recibo nada“. Que es básicamente lo que me suele ocurrir a mi, bueno, excepto en el recibir sin hacer nada.

Y es que, después de que me abran el orto en un examen de Derecho al cual he ido más espeso que una roca… Después de darme cuenta a la hora de poner la fecha que hoy cae 27… Pues le he empezado a coger manía a esta fecha; un examen el día 27 debe de ser para vosotros algo así como salir de fiesta un martes 13. Pero en fin, he depositado mi “corasonsito” a merced del profesor de Internacional (sí, el mismo de la entrada anterior); ya se encargará de suspenderme con un cero bien grande. Ministro de Asuntos Exteriores de China me dijo que iba a ser porque tengo mente de jurista… Espera que voy a reirme un rato y ahora vengo.

Ya estoy.Yo hoy quería venir a hablar de la confianza, ese tema tan delicado del que todos hablamos sin saber. Y sí, yo tampoco sé del tema, así que podéis llamarme hipócrita. El problema es que tenía muchas ideas por el camino y ahora no me acuerdo de ninguna; bueno sí, de por qué cojones he visto un perro llevando corbata subiendo las escaleras mecánicas del metro con su dueño vistiendo de payaso oliéndole el culo; pero eso es harina de otro costal.

Después de varias clases de Teoría de los juegos, no puedo sino pensar que la confianza es como un “juego”, en su buen sentido de la palabra, es decir, conjunto de opciones que tiene uno o más jugadores en los que dependiendo de la elección que tomen, reciben una recompensa u otra. Para simplificar todas estas cosas que estudiaréis si os metéis a alguna carrera relacionada con ADE o economía, os pongo un gráfico made in Henxu sencillo de qué es un juego:

Eso es arte señores. Como había dicho hace dos años en esta entrada: ¿Pueden chicos y chicas ser sólo amigos? Dos personas difícilmente podrán llegar a ser sólo amigos. La realidad es palpable y así son las cosas (mis cosas). El caso es, el equilibrio del juego (es decir, que haya final feliz) que arriba véis reflejado, es: “O el chico pide salir y la chica acepta” o “el chico no pide salir y la chica tampoco tenía intención de ello”. En caso contrario, uno de los dos acabará más hundido en la mugre que otro, ¿es lógico verdad? Pues para el profesor de derecho internacional no.

Pero a lo que quiero llegar no es cuestión de si uno quiere salir o no con la otra persona (que también), sino en la confianza que hay después de que éstos comiencen a ser pareja. Os voy a poner otro gráfico (me tiraré otra media hora antes de hacer una chapuza):

De manera MUY SIMPLE, una relación se basa así, en decidir día sí y día también si vas a confiar en tu pareja. O se confía mutuamente o no se confía nada (perdón, o se confía y se va a pique o no se confía y la relación va viento en popa).

Con tal de que uno deje de confiar en el otro, las cosas no van a ir como tienen que ir. Pero, mi pregunta (que va para vosotros) es, ¿qué es lo que le lleva a alguien a desconfiar de otra persona? Es obvio que, siguiendo el gráfico, nunca desconfiaríamos de la otra persona si ella confía en nosotros; y, tampoco habría motivos para desconfiar de la otra persona porque el desenlace no es bueno ni para uno, ni para el otro.

Sin embargo, en la vida real hay más factores que influyen en una relación, celos, personas más atractivas que tu pareja, personas más atractivas que tú, errores tuyos, errores de tu pareja, amigos, confidentes, padres, enemigos, etc… Todo un cúmulo de situaciones que serían difíciles de representar en un gráfico como el de antes. Y lo que es más, si uno llega a perder la confianza de la otra persona; mal vamos: que podéis ser los más chachipiruli-guays amigos de vuestra chachipiruli-vida, pero como uno deje de confiar en el otro, ya podéis ir yendo a chachipiruli-ser los mejores amigos que por mucho chachipiruli-amigos hayáis sido, se va a pique.

Y así son las cosas porque nosotros las queremos así, chinpún. Las amistades se basan en la confianza; las compra-ventas se basan en la confianza, las relaciones entre trabajadores se basan en la confianza, las relaciones entre estados se basan en la confianza, el decirle a tu madre que has dejado embarazada a una yegua se basa en la confianza, gritarle al vecino diciéndole que es un hijo de la gran puta también se basa en la confianza, comer pescado y almejas también se basa en la confianza, que os esté importando una mierda esta entrada y no entendáis una mierda porque yo me expreso como una mierda también se basa en la confianza… Mierda. (Sí, así de maleducado soy, perdónenme ustedes).

TODO ACABA BASÁNDOSE EN LA CONFIANZA.

¿Alguna objeción sobre lo que acabo de exponer? Porque yo sí tengo. Y muchas.

Lecciones de vida.

Todo es recíproco… Como en las relaciones de pareja“.
Con esa frase que habéis leído solía explicarnos el profesor de Derecho Internacional la importancia del cumplimiento de los acuerdos internacionales de unos estados para con otros. Casi cualquier situación que se pudiera producir en el ámbito internacional como pudieran ser los conflictos, la violación de derechos, bloqueos, cooperación, sanciones… Ese profesor era capaz de, para ayudarnos a comprender lo que explicaba, mostrarnos un ejemplo claro de dicha escena mediante una extrapolación al ámbito de lo personal, de pareja.

No había clase que no pronunciara la palabra “shi” con ese acento tan suyo, mezcla de chileno y “algo más” que no sé distinguir; que si teníamos la “praCtiCa encima de la mesa”, que si la confianza se requería en todos los ámbitos de la vida, que si parecía que siempre estábamos con el “corasonsito” roto o que si le llegábamos a poner en su examen las historietas de amor que nos contaba en clase, nos pondría un cero. O era cuestión de suerte o es que nunca me ha caído bien ese profesor; en cada clase suya me daba la sensación de humillación constante a pesar de que él mismo afirmaba que: “Sin miedo, que yo no vengo aquí a avergonzar a nadie”, aunque también, según él, todos éramos alumnos de más de notable (permitánme un “JÁ”, comenzando por mi).

Así que reitero, quiero creer que todo este mal tiempo de clases con él ha sido mala suerte. Todavía recuerdo aquellos días en los que volví a ser soltero, en los que apenas dormía 3 horas al día con un insomnio que ni la concha de la lora (y sigo durmiendo poco) y justo en sus clases, él me preguntaba cosas del super-hiper-megatocho-manual de Derecho que yo no me había podido mirar (mejor dicho, no tenía ganas de mirar). Y que de vez en cuando, en esas veces en las que yo intentaba disimular mis ojeras, mi cara de cansancio y sueño de cualquier manera, me soltaba la broma (o no tan broma) de “A Bengu Ye le acaba de dejar la novia”. (sí, así me llamo yo en sus clases).

Claro, eso me sentaba como si me hubieran vomitado puré de mierda encima. Pero al margen de lo que podían ser coincidencias, casualidades o causalidades de la vida; notaba en ese profesor una especie de mantra, algo así como “Mi instinto me dice que ese hombre es buena gente”, si bien en sus clases no paraba de hablar también de los divorcios, de si en el mundo debería de haber más chicas infieles o que si la separación de bienes era injusta (lo que me hizo hasta pensar que estaría divorciado). Ese hombre era una fuente de sabiduría, no sólo de derecho, sino de lecciones de la vida.

En una de sus últimas clases, nos contó una historia con la que me sentí bastante identificado, no recuerdo nada bien la historia exacta, pero era parecido a lo siguiente:

Yo tenía un amigo de la infancia al que le encantaban los coches. De pequeño vio un modelo de deportivo que le llegó al corasonsito (al alma…) y se dijo a sí mismo que cuando tuviera el dinero suficiente se compraría tal coche.
Este hombre, estudió mucho y acabó siendo un hombre con bastante dinero y cuando tuvo ocasión, compró el coche que tanto añoraba cuando era pequeño. El día de la presentación, acudieron sus amigos y personas cercanas y obviamente, estaba toda su familia con él. Todo el mundo decía que le gustaba mucho el coche y que había hecho una buena compra.

En un momento en el que él y los invitados se fueron a comer algo al interior de la casa, el coche estaba afuera sin cuidado de nadie. Su hija, pequeña por entonces, cogió algo punzante y empezó a “dibujar” cosas sobre la chapa del coche tan preciado que su padre acababa de comprar.

Al cabo de un rato, cuando el hombre salió de la casa y vio por un lado el coche completamente rayado y por otro, a la niña con el objeto punzante; en un acto de cólera, le propinó tal paliza a su hija que tuvieron que llevarla al hospital en estado de coma. Hubo percances y los médicos se vieron obligados a amputar a la niña, ambas manos.

Ya pasados unos días, la niña había despertado. Y, en el momento de recibir la visita de su padre, con lágrimas en los ojos dijo lo siguiente: “¿Papá, si la próxima vez me porto bien, me volverán a crecer las manos?”

Con esto, el profesor nos quería recordar que antes de cometer cualquier acto estando en cólera, pensáramos dos veces en la consecuencia que ello pudiera tener; que hay decisiones que una vez tomadas, no tienen vuelta atrás y si la tuvieran, no volveríamos al mismo punto de inicio en el que nos encontrábamos antes de haber elegido mal.

El temario y las lecciones que dio después de tal historia, me entraron por un oído y me salieron por otro. Entré en un estado de “trance” o ausencia reflexionando conmigo mismo; recordándome algo que hice hace 12 años, algo de lo que me arrepiento bastante. Y es que, cuando estamos llenos de ira, hacemos cualquier cosa pensando en nuestro propio egoísmo y en que la razón siempre está de nuestra parte, cuando en realidad, después de haber llevado a cabo una idea de bombero, nos llevamos las manos a la cabeza, nos arrepentimos de haber cometido tal idiotez o intentamos hacer como si no hubiera pasado nada. O ambas cosas a la vez.

Seguramente no haya aprendido mucho Derecho Internacional Público con este profesor, pero sí he aprendido y aprehendido a ser mejor persona, o al menos, a intentarlo.

Toma melancolía.

Hace ya bastantes horas que circula por la red la noticia de que cerrarán el servicio de Messenger (Msn, Windows Live Messenger, mésenye, emesene, etc…) en favor a Skype por parte de Microsoft. Tengo un cierto sabor amargo en la boca, un cierto malestar ya que básicamente invertí todo el tiempo que tuve de mi adolescencia en ese susodicho programa de chat (bueno, entre eso y la psp).

Como viene siendo habitual de mi memoria, tengo lagunas por doquier y por tanto, no me acuerdo cuándo comencé a tener mi propio correo electrónico, ni cuándo me enteré de que Papá Noel no cabía por mi chimenea (porque no teníamos chimenea), ni cuándo comencé a masturbarme, ni cuándo vi por primera vez una película porno… bueno sí, eso último a los 3 o 4 años (así he salido). Pero sí me acuerdo de que eso era la bomba y más: podías cambiar la fuente con la que escribir, el tamaño (de la fuente), el color; tenías tu propia foto de avatar, existían los emoticonos de verdad, los emoticonos personalizados, las cebollitas, el zorro; odiabas los zumbidos que te pegaba la gente cuando tenías los altavoces a tope… al hijo de la gran puta que por cada diez letras que escribía, nueve eran emoticonos…, ponerse la cam, ponerse con la cam, hacer videollamadas cuando Skype todavía no lo conocía nadie… Eso te llevaba a un mundo tan “sorprendente” que ni Jumanji…

Además, en ese momento reinaba la inmadurez de ‘quien más contactos tuviera por Msn era el que más grande la tenía‘, la gente presumía de tener 100+ contactos y alardeaba por todo lo alto ser el más social de la clase. Yo en cambio tenía holgadamente 500+ gracias a los foros por los que metía y las multi-conversaciones que petaban el pc cada dos por tres pero luego me miraba por dentro de los pantalones y no era precisamente ni el que “más grande la tenía” ni el más extrovertido. Eso sí, contactos todos los que quisieras, amigos de verdad, contados con los dedos de mi hombro. Sí, de mi hombro.

He conocido a muchas personas a través del dichoso Msn y el principal problema es que cada vez que agregabas a alguien tenías un “BOOM/Obsesión” por así decirlo de no parar de hablar con la otra persona hasta que pasada una semana, eso se convertía en un “te veo y no te conozco”. Entonces amistades estricamente como tal, pocas se lograba tener y es más, uno llegaba a tener tal cantidad de contactos que ya sólo por los nicks era imposible acordarse de quién era quién y es entonces cuando alguien te comenta de que existe la opción de “Agrupar contactos” (Dios bendijera esa función). Todavía recuerdo esa curiosidad que uno tenía por desvirtualizar a alguien, uno iba pensando en si “ese contacto de msn sería un violador pederasta”, que si te iban a dejar plantado, que si podría ser un borde impresentable cabrón o en el más remoto de los casos, si era majo y amigable. Todavía tengo a alguien que conozco desde hace 5 años con el que he entablado gran amistad y todavía no he desvirtualizado… Seguramente sea un pedobear en potencia asi que cuando vaya a quedar con él iré con un tapón en el culo por si las moscas.

Por otra parte, a poco de haberse introducido Skype y Tuenti (con Tuenti-chat) y el reciente Whatsapp, casi nadie utiliza hoy en día Messenger; parece que se ha puesto de moda no conectarse. Yo sigo haciéndolo y eso que en mi lista de contactos suele haber 5 personas conectadas. Ya es como una costumbre (que no tradición) estar conectado a pesar de que seguramente no me hable nadie excepto dos personas que también se están ‘mudando’ por así decirlo a otros sistemas de comunicación instantáneo.

Tal vez tenga que adaptarme por eso de “Renovarse o morir”, aunque por dentro siga siendo una persona anticuada que añora su extinto Msn. Cuando sea oficial la noticia y la retirada del servicio será cuando habrá que desinstalar esto y borrar el largo historial de conversaciones que he tenido a lo largo de los últimos años. Dicen que está bien tener recuerdos del pasado, pero que tampoco hay que quedarse anclado en él. ¿O sí?

melancholy deviantart morsus

PD: Para aquellos que se preguntan por qué narices escribo esta basura tras haber estado tanto tiempo ausente: no tengo nada que deciros. Ya lo dije en un principio, es mi rinconcito donde poder escribir lo que pienso y aunque se agradece que haya gente que lo lea, no escribo para la ‘gente’ ni para que se difunda (con la excepción de 1 entrada de blog de marzo del año pasado). ¿Qué borde soy eh? De nada.