Teoría de confianza 27.

Después de un horrendo día, lo mire por donde lo mire, he venido aquí a mi rinconcito a desahogarme un poco. Podría haber caído en la simplicidad de haber dicho: “Si lo sé ni me hubiera levantado”, que por poder, podría; pero creo que la vida no es un “todo o nada”, es decir, no es “No hago nada, no recibo nada; hago mucho y recibo mucho” sino que más bien suele ser del tipo “No hago nada, tengo suerte y me toca mucho; en cambio, pongo todos los medios para alcanzar algo y no recibo nada“. Que es básicamente lo que me suele ocurrir a mi, bueno, excepto en el recibir sin hacer nada.

Y es que, después de que me abran el orto en un examen de Derecho al cual he ido más espeso que una roca… Después de darme cuenta a la hora de poner la fecha que hoy cae 27… Pues le he empezado a coger manía a esta fecha; un examen el día 27 debe de ser para vosotros algo así como salir de fiesta un martes 13. Pero en fin, he depositado mi “corasonsito” a merced del profesor de Internacional (sí, el mismo de la entrada anterior); ya se encargará de suspenderme con un cero bien grande. Ministro de Asuntos Exteriores de China me dijo que iba a ser porque tengo mente de jurista… Espera que voy a reirme un rato y ahora vengo.

Ya estoy.Yo hoy quería venir a hablar de la confianza, ese tema tan delicado del que todos hablamos sin saber. Y sí, yo tampoco sé del tema, así que podéis llamarme hipócrita. El problema es que tenía muchas ideas por el camino y ahora no me acuerdo de ninguna; bueno sí, de por qué cojones he visto un perro llevando corbata subiendo las escaleras mecánicas del metro con su dueño vistiendo de payaso oliéndole el culo; pero eso es harina de otro costal.

Después de varias clases de Teoría de los juegos, no puedo sino pensar que la confianza es como un “juego”, en su buen sentido de la palabra, es decir, conjunto de opciones que tiene uno o más jugadores en los que dependiendo de la elección que tomen, reciben una recompensa u otra. Para simplificar todas estas cosas que estudiaréis si os metéis a alguna carrera relacionada con ADE o economía, os pongo un gráfico made in Henxu sencillo de qué es un juego:

Eso es arte señores. Como había dicho hace dos años en esta entrada: ¿Pueden chicos y chicas ser sólo amigos? Dos personas difícilmente podrán llegar a ser sólo amigos. La realidad es palpable y así son las cosas (mis cosas). El caso es, el equilibrio del juego (es decir, que haya final feliz) que arriba véis reflejado, es: “O el chico pide salir y la chica acepta” o “el chico no pide salir y la chica tampoco tenía intención de ello”. En caso contrario, uno de los dos acabará más hundido en la mugre que otro, ¿es lógico verdad? Pues para el profesor de derecho internacional no.

Pero a lo que quiero llegar no es cuestión de si uno quiere salir o no con la otra persona (que también), sino en la confianza que hay después de que éstos comiencen a ser pareja. Os voy a poner otro gráfico (me tiraré otra media hora antes de hacer una chapuza):

De manera MUY SIMPLE, una relación se basa así, en decidir día sí y día también si vas a confiar en tu pareja. O se confía mutuamente o no se confía nada (perdón, o se confía y se va a pique o no se confía y la relación va viento en popa).

Con tal de que uno deje de confiar en el otro, las cosas no van a ir como tienen que ir. Pero, mi pregunta (que va para vosotros) es, ¿qué es lo que le lleva a alguien a desconfiar de otra persona? Es obvio que, siguiendo el gráfico, nunca desconfiaríamos de la otra persona si ella confía en nosotros; y, tampoco habría motivos para desconfiar de la otra persona porque el desenlace no es bueno ni para uno, ni para el otro.

Sin embargo, en la vida real hay más factores que influyen en una relación, celos, personas más atractivas que tu pareja, personas más atractivas que tú, errores tuyos, errores de tu pareja, amigos, confidentes, padres, enemigos, etc… Todo un cúmulo de situaciones que serían difíciles de representar en un gráfico como el de antes. Y lo que es más, si uno llega a perder la confianza de la otra persona; mal vamos: que podéis ser los más chachipiruli-guays amigos de vuestra chachipiruli-vida, pero como uno deje de confiar en el otro, ya podéis ir yendo a chachipiruli-ser los mejores amigos que por mucho chachipiruli-amigos hayáis sido, se va a pique.

Y así son las cosas porque nosotros las queremos así, chinpún. Las amistades se basan en la confianza; las compra-ventas se basan en la confianza, las relaciones entre trabajadores se basan en la confianza, las relaciones entre estados se basan en la confianza, el decirle a tu madre que has dejado embarazada a una yegua se basa en la confianza, gritarle al vecino diciéndole que es un hijo de la gran puta también se basa en la confianza, comer pescado y almejas también se basa en la confianza, que os esté importando una mierda esta entrada y no entendáis una mierda porque yo me expreso como una mierda también se basa en la confianza… Mierda. (Sí, así de maleducado soy, perdónenme ustedes).

TODO ACABA BASÁNDOSE EN LA CONFIANZA.

¿Alguna objeción sobre lo que acabo de exponer? Porque yo sí tengo. Y muchas.

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Emocionalmente subdesarrollado.

Cuando me disponía a escribir esta entrada, se me fue la inspiración (a comprar sushi), supe que iba a tardar en volver pues a estas horas todos los restaurantes de sushi estarían cerrados así que decidí trastear con el móvil hasta que volviera. Resulta que buscando el cable para conectar el móvil al ordenador; la inspiración llamó a la puerta, abrí… Qué decepción, vino sin sushi, pero me reordenó un poco las ideas que tenía pensado plasmar, aunque no sé si lo lograré con éxito.

En esta última semana de descanso que tuve tras terminar los exámenes del primer cuatrimestre, he estado un poco-bastante fuera de órbita. Así a voz de pronto, si me preguntárais qué hice en esa semana sin clase, tal vez os conteste: “No me acuerdo.” Y sí, sigo sin acordarme de mucho… A veces pienso que he malgastado esa semana sin hacer nada, sin siquiera haber podido tomarme unas mini-vacaciones fuera de Madrid que tanto necesito.

Llevo ya dos días desde que empezó este segundo cuatrimestre académico, recuerdo que me propuse aprender inglés y chino; cosa que pienso cumplir antes de que acabe el mes aunque no sé cómo… Todavía no ha acabado la semana para ver cómo sería la rutina a partir de ahora y noto una relajación anormal en mi. Estoy como demasiado tranquilo aun sabiendo que me tengo que poner las pilas para asfaltar los baches que tuve el cuatrimestre pasado a pesar de que sé que estudiando inglés y chino a la vez voy a sacar el tiempo debajo de las setas…

Me he notado un poco a mi bola, demasiado despreocupado de todo. No he llamado a quienes tenía que llamar, ni hablado a quienes tenía que hablar, siquiera un simple “Hola” como señal de que me acuerdo de esas personas. A veces pienso que uno de mis defectos es mi reactividad… mi pasividad ante los distintos hechos que van sucediendo a mi alrededor. Si no hay causa, ¿para qué reaccionar?, me limito a contestar si me preguntan, a hacer las cosas si me las ordenan, a no mover ni un dedo si no hace falta.

Las personas que triunfan en la vida, son personas proactivas, que buscan oportunidades de donde no las hay, hacen más de lo que mandan y proponen planes factibles para realizar. Traducido a la vida cotidiana, soy de esas personas que no llaman y prefieren que le llamen. Mi círculo cercano de personas ya me empieza a notar distante, ausente, inexistente; aunque no sé si la palabra más precisa es la de ‘frío’ (más frío de lo normal y eso que el invierno ya pasó…)

E incluso mis padres, al volver a casa y entrar en mi habitación, lo primero que me han dicho es “Tienes mala cara”. No me entiendo, no comprendo. Criticamos a los demás las cosas que no nos queremos ver en nosotros mismos y cuando te das cuenta de que tú puedes ser igualmente criticado… tsé…

Dejamos de buscar monstruos debajo de nuestras camas en el momento en el que nos damos cuenta que están dentro de nosotros.

Que alguien me resuelva...

Que alguien me resuelva...

La “cuesta” de enero v2.

5:39

Tras una buena lata de RedBull de marca blanca – hay que ‘ahorrar’, estamos en crisis-, notar cómo las dosis de cafeína van circulando por todo tu cuerpo y sentir cómo las pestañas dejan de pesar toneladas para intentar cerrarte los ojos mientras te dicen: “Ve a dormir”; me pongo aquí para escribir esta entrada. En teoría debería ser una recapitulación de todo lo que hice (y no hice) en todo el año pasado y todo lo que me propuse para este nuevo año, pero odio recapitular hechos, tengo mala memoria y es algo que me rechistan: no acordarme de cosas importantes. Tal vez sea propenso a tener alzheimer cuando sea mayor…

Leo esta misma entrada del año pasado (por eso esta es v2) y a veces me entra la risa floja pensando en que ya pasó; ya pasó toda esa angustia por el estudio y el ‘miedo’ a fallecer en 2º de Bachillerato, ese hecho de tener una presión creyendo que no vas a tener tiempo para hacer nada y que acabarías encerrado en tu habitación con libros y cuadernos hasta la gorra … eso no influía en positivo en mi estado de ánimo si bien había alguien limando mis preocupaciones y dándome ánimos todo el rato. Me imagino qué hubiera sido del yo de aquel entonces en la situación en la que estoy ahora, tal vez incluso hubiera enloquecido al no haber podido asimilarlo, quién sabe.

Si creía que el Bachillerato era duro… ahora sería un camino de rosas comparado con lo que exigen en la Universidad y más en este cuatrimestre en el que seguramente me fumiguen el ojal cerebro a base de dos asignaturas más de las que ya tenía, asistir a clases de chino e inglés y … eso, sobrevivir – física, mental y sentimentalmente hablando. Seguramente el año que viene me ría de lo que he puesto este año, a pasitos vamos caminando por la vida; poco a poco y sin prisas. Las lecciones de hoy son los errores del pasado.

Recuerdo que en los anuncios de Coca Cola enfatizaban la cuestión de la felicidad con ese eslogan tan chachi de : “Destapa la felicidad”; aunque más bien, creo que a los de márketing se les olvidaron añadir un “con un toque de alcohol” porque las sonrisas de payaso que te salen suelen ser indicio de que llevas el toquecillo encima. Yo de alcohol casi nada, me sienta como una patada en el cuerpo, lo que tiene la intolerancia o la supuesta alergia… Y si os preguntáis que qué haré el día de mi boda sin tomar alcohol, sí, abriré un tetrabrick de zumo de naranja Zumosol y a pasar la noche. – vale, tampoco exageremos…-

Lo del anuncio de Coca Cola viene al cuento de que, por mucha que bebas, no vas a salir de tu rutina. Esa rutina de la que hablaba el año pasado, esa máxima del estudiante de “Dormir, comer y estudiar”. Sería algo así como el anuncio de BMW, ¿Te gusta conducir? – pues mira, sí, pero no hay € para comprarse uno. Creo que va a ser demasiado intentar vivir mientras se estudia un doble grado y se trata de aprender dos idiomas simultáneamente y compaginar todo eso con la vida social, que más bien, poca tengo.

Reflejos...

Reflejos...


La verdad es que ahora se hace todo mucho más difícil cuando a diferencia del año pasado, tenías un fuerte motivo que te animara a seguir adelante. Quiero decir, a pesar de que uno sabe que la felicidad de uno mismo depende de las decisiones que tome y las acciones que realice, no hay una razón emocional que te lleve a gritar con ganas todos los días: “Hoy me voy a comer el mundo!”. Tal vez sea porque los frutos de tu esfuerzo no puedan ser vistos a corto plazo haciéndote creer que estás soportando el marrón en vano; o porque perdimos la ilusión que tanto nos caracterizaba cuando éramos unos críos, ese “De mayor quiero ser ‘tal’ y ganar ‘x dinero’ para comprarles a papá y mamá un coche a cada uno” que sin embargo pierdes cuando bajas al mundo real tras ver que muchas de las grandes fortunas que amasan los de ahí arriba son a base de ingenio que no tienes o suerte, que tampoco… y aun sabiendo que otras tantas son a base de sudar la gota gorda, te desilusionas.

Siendo renacuajos corretones (sí, no tiene sentido) hacíamos lo que nuestros padres nos decían, bien de forma cariñosa o a regañadientas. Si no se podían lanzar huevos por la ventana es que no se podía! si no se podían tirar tomates, tampoco! Más o menos sabíamos con certeza de que si les hacíamos caso, no acabaríamos muy mal parados, las cosas irían bien. Pero ahora, que vamos creciendo y somos más libres e independientes, se nos abren más puertas a las que poder entrar y poder equivocarse. Tantas que nos pueden llegar a abrumar y tomar decisiones sin pensarlo debido a una presión que nos creamos nosotros mismos al no pararnos a pensar concienzudamente: ¿qué sería lo mejor para uno mismo? y por supuesto, para las personas que nos rodean.

Si lo pienso detenidamente, este año anterior he perdido muchas amistades que tenía, la clase se separaba y cada uno iba por su propio camino, decorando su propia vida; pero también he perdido el contacto de muchas personas a las que de verdad apreciaba y molaba estar a su lado, riéndonos de nuetras bromas e imaginando casos hipotéticos de montarnos nuestra propia empresa e incluso, los cargos que tendríamos cada uno. Les ves de vez en cuando, pero en eso se quedan las cosas; las redes sociales, poco hacen… Aunque tampoco olvido a aquellas personas que he tenido la ocasión de conocer este año; personas que por A o por B dices: Qué suerte haberte conocido- e intentas mantenerlas a tu lado por el mayor tiempo posible. Ya sabéis que suelo decir que nada existe para siempre.

Con el tiempo uno se va dando cuenta y creo que lo siguiente que voy a decir lo repetiré en más de una ocasión y no me refiero a lo de “Uno no aprecia lo que tiene hasta que lo pierde” que ya es un clásico, sino que “Cuando alguien se marcha de tu vida, no es porque quiera, sino porque le has dejado ir”; sí, lo sé, hay mucha gente que no te soporta y quiere que te pierdas en medio del Sáhara para no verte más, pero también está otra gente a la que no supiste mantenerla lo suficientemente a tu lado… Aunque el dilema está en eso de : ¿Y cómo tratar a cada uno como se debe? – “Al carajo con eso, si no les gusta cómo les trato, que se piren por la puerta de atrás” diríais muchos de vosotros, verdad?

En fin… ya va siendo hora de ir terminando que ya está amaneciendo. En resumidas cuentas, la cuesta de enero de este año, va a costar subirla. Las malas lenguas dicen que los chinos estamos invadiendo el mundo, sí, puede que sea verdad, pero yo antes de ir a por el mundo, necesitaría invadirme a mi mismo…

Que la vuelta a la rutina os sea leve y que tengáis un buen comienzo de año. Buenos días.

8:15

¿Es difícil pensar en estas cosas cuando estás triste? No. Lo difícil es que se te metan en la cabeza para levantarte el ánimo y vivir con orgullo una vida que te ha sido otorgada, quieras o no; puesto que el hecho de nacer no lo decides tú.

Desilusión, ¿Algo innato?

It turned out to be the same story.

De todos es sabido mi tremenda afición por ver los amaneceres. Sí, de estos insomnios que te dan de vez en cuando cada cierto tiempo (debe ser) que hace que no consigas pegar ojo ni pa’trás y no tienes otra cosa que irte al balcón a ver el paisaje madrileño tras haber estado un buen rato revoloteándote en la cama. Y esto sólo suele ocurrir cuando algo me preocupa demasiado o cuando me “rompen el corazón”.

Y esta vez, han sido ambas cosas juntas, el cóctel perfecto. Suena cursi eso de que te rompen el corazón, pero no tengo otras palabras para definir qué coño ha ocurrido esta noche para no poder pegarme a la sábana. Todo suena muy bonito cuando las cosas van bien, pero no siempre van bien; pensando que una relación es cosa de dos y pum! le salen dos cuernos que no se ven ni en los sanfermines. Si no conociese cómo es, tal vez lo hubiera pasado por alto… o quién sabe, tal vez me hubiera jodido aún más.

Todo ha comenzado muy rápido y ha terminado de la misma manera. En un mismo mes hemos llegado a no dirigirnos la palabra, reconciliarnos, salir de nuevo y cortar; para rodar una película vamos. Apenas dos semanas desde que dijo que cambiaría, que afrontaría las cosas con la verdad por delante y que quería estar conmigo; vaya, palabras que caen en saco roto, qué familiar me suena esto. Normalmente, se dice que del dicho al hecho hay un trecho y es porque los actos valen muchísimo más que meras palabras; y aquí ha ocurrido exactamente lo mismo, un sólo hecho ha demostrado que todo lo dicho no era importante.

Demuestra que no soy una razón lo suficientemente importante como para tenerme en cuenta y comenzar algo propiamente ‘serio’. Para qué si ‘da igual’, si iba acabando por tirar todo por la borda; como se solía hacer después de barrer: toda la mierda, por la ventana. Esto mismo ya lo había hecho con personas anteriores a mi, pero qué más da, uno más uno menos; y esta vez me ha tenido que tocar a mí, como si no tuviera suficiente de que no me toque la lotería. Eso sí, ha tenido un detalle de hacer lo que le pedí, de ser sincera conmigo; tarde, pero lo ha sido, cosa que agradezco y valoro mucho; las cosas podrían haber ido a peor si no lo hubiera hecho… mejor dicho, las cosas ya no pueden ir a peor.

Sí, metiste la pata hasta el fondo. Has conseguido derribar lo que ambos habíamos construido en este tiempo de amistad, completamente a cenizas, supongo que no queda otra que felicitarte. ¿Estarás contenta con lo que has hecho verdad? Ya me resulta poco creíble lo que digas, no me entra por la cabeza cómo puedes decir “te quiero” y hacer eso, o decir que me aprecias cuando ya lo has hecho. A veces incluso me ha dado por pensar si de verdad en el periodo que quise olvidarte me echabas tanto tanto de menos para que luego me hicieras esto. No es por medir tus palabras, sino cumplir con lo que dices.

Yo para ti he dejado de existir. Has pasado de serlo todo a no ser nada y no porque no merecieses la pena; todo lo contrario, eres única y peculiar; difícil encontrarse a una persona así; con el corazón en la mano te digo que eres especial, pero supongo que este ha sido el precio a pagar. Me gustaría poder enterarme algún día de que de una vez por todas por tu cabeza ya no pasen ni el morbo ni el sexo por encima de aquellas personas que te han querido y lo siguen haciendo; y en caso de que se haga, que no sea demasiado tarde… aunque conmigo, tal vez ya lo sea.

Pensaba que llegaría a las 200 palabras para final de año en tu bonito diccionario, que haríamos alguna escapada o que fuéramos todos al nuevo chalé del señorcito que se ha mudado; pero no va a poder ser. Por mi parte supongo que seguiré trabajando en la mierda de trabajo que tengo para cubrir los gastos la matrícula, es mejor así verdad? Qué mejor que sentirse solo y estar hecho mierda mientras ves por la gran ventana del bar a grupos de gente yendo con cara sonriente al parque de atracciones; y que siquiera te pases estando a meros diez minutos de tu casa… ¿Para qué verdad?

Esto se ha acabado. Sinceramente te deseo lo mejor.
Que te vaya bien, Miss Carrusel.

I love you, but farewell.

8.51

De vuelta a Madrid.


Fina. Suave. Diminuta. Liviana. Ardiente bajo el sol, fría bajo la sombra. Dispersa en la sequedad, compacta con la humedad. Volví a pisar la arena de la playa tras un intenso fin de semana en Valencia.

Pensaba que podía alejarme de la estresada capital en la que vivo todos los días, poder andar con tranquilidad por las calles de Valencia sin tener esa sensación de agobio dentro del cuerpo y disfrutar unos días con personas que no veías desde hace mucho tiempo y con personas que acabas de conocer; despejar un poco tu mente y ‘desaparecer’. La realidad no se ha alejado mucho de eso.

Tal vez, lo único que me ha impedido cumplir todo eso que me había propuesto hacer en Valencia haya sido, aparte de mi corta estancia, el calor típico de la ciudad. A diferencia de Madrid, el calor de allí es un calor húmedo, como lo noté al llegar a China por primera vez, de eso que te da la sensación de que estás bañado en pegamento.

He tenido la ocasión de asistir a las dos últimas jornadas de Otakuart 2k11 y, no nos engañemos, han sido la bomba. El año pasado ya fui (enlaces a estancia en Valencia) y como estuvo genial, este año quise repetir. La principal diferencia con respecto a los típicos salones de manga que se suelen celebrar en la capital madrileña reside en las actividades que allí se realizan; pues aparte de los stands de cómics, merchandising… talleres, juegos, charlas y demás, están las competiciones organizadas para que los asistentes puedan aprovechar mejor el buen ambiente que se respira (o las guerras de agua). De las cosas que más llamaron la atención, fue que (según he oído) en el concurso de bofetadas (sí, bofetadas) alguien perdió un diente. Perplejo me quedé.

Como decía el ambiente que se respira es muy… ¿familiar? Está el típico hedor como resultado de una mezcla explosiva y letal de: “calor, sobacos y no ducharse”, pero obviando eso se encuentra la enorme acogida (de nuevo) por los miembros de StudioKat, organizadores de tal evento. Por lo que en cierto modo, pude saborear todo lo que ocurría desde dos puntos de vista, por uno desde visitante y por otro desde “miembro ilegal” del staff. Ea! Y me llevo la sensación de querer repetir; con ganas de que se celebre de nuevo el año que viene y poder empalmar con la Campus Party que en esa ciudad toma lugar.

Pero bueno, como casi siempre, todo lo bueno acaba rápido y toca volver de nuevo a la rutina. Toca despedirse de aquellas personas que te han estado acompañando durante tu paso por allí, que te han dejado una gran estampa en tu memoria. Coger el autobús de vuelta y… volver (obvio, verdad?). 3 días. Se han hecho muy cortos. 11-7-11. Vaya. Día capicúa… A 200km de Madrid

Publicado 12/07/2011

Calabozos.

Tras haber estado (de nuevo) 12 horas fuera de casa, por fin llego a mi ‘dulce’ hogar. Este cansancio es inaguantable, duermo poco y se hace imposible no quedarse dormido en el autobús, en las clases… en cualquier lugar donde incómodamente puedas apoyar la cabeza sobre tus brazos y cerrar los ojos. Lo último que he hecho ha sido participar en una especie de “teatro” en el que hemos estado haciendo juegos, improvisaciones, y cosas así graciosas que despejan tu mente y animan un poco el ambiente.

También hemos tenido una charla sobre ‘Negociación’, es decir, un intercambio es : Yo te doy algo a cambio de algo tuyo. Y no es: Yo cedo algo mío para conseguir algo tuyo. En teoría estaba enfocado más a un mundo empresarial, pero no es complicado extrapolarlo a situaciones de la vida cotidiana en la cual negociamos, bien sea con los padres, conocidos, clientes, vecinos, etc… Una de las cosas que me he llevado de tal charla ha sido:

Mientras escuchas lo que te dice la persona con la que tratas, no juzgues. – Es decir, por muy bien que conozcas a alguien no pienses “Conociéndola (a esa persona), sé que me va a contestar esto”.

Lo que viene a decir, ser imparcial y no dejarse llevar por prejuicios; algo que me haría falta con lo complicado que soy. También dijo algo de cuidar las palabras que usabas a la hora de entablar una comunicación, pero no es lo mío.

Pero lo que más me ha impactado en cierto modo, aparte de ir a los Juzgados (no como inculpado… aunque debería) y ver más o menos cómo van los juicios (sin haber visto ninguno porque no había tiempo), los trámites y los distintos departamentos que conforman el cuerpo judicial; he visitado los calabozos. Sí, ese lugar donde encierran a las personas detenidas, sean o no culpables de un acto, durante un tiempo máximo de 72 horas hasta que pase a disposición judicial o sea ‘liberado’.

Celdas de unos 3 metros de largo y de ancho en pleno sótano (planta -2), con un poyete de cemento y nada más que una bombilla allí dentro (aparte de un pestazo bien ‘agradable’); cuya única salida es la puerta metálica que protege a los detenidos de escaparse. Todo ello custodiado por varios miembros de la policía en el exterior. El auxiliar judicial nos explicó que un policía podía detenerte ‘sin razón aparente’ y mantenerte allí encerrado durante 72 horas; están en su pleno derecho.

Yo me pregunto. ¿Si yo tuviera que estar ahí dentro durante 72 horas, qué haría?. Me volvería loco!. Estar en un espacio cerrado, sin nada, sólo con una bombilla que ilumina el zulo, durante 3 días… creo que me hará bastante falta; 3 días para recapacitar sobre lo que he hecho, con “todo el tiempo y tranquilidad del mundo”, tumbado en la cama del Paleolítico mirando al techo pintarrajeado mientras un cúmulo de pensamientos surcan mi cerebro. Ajam, definitivamente me volvería loco y me encerrarían en un manicomio, si ya no estoy loco de por sí.

Y a pesar de todas estas distracciones y actividades que he ido teniendo y haciendo a lo largo de todo el día, se ha hecho imposible no dejar de pensar en una persona… Joder, dos días y es … sentirse jodidamente mal, como deteriorado, dolido, con un sufrimiento constante que no te oprime el corazón sino algo más, el alma. Las falsas sonrisas con las que ocultar mi malestar van perdiendo su efecto y se quiera o no, hasta te preguntas para qué sonreír si vas a acabar en la ducha llorando y maldiciendo al cielo como un poseso de todo lo que has hecho (hasta oyes cómo tus vecinos te toman por loco). No es que quiera volver a un pasado y arreglar las cosas, tú hiciste lo que debiste.

Supongo que tendré que pedirle “amablemente” al señor policía si me puede invitar a dormir en su habitación para invitados. Tal vez me sirva. Tal vez sea necesario. Tal vez haya sido un idiota… de lo que estoy seguro es que:

Te echo de menos, y mucho.

22.00

No cambia… (la gente).

Me gustaría poneros un vídeo que habré visto hace años con el que me topé ayer. Es una canción de un cantante pop chino bastante famoso, pero lo que de verdad me importa es la letra, no la canción en sí. Si tenéis un ratillo, miradlo. (Subtitulada al español).

Lo que principalmente iba a tratar en esta entrada aparte de un cierto “arrepentimiento” que ya he tratado más de una vez por estos lares, es de cómo puede (o no) cambiar la gente.
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