Comenzar el año con buen pie? Y un cimbrel. (Parte 1)

Acaban de pasar 5 días desde que empezó 2011. Vaya… qué rápido pasa el tiempo, ¿no? Ya sólo quedan 360 más para 2012… Además, comienzo el año bien, desmayándome y haciendo un “plof” en el suelo como si la cosa no quisiera (ayer). Celebremos pues… mi primer “constipao” del año.

Tenía hoy planeado estudiar, veo que estando enfermo me va a ser tarea muy ardua para concentrarme y aun estando con el ordenador haciendo trabajos, se me cansan los ojos muy rápido. Nada de jugar, nada de estudiar, nada de salir… Reposo en cama durante unos días.

Anímicamente no estoy como para escribir, decir, pensar, reflexionar en nada… me limitaré a coger mi agenda recién comprada y a copiar frases que vienen en ella y no sé, exponer mi opinión. Y ni aún para eso me llega el cerebro de mosquito que tengo guardado dentro del cráneo.

Hoy y mañana, son días de regalos, de que sus Majestades los Reyes Magos se vayan pasando por todos y cada uno de los rincones de la faz de la Tierra (?) para ir repartiendo su magia e ilusión; y en esencia; lo que los niños quieren que les regalen (y lo que nosotros, los “antiguos niños” ansiábamos que nos regalasen). Yo ya perdí la ilusión en eso de pequeño…
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El efecto Rubik y Feliz año nuevo.

Estamos casi finalizando el año, diecisiete navidades he pasado y espero que me queden por pasar unas cuantas más. 2011… eso que se escuchaba tan lejano, tan distante, tan “bueno, nos queda un año por delante”, ha llegado, y volveremos “como si fuera un bucle” a decir lo mismo del 2012; a no ser de que las supersticiones de los antiguos mayas estén en lo cierto y en este próximo año se acabe el mundo, cosa que dudo. Pero quién sabrá… Bastantes películas de ciencia-ficción ha habido sobre esto.

2010… Un año digno de recordar, como cualquier otro; supongo. Si pongo en una balanza los momentos alegres por un lado y los sucesos desagradables por otro, seguramente se incline hacia lo segundo. ¿Deprimente? Y con razón. ¿Mereció la pena? Por supuesto.
Tal vez estos últimos días, me hayan demostrado lo contrario, la otra cara de la moneda la cual llamamos “vida”.
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