Feliz supuesta ‘felicidad’…

Me preparo para salir del edificio de donde vive una amiga, no sin antes intentar verme a mi mismo en el cristal de la puerta a modo de espejo; vaya cara de dormido, embobado y pálido que tengo. – ¿Y así he estado todo el día? – me pregunto… Decepcionante.

Vaya, frío otra vez. Las manos están congeladas, y las heridas al frío… duelen más. Me abrocho a tope el abrigo y meto las manos en el bolsillo en un intento de que cojan algo de temperatura; pero cuerpo frío igual a manos frías. Me dirijo hacia la parada de autobús más cercana mientras observo cómo se me escapa un autobús de vuelta. Veo que no hay nadie y saco el móvil para comprobar a qué hora pasará el siguiente: “No hay información disponible para esta parada”. Bien – me digo. He dejado escapar el último autobús.

Tras mirar alrededor varias veces haciendo como si estuviera comprobando algo, dejo de hacer el idiota y asimilo que tengo que ir andando hacia la tienda; sí, me quedaban unas cuantas horitas trabajando. Me pongo los cascos y enchufo el cable al móvil, automáticamente suena la última canción que estaba escuchando y comienzo la marcha. Noté cómo mientras me ponía los cascos las manos se convertían en palitos de hielo y la herida del dedo gordo (me pilló mi padre el dedo con la puerta del coche) comienza a cobrar vida propia produciendo un dolor infernal; volví a guardar las manos en los bolsillos y sigo caminando.

Tenía que atravesar un parque, cuyos caminos están empedrados. Por desgracia, las suelas de los zapatos no son tan gruesas y siento cómo cada piedra intenta atravesar las zapatillas, como si quisieran clavarse en carne. Por un momento no le di importancia, pero a medida que iba adentrándome en el parque comencé a notar dolor, de eso que uno dice: “Me cago en ****”. De repente, escucho sonidos que no provienen de los auriculares, escucho estruendos, ruidos y petardeos; “Pam!” “Boom” “PapaBam’s!” van infiltrándose en mis oídos a la vez que se mezclan con la música que tenía puesta, aunque podía distinguir perfectamente qué sonidos y cuáeles no pertenecían a la canción- como el agua y el aceite. Por cada paso que daba los sonidos se hacían más fuertes y un rato más tarde, pude ver cómo niños y no tan niños tiraban petardos por la calle con una sonrisa en la cara; parecían estar riéndose, aunque con la música puesta no lograba escuchar nada.

Ya salido del parque, pude ver mientras cruzaba los semáforos en rojo, las caras de los ocupantes de los coches: caras de estrés, de prisas y preocupación por llegar tarde; la mayoría bien vestidos para la ocasión, otros como en casa y alguno que otro, parece que de la prisa directamente salió con el pijama… con el frío que hace. Yo seguía mi camino, con la mirada perdida y apreciando lo desierta que estaba la calle, no había ni un alma, excepto yo – aunque yo, como si no tuviera alma. Pensaba que era normal, que la gente estaría en sus casas (o en la de los demás) cenando en familia y disfrutando de este día que ocurre una vez al año, celebrando la Navidad. Y es así, es un día para pasarlo bien y olvidar por un momento, las malas situaciones por las que se está pasando o el estrés diario al que esta maldita ciudad, somete a sus… ciudadanos.

Me gustaría estar con la familia entera reunida, pero no es posible; es más, el que todo el mundo esté cenando conjuntamente debería de darme envidia… pero del mismo modo me tendría que apenar y compadecer de todos aquellos que pasan estos días de Navidad solos, trabajando o lejos de sus seres queridos. Y es que, mientras mis pies avanzan casi solos, mis manos se siguen congelando y mi cara empeorando; empiezo a olfatear y captar los olores que vienen de las cocinas por donde paso… Pollo asado, pescado rebozado, alguna que otra sopa de calamares, ternera frita… Tengo hambre, pero no ganas de comer; quiero que mi paladar saboree los distintos sabores que puedan existir, esas delicias que se cocinan en ocasiones especiales, pero no puedo sino repetirme: No. Tengo que abstenerme, creerme que ahora no es la hora de comer sino aguantar unas horas más…

A dos calles de llegar a la tienda, hago un repaso mental de lo que he hecho este año… Y ahora que lo pienso, tampoco ha habido nada especial; ha sido todo muy… ¿igualado?, grandes alegrías acompañadas de grandes depresiones, nuevas amistades y el fin de otras tantas que se quedan en el olvido, ilusiones en forma de espejismos y cristales rotos por todas partes, pienso en cuánta gente he podido ayudar y a cuánta le he dado la espalda… Muchas cosas de las cuales arrepentirse y otras tantas de las que reflexionar, y como todos los años, el corazón acaba siendo el mal parado. Pero es hora de levantarse, mirar atrás y decir, sigamos adelante – chapó.

He necesitado esta dosis de entrada ‘egocentrista’, aunque siquiera sé de qué coño va esta entrada. Ha sido una especie de lluvia de ideas sin pies ni cabeza, algo que soltar así por así. Al final, conseguí llegar a la tienda, abrí la puerta y me encontré a mi madre en el mostrador y a mi padre viendo una serie en el portátil; como de costumbre. No sé por qué, volver a verles me ha sacado una sonrisa y me ha aliviado un tanto… Algo tan cotidiano que en un día como hoy, parece especial.

Tal vez no vuelva a actualizar hasta el año que viene, tal vez sí; quién sabe. Lo que sí voy a hacer es desearos a todos que paséis unas bonitas y felices Navidades – las cuales seguramente pasaré trabajando. Disfrutad de estos días, por vosotros mismos y si tenéis un huequecillo por ahí, por mí y por todas aquellas personas que en estos días no tienen a nadie con quien compartir momentos ‘mágicos’. Que Papa Noél (o Santa Claus, o el chulo-gordinflón) os traiga muchos regalos, yo en cambio, me conformo con lo de todos los años: nada.

¿Para qué sonreír más...?

¿Para qué sonreír más...?

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Es hora de volver a caminar…

3:38 A raíz de “Cielo sordo” y de “Pasar de los problemas“, toca… lamentablemente, cerrar el telón.

Creo que va siendo hora de volver a levantarse y caminar sin más, de volver a vagabundear por la vida y de buscar (como todos los demás) ese anhelo al que llaman ‘felicidad’. No pensé que pudiera acabar así, pero así ha sido…

Todo comenzó rápido… y por desgracia, acabó de la misma manera. El haber conocido a una persona de la manera que casi nadie hubiera podido imaginar antes, a través de este lugar, de este escondido lugar apartado del mundo que la gente llama ‘blog personal’. Una necesidad mutua, ella a mi, yo a ella; que se fue agrietando poco a poco a causa de la vieja bruja que llaman “distancia”. El conocerse el uno al otro supuso poner la vida del otro patas arriba, como un remolino que entra en tu habitación y la desordena por completo. De allí surgió nuestro código de números que nadie entendía, excepto nosotros dos.
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No cambia… (la gente).

Me gustaría poneros un vídeo que habré visto hace años con el que me topé ayer. Es una canción de un cantante pop chino bastante famoso, pero lo que de verdad me importa es la letra, no la canción en sí. Si tenéis un ratillo, miradlo. (Subtitulada al español).

Lo que principalmente iba a tratar en esta entrada aparte de un cierto “arrepentimiento” que ya he tratado más de una vez por estos lares, es de cómo puede (o no) cambiar la gente.
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Momento de reflexión.

Señoras y señores, estamos hoy 27 de diciembre para celebrar algo importante… que estoy constipado. Bueno, hoy tocaba al anónimo/Mr. X ser el protagonista de mi entrada… no sé cómo lo hace, escribe cosas tan ciertas y tan… reales? Que te sientes identificado con ello.

Momento de reflexión.

He intentado convencerme, he intentando redimirme, he intentado cambiar las formas, he intentado no pensar, he intentado actuar, he intentado inventar alguna nueva historia…Pero he descubierto que no hay forma de convencerme, que de tanta lluvia de cristales rotos y de momentos vacíos no hay nada.
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Porque a veces no me lo parece…

Me vuelvo a despertar… todavía son las 11 de la mañana. Sólo llevaba durmiendo 3 horas y ya no quise volver a dormirme, mejor dicho, no pude. Llevo como una semana con tos y resfriado, y me da que a no va a mejor.

Estoy encogido, “acurrucadito” con los brazos rodeando las piernas, la cabeza apoyada sobre las rodillas y con dos mantas cubriéndome del frío. Con la mirada perdida hacia delante viendo qué libros tengo “tirados” en la estantería. Ah sí, los había diferenciado según géneros; cómics y libros de literatura. Lo veo borroso… Intento adivinar qué libro era cada uno, qué contenían, de qué iban, intento recordar escenas bonitas, románticas, drásticas, graciosas… pero no puedo evitar pensar en lo mismo.
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Pobreza…./Poverty

IF U WANT ME TO TRANSLATE THIS, JUST COMMENT IT AND I WILL DO IT FOR YOU WITH MY NOT SO GOOD ENGLISH LEVEL… (CAPS LOCK)

Bueno, esta vez tras tanto tiempo sin estar por aquí vuelvo con un tema que nos concierne a todo el mundo. Es un tema que llevaba queriendo escribir desde hace mucho pero no tengo tiempo, y ahora, estando de exámenes resulta que para evitar estudiar escribo esto.
Sí, la pobreza. Ese nombre al que todos puede o no darnos miedo de caer en ella, mientras sabemos que hay gente más pobre que nosotros.

Yo lo he reflexionado varias veces… Cada vez que me pongo a pedir cosas a mis padres, (y eso de que soy de los que piden poco o nada), me centro en eso, y le doy la brasa a mis padres para que me lo compren tarde o temprano. Pero cuando salgo de mi portal de casa y voy hacia mi tienda, veo de camino al pobre hombre africano (su raza no es negra, es humana) el cual se queda en la puerta de un supermercado con un periódico en la mano y pidiendo limosna a todos los que entran y salen del mismo. Me suelo acercar varias veces para hablar con él y preguntarle cómo le va (para estar en su situación…mal). Cuando llevo algo de comida, un bocata, un sandwich o algo para comer, se lo suelo dar y yo aguantarme el hambre porque sé que el sufre mucho más que yo… Yo podría volver a casa , coger algo del frigorífico y comérmelo, él en cambio va a los cubos de basura.

Me recuerda a las personas pobres sentadas a las puertas de los rascacielos empresariales, mientras que los altos ejecutivos pasan y les tratan como si fueran un estorbo… Ambos son humanos, sin embargo, uno busca comida y refugio donde cobijarse… el otro busca dinero, fama…

Otro hecho que me hizo retroceder a la hora de comprarme cosas inútiles fue cuando mis padres  estaban en la tienda y entró un señor de unos 40-50 años , chino, a pedir no limosna sino que dijo : “por favor, me puedo quedar con ustedes? me despidieron del trabajo y me atracaron cuando dormía por la calle. No tengo nada y haría lo que fuera por un lugar en donde dormir y poder comer algo”. Según mis padres parecía que no estaba mintiendo y que no estaba por ahí pidiendo limosna si no que lo que contaba parecía ser verdad, juzgando por el aspecto que tenía…

Así es la vida… El dinero mueve el mundo