Rutina te tenían que llamar – octubre.

Me pregunto por qué octubre en vez de llamarse “Mes de la rutina” no le llaman “rutina” a secaas. Son de esas preguntas sin sentido que te surgen en medio del sueño, de la pereza y de las ganas de ir a dormir aunque no puedas pegar ojo. Y en vez de pensar en cosas pesimistas, te pones a pensar en cosas sin sentido.

Estoy en desacuerdo con la gente que menciona a septiembre como aquel mes en el que uno vuelve de vacaciones y comienza la rutina, en ese mes sí es cierto que uno deja las vacaciones (o justo las ‘coge’) y comienza con sus quehaceres diarios, sea colegio, instituto, universidad, trabajo, etc… Pero digamos que es el ‘periodo de adaptación’ al que uno se somete para ir cogiendo ritmo y meterse en eso que llaman ‘octubre’ que bueno o no, coincide con el otoño.

Normalmente septiembre se hace llevadero, no estás a pleno rendimiento: en la universidad han faltado muchos profesores, en los colegios no se suele tener clase por la tarde, muchos trabajos todavía son a jornada parcial.. Pero una vez octubre, todo parece recobrar una cierta normalidad y rutina a la que supuestamente nos tenemos acostumbrados. Algo muy ostensible en las caras de todas aquellas personas que comparten un vagón del metro conmigo a primeras horas de la tarde (mientras yo voy de camino a la universidad).

Además, -la paulatina o repentina- llegada del frío se hace notar en nuestro ánimo. Algo que para bien o para mal nos hace cambiar de chip y darnos cuenta de que el verano fue agua pasada; todo comienza a convertirse más monótono y el cielo de Madrid recobra su característico grisáceo de temporada (dejando polución aparte). Las hojas de los árboles van cayendo, amontonándose unas encimas de otras; a la vez que los pájaros van migrando hacia un lugar más cálido y a la vez que nosotros, vamos poniendo patas arriba el armario sacando la ropa de invierno y guardando la de verano para el año que viene.

Sin embargo, personalmente me gusta el otoño. Son de esas épocas en las que no hace el excesivo frío que define al invierno ni tampoco el calor infernal que asola el centro de la península. Este ambiente otoñal es simplemente ‘perfecto’ y más cuando pasas por situaciones melancólicas; es como si todo tu alrededor estuviera en sinfonía contigo… la lluvia, la poca luminosidad, la tranquilidad, la ausencia de gente por la calle o incluso si la hay, sus caras de preocupación – cuando a veces es simplemente, ‘cosa del mal tiempo’-

En cuanto a mi, empiezo una rutina distinta a la que llevo teniendo estos últimos… 10 años más o menos: en donde era colegio, ahora es universidad; en donde antes era no estudiar, ahora es un no parar; en donde antes era madrugar ahora es levantarse más tarde (e irte a la cama más tarde); en donde había corazón, ahora parece que es de plástico y en donde había cerebro, hay moscas volando… Es como si tuviera la misma vida de antes, sólo que en un lugar y tiempo distintos… no sé si me entendéis, si lo hacéis, bien; si no, también. Porque yo, me voy a la cama. Chinpún, como un niño de 5 años.

3.35

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Planchando corbatas ajenas.

Dos semanas casi sin dejar huella por aquí, vaya, tampoco me esperaba que el tiempo transcurriese tan rápido; de lo atareado que uno puede llegar a estar ni se da cuenta de lo fugaz que tú, maldito tiempo, puedes llegar a ser. Más de uno se preguntará qué hago un lunes a la 1 de la tarde escribiendo por aquí si tendría que estar en la Universidad o camino de ella; más que nada porque los lunes no tengo clase y me puedo permitir el “no-lujo” de quedarme en casa estudiando (que es lo que debería de estar haciendo).

Y es que con el frío de estos dos últimos días, creo anticipar la llegada del otoño aunque queden tres meros días para ello. Pero qué mas da, a mi me gusta el frío y el placer con el que uno puede estar tumbado en la cama, calentito con las mantas por encima mientras lee un libro o se pone al portátil – como hago ahora-.

Pero he de decir que el otoño no sólo está al caer físicamente, sino también vitalmente. Me recuerda a la analogía en la que cada hoja de un árbol caracterizaba a cada persona que pasaba por nuestra vida y afortunadamente o no, al llegar el frío, éstas van cayéndose de las ramas y tú también… Dejándote llevar por el viento, separándote de unas y acercándote más a otras hasta que descansas en un cúmulo de hojas que quién sabe, entre ellas ya habrá alguna que conozcas.

Todo esto, una vez inmerso en el comienzo del mundo universitario se nota más acentuado que antes; como si de una ruptura temporal se tratara. Aquellos amigos que te acompañaban tanto fuera como durante tu estancia escolar poco a poco van tomando sus propios caminos y distanciándose el uno del otro, y por mucho que pongas a las redes sociales y a la mensajería instantánea de por medio; apenas se logra saber el uno del otro. Todos formábamos un grupillo, un hilo entrelazado que se ha ido deshilachando tras este verano, tal vez siga habiendo alguna máquina de coser que nos consiga reunir de nuevo… o tal vez parcialmente, o por un corto periodo de tiempo (yo es que uso material Made In China y de alli que dure tan poco). Todos con vida universitaria, otros formación profesional, otros repitiendo y otros tantos, convirtiéndose en unos ‘nini’.

Además, se huele por estos lares un … ambiente competitivo. Aquí se ve que mucha gente va a por la nota más alta y comienzan a codearse por ella; incluso, las becas hay que solicitarlas antes que tu “buen” compañero de clase que se sienta al lado tuya porque sino o tú te quedas sin beca o a él le toca la china por tu culpa. Aparte hacer mención a aquellas personas (que desde que soy un crío me las he topado encontrado) que te ponen una cara “A” con “Claro, no te preocupes, yo puedo ayudarte” y por la cara “B” te hacen un recuerdo conmemorativo poniéndote a parir a tus espaldas (que no, todavía no tengo buzón de voz en la espalda, por lo que reitero, cualquier cosa a la cara) y recordándote lo gilipollas que has sido.

De todos modos, esto ya me lo iban avisando desde bastante tiempo y que en cierto modo, sería un cambio ‘radical’ y así es. Ahora me encuentro bien, o eso creo; los repentinos bajones que me dan al sentirme solo me entran casi a diario, no tan frecuentes como solían ser pero siguen haciendo mella… Unos días sí y otros, también.

Acabaré por retomar esa costumbre que repito todos los años, esa costumbre de bajar con el frío otoñal al parquecito al lado de mi casa, y observar cómo una a una van cayendo las hojas de los árboles, pensar en la analogía y hundirme más en el suelo… Mola mucho eso de gustarme algo y a la vez odiarlo.

Creía, que si corría más que el horizonte, las sombras del pasado se apartarían de mi camino, que las voces de mi mente se acallarían… sin darme cuenta de que he corrido ciego y sordo durante todo este tiempo.

14:20

Me gusta, pero a la vez lo odio.

Tras haber pasado dos días sin escribir, después de haber tenido cuatro exámenes (de los que creo que suspenderé dos…); por fin encuentro un poco de tiempo para quitarme el estrés un poco. En lo que llevo desde el día en que empecé exámenes hasta hoy llevaré… 5 horas de “mal sueño” como mucho. De hecho tengo que quitar la lata de Burn de ayer que me he dejado en la esquina de mi cama… Pero bueno, no os voy a hablar del “super buen” ejemplo que da un estudiante de segundo de bachiller. Aquí os dejo esto, nada que ver con los dichosos estudios de mierda…

By Xavier Fargas

Tal vez sea por eso, tal vez todo esto haya ocurrido desde que llegó; desde aquel día en el que empecé a notar mis manos frías, desde aquel día en el que hacía un frío anormal, desde aquel día que cogí un catarro del quince…
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